Entornos competitivos

Los edificios inteligentes plantean no sólo ahorro de energía. Se erigen como inmuebles funcionale
Marisela López Mandujano

Los requerimientos de una mayor competitividad que caracterizan a las empresas de la economía global y digitalizada, han alcanzado incluso a los inmuebles de trabajo. Oficinas, instalaciones, almacenes, bodegas y demás espacios necesitarán una integración continua de las nuevas tecnologías que faciliten a sus habitantes las condiciones básicas de clima y funcionalidad óptimos, con miras a incrementar su eficiencia y a la vez ahorrar recursos como espacio, energía y agua.

- “Los edificios inteligentes se plantean como esa posibilidad y simultáneamente como entornos competitivos para las empresas que quieran destacar en este mundo global”, señala Xóchitl Gálvez Ruiz, directora general y fundadora de High Tech Services, firma consultora especializada en proyectos de sistemas de automatización, seguridad y telecomunicaciones.

- Para Gálvez, un edificio inteligente debe contar con la flexibilidad necesaria para integrar a lo largo de su vida útil las nuevas tecnologías de la información y telecomunicaciones, así como bajar sus costos de operación y mantenimiento. También debe crear un ambiente de trabajo seguro, confortable y ecológico, traduciéndose en el incremento de la productividad de sus ocupantes.

- “Un edificio dura alrededor de 100 años, por lo cual su flexibilidad es fundamental ya que a lo largo de su vida útil es posible integrarle nuevas tecnologías. Ello plantea que el inmueble cuente desde sus orígenes con los suficientes espacios para ubicar nuevas funcionalidades que se requieran con el tiempo”, afirma la empresaria.

- Asimismo, explica, la automatización del edificio se refiere a tener un sistema de monitoreo y control de todos aquellos equipos internos del edificio que pueden representar un riesgo; una fuga de gas, por ejemplo, puede ser fatal para el edificio. Todo esto, señala Xóchitl, está enfocado al cuidado de las personas y a la productividad.

Inteligencia para competir
“El concepto de edificios inteligentes surge en Japón como respuesta a una necesidad de ser más productivos, de competir” –precisa Gálvez–. Fue evidente que la mayoría de las construcciones existentes en ese país no estaban diseñadas para integrar las nuevas tecnologías, razón por la cual los arquitectos japoneses decidieron derrumbarlos y construir nuevos inmuebles pero con una mejor planeación, pensando a futuro y en las nuevas tecnologías de la información.” - Bajo esta óptica, las nuevas construcciones cuentan con sistemas de redundancia en todos sus sistemas y redes que les permiten estar en línea de manera permanente. “La confiabilidad de los sistemas tiene que ver mucho con tener sistemas inteligentes de monitoreo y control que avisan sobre problemas latentes y facilitan  tomar decisiones en tiempos oportunos. Esto implica que los gastos de operación y mantenimiento se reduzcan, porque se pueden predecir fallas y esto se convierte en un mantenimiento preventivo en lugar de correctivo”, expresa la directiva.

- El ahorro de recursos como agua o energía son factores clave en los edificios inteligentes. “Muchos de los sistemas son diseñados actualmente para que sean eficientes en el ahorro de la energía, en la utilización de la luz natural y el manejo de sistemas de iluminación por horario o con sensores de presencia que ayuden a reducir el consumo de energía eléctrica”, expresa Gálvez.

- Asimismo, agrega, “al tener orientaciones adecuadas se logra una menor incidencia de calor, y en consecuencia menos sistemas de aire acondicionado, además de una adecuada utilización del agua pluvial para servicios del edificio, aprovechando así que el agua potable se emplee sólo para consumo humano”.

- Las condiciones del entorno urbano influyen en cuanto al impacto ecológico de los edificios inteligentes, conceptos que no son excluyentes pero tampoco inseparables.

- Añade que la planeación de edificios inteligentes implica el trabajo conjunto de ingenieros y arquitectos. Ejemplos de los resultados de esta sinergia se hallan en la adecuada orientación de los inmuebles para aprovechar el terreno protector, la iluminación natural, la vegetación y los paisajes naturales. “Con cambiar la orientación de un edificio se puede ahorrar 25% en el consumo de energía”, afirma esta mujer que recientemente fue reconocida como una de los líderes del futuro en la cumbre económica de Davos, Suiza.

Una inversión inteligente
Y justamente al referirse a las inversiones, Xóchitl Gálvez comenta que se calcula que el costo inicial de un edificio inteligente es sólo 15% de su valor total a lo largo de 50 años, “si se invierten $15 millones de dólares en el edificio, se gastarán $85 millones en su operación, mantenimiento y adecuaciones durante los próximos 50 años. Sería interesante que la inversión inicial fuera un poco más alta y eso es lo que hacen en Estados Unidos: edificios mejor planeados inicialmente, lo que a la larga provoca una disminución de los costos de mantenimiento y operación. Ese sería el enfoque”. - Ante estas cifras advierte “la gente se debe de asustar si no tiene un edificio inteligente. ¿Cuánto les va a costar no tener un edificio inteligente, sería mi pregunta? Creo que el mundo no se cuestiona si son viables o no, hoy se ha demostrado su gran potencial. ¿Por qué las empresas del primer mundo llegan a ellos en México? Porque saben la importancia que tiene sobre la productividad de sus empleados, de tener un sistema de seguridad  en México, tener las telecomunicaciones adecuadas para hacer negocios; hay que tener las herramientas para competir con el mundo”.

Servicios compartidos
La directora de High Tech Services recomienda que entre los muchos elementos involucrados en un edificio inteligente, debe contarse con una central telefónica propia para todos los servicios, con sistemas de acceso a internet, con comunicación vía satélite, vía microondas y acceso a los principales carriers de México, además de contemplar la infraestructura que soporte los desarrollos futuros en materia de telecomunicaciones. - Esta infraestructura puede ser compartida al igual que otros servicios, como un centro de mensajería, un centro de fotocopiado, incluso servicios propios para los empleados, como una guardería o renta de computadoras, ya que “se piensa que cada vez más las empresas  tendrán que enfocarse a su especialidad”.

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- Por otro lado, y al hacer una comparación entre México y Japón para saber si aquí también es viable destruir edificios en lugar de remodelarlos, Gálvez analiza: “En Japón, el terreno es valiosísimo. La perspectiva del terreno allá justifica cualquier destrucción de un inmueble que no les parezca, porque el valor del terreno es mayor. Allá el valor del terreno es muy importante. En México se está entrando a un mercado de reciclaje de edificios; muchos inversionistas están entendiendo que esos inmuebles sin aire acondicionado están fuera, porque el uso intensivo de computadoras ha hecho que el clima sea algo importante”, puntualiza.

- Un caso que ilustra lo anterior es el World Trade Center. “Hubiera sido más barato tirarlo y hacer uno nuevo, que todo el dinero que se metió y al final no pudo quedar con los requisitos adecuados; es la realidad de ese edificio, pero es un edificio razonablemente bien hecho, donde hay oficinas de cierta calidad, con los servicios de telecomunicaciones para competir, un sistema de aire acondicionado que funciona bien, los sistemas de seguridad también, entonces es un claro ejemplo del reciclaje de inmuebles. No quiere decir inteligente, en absoluto, pero sí con un buen grado de inteligencia.”

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