Error de sistema

Aun con más incentivos, no llegará a sus metas por falta de crecimiento económico.
Leopoldo Eggers

Cabildeó legislador por legislador la aprobación de la Ley de Ciencia y Tecnología y la nueva Ley Orgánica para el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Ese trabajo de hormiga que realizó Jaime Parada Ávila, director general del organismo, hizo posible que, hasta ahora, esas sean las únicas reformas estructurales del sexenio.

- Pero a falta de una reforma fiscal y de condiciones económicas óptimas, deberá reducir a la mitad las metas de su gestión. Para 2006 se tenía planeado que el gasto en investigación y desarrollo del país captara 1% del PIB. En cambio, se prevé que en seis años ese gasto haya crecido apenas de 0.4 a 0.5% respecto del PIB anual.

- De todos modos, Parada no reduce la velocidad. El Congreso le duplicó el presupuesto para estímulos fiscales de este año. Eso desencadenaría mayores inversiones por parte de las empresas. “Antes, aportaban sólo 20% del gasto total en investigación y desarrollo del país, el resto lo ponía el sector público; para 2006 queremos que aporten el doble”, advierte el director de Conacyt. Y ejemplifica con un modelo: “en países en desarrollo como Corea del Sur, el sector privado se hace cargo de 70% del gasto”.

- En tres años, la entidad que preside apoyó 2,200 proyectos privados otorgando estímulos fiscales por un total de $1,400 millones de pesos (con recursos del Conacyt y de los gobiernos federal y estatales).

- Proveniente del sector privado (consultor y director de tecnología de los grupos Vitro y Cydsa), cambió el perfil tradicional de academia. “Antes había una noción de ciencia académica sin aplicación práctica”, dice Enrique Martínez, directivo de Gestoría Empresarial, una consultora que vincula a empresas, proyectos y recursos desde 1998. Claro, la entidad dependía de la Secretaría de Educación Pública. Ahora reporta directamente a Presidencia y quien delinea las estrategias generales y aprueba su presupuesto es un consejo integrado por nueve secretarías de Estado, el Presidente de la república y representantes de la ciencia, la tecnología y las empresas.

- Los cimientos ya están puestos. Pero ya pasó la mitad del sexenio. En tres años deberá consolidar el giro estructural. Y lograr desmitificar la idea de que la ciencia y la innovación son una quimera a la que sólo las grandes empresas pueden llegar.

- Se tildó a la entidad del sexenio pasado de demasiado académica. ¿Un ejemplo concreto del giro que ha dado?
Además de evaluar el grado de innovación del proyecto, este año agregamos otro criterio: priorizamos los proyectos vinculados con centros de investigación y universidades. De los trabajos presentados, 25% tienen este tipo de vinculación. Queremos que llegue a 60%.

- El número de proyectos aprobados se triplicó desde 2001, ¿se hará una apuesta mayor?
Sí, de hecho el Congreso nos duplicó el presupuesto de este año, pasamos de $500 a $1,000 millones de pesos. Esos recursos podrían potenciar un mayor gasto privado de entre unos $10,000 y $12,000 millones de pesos anuales.

- ¿Qué resultados concretos se obtuvieron con el incentivo fiscal?
Las variables macro están bajo control. Hay que entrarle al mundo de la micro e incentivar con instrumentos novedosos la creación de negocios nuevos. Para estimular el gasto en el rubro aportamos 30% de lo que invierten anualmente las empresas. En los últimos tres años se destinaron $500 millones de pesos anuales. Esto ha generado una participación creciente de las firmas. El gasto ejecutado por 500 empresas era de $5,000 millones de pesos, el año pasado ya eran 700 compañías que destinaron $8,300 millones de pesos.

- ¿Cuál es el máximo de incentivo al que puede aspirar una empresa?
La relación entre incentivo y gasto total de las compañías es de uno a cinco. Lo mejor es que cuando se estimula la inversión tecnológica, detrás llega la inversión en manufactura.

- ¿Cuál es la relación óptima entre innovación y ventas en una empresa?
La rotación de productos es cada vez más vertiginosa, porque los mercados hoy se ganan con productos nuevos y mejorados. A dos años de su lanzamiento, las nuevas manufacturas de una empresa de escala mundial aportan entre 20 y 30% de sus ventas. La pregunta que deben hacerse los empresarios locales es cuáles son los productos novedosos y cuánto representan de sus ventas. Si la cifra es baja deben empezar a preocuparse.

- ¿Cree que el empresario mexicano está preparado para enfrentar este escenario?
Deberá aprender a administrar la innovación, a gestionar equipos de profesionales competentes y a invertir en capital intelectual, no sólo a construir o comprar una máquina. Además, deberá aprender que las innovaciones tienen que convertirse en patentes. Éstas se deberían atesorar como un activo más de las compañías. Las que no empiecen a hacerlo van a desaparecer.

- El retorno de la inversión es lento y eso desalienta a muchos empresarios, más aún con dificultades económicas sucesivas.
Cuando [yo] estaba en el sector privado, la regla de retorno era de entre cinco y ocho veces más que la inversión inicial. Los equipos de investigación tardan en consolidarse y se pueden destruir fácilmente. Liquidarlos es uno de los terribles errores que cometen los hombres de negocios angustiados por el flujo de efectivo. Las firmas no se mueren de infarto sino de cáncer: abandonan la innovación, pierden margen, flujo de dinero, no cumplen con sus deudas y entran en espirales de deterioro y quiebra incontrolables.

- Entonces ¿cuál es la visión estratégica de desarrollo de país del Conacyt?
Es abocarnos hacia los productos de nicho y de valor agregado. La industria manufacturera por ejemplo, está concentrada en productos básicos.

- En lugar de espantarnos del fenómeno chino hay que ver qué les vendemos a ellos y echar a andar el desarrollo de nuevos productos. No podemos seguir con los nuestros, viejitos,  obsoletos y con los mismos clientes.

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