España. Tímido entusiasmo

Lo más atractivo para los capitales iberos es asociarse a compañías locales en el mercado mexican
Elia Parra D.

El acuerdo firmado entre la Unión Europea (UE) y México en marzo pasado no parece animar demasiado a los españoles respecto al comercio exterior pero, en cambio, despierta mayor interés para invertir sus capitales en este país latinoamericano, según las primeras impresiones causadas por el tratado entre los empresarios. El intercambio comercial de España con la economía mexicana está casi estancado –creció apenas 1.5% anual de 1990 a la fecha–, mientras que sus inversiones directas vienen con un fuerte impulso –aumentaron de $55 millones de dólares en 1995 a más de $260 millones en sólo tres años–.

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Las opiniones de los hispanos divergen en cuanto a los beneficios que les reportará el tratado de libre comercio de México con la Unión Europea. Algunos agricultores intuyen una amenaza para sus productos en el mercado local, frente a la visión más optimista de los voceros oficiales, que ven la posibilidad de multiplicar las exportaciones a ese país en el próximo decenio.

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Sin embargo, existe una percepción muy extendida de que el convenio será un excelente trampolín para acceder tanto al mercado estadounidense como a los mercados latinoamericanos con los que México mantiene acuerdos. Por otro lado, se cree que esta última nación saldrá beneficiada, siempre que decida diversificar su quehacer económico pues, según los empresarios, hasta ahora México ha estado excesivamente focalizado hacia Estados Unidos.

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De acuerdo con el Instituto de Comercio Exterior (Icex) y las Cámaras de Comercio, Industria y Navegación (Cámaras) –principal entidad empresarial de este país–, el convenio agilizará el flujo comercial entre ambas naciones, pero el plato fuerte serán las inversiones directas, que crecerán gradualmente en la República Mexicana. No obstante, advierten que las más estratégicas sólo se concretarán si el gobierno de este país reduce la protección de las áreas a donde se dirigirían.

Sólida presencia -

A pesar de la pérdida de dinamismo, los españoles continúan siendo un socio comercial relevante para la economía mexicana. Para ésta, España es el cuarto país en importancia como destino de sus exportaciones, luego de Estados Unidos, Canadá y Alemania; en las importaciones, es el décimo mayor abastecedor. Para los europeos, México ocupa los puestos 10 y 26, como cliente y proveedor respectivamente.

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Datos del Icex, de 1998, valoran el comercio bilateral en $2,066 millones de dólares. De estos, $1,170 millones corresponden a las ventas de España, situando a México como el tercer importador de productos españoles en Latinoamérica, después de Argentina y Brasil, mientras que la diferencia –$896 millones– corresponde a sus compras. La estructura de las exportaciones mexicanas se ha modificado: en 1994 el petróleo y sus derivados representaban 80% de sus ventas a España, pero a septiembre de 1999 significaron 58%. Los otros nueve productos más importantes que exporta México, en orden de relevancia, son: motores, garbanzos, partes y accesorios de maquinaria, ácido carboxílico, cerveza, atunes aleta amarilla, muebles de madera, ácido tereftálico y productos laminados de hierro.

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En las ventas españolas destacan los bienes de consumo (35%), bienes intermedios y materias primas para la industria (33%) y maquinaria y equipos (poco más de 30%). Entre los productos exportados sobresalen los libros, componentes y accesorios para automóviles, coches de turismo, máquinas y aparatos mecánicos, baldosas y revestimientos cerámicos, máquinas para forjar o estampar, material eléctrico (transformadores) y algunos químicos.

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Respecto de las inversiones, España es el miembro de la UE con presencia en mayor cantidad de empresas mexicanas, cerca de 1,000, y su monto de capitales aportado entre enero de 1994 y septiembre de 1999 es el cuarto en importancia de la región ($882 millones de dólares), luego de los Países Bajos, el Reino Unido y Alemania.

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Pese al incremento de los capitales españoles en México, este país ocupó el quinto lugar como destino en América Latina y representó sólo 1.7% del total invertido en el exterior por la nación peninsular durante 1998. A su vez, de las inversiones realizadas por las pequeñas y medianas empresas (PYMES) españolas fuera de su país, 5.6% se dirigen a esta nación.

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Banca y turismo son los principales destinos de las inversiones hispanas. La filial del Banco Bilbao Vizcaya-Argentaria (BBVA) podría convertirse en la primer institución financiera de México si se queda con Bancomer, y Banco Santander Central Hispano (BSCH) ya es la tercera, luego de ganar la licitación de compra de Serfin. En la actividad turística, los españoles operan 25 hoteles a lo largo de la república y sólo tres de ellos han invertido $1,000 millones de dólares en los últimos cinco años. Pero no se han quedado cruzados de brazos en otras áreas: junto a otros socios extranjeros, la compañía Cintra, filial de la española Ferrovial, gestiona los nueve aeropuertos del Grupo Sureste de México; Aena, los del Grupo Aeroportuario del Pacífico, y las energéticas Unión Fenosa, Repsol, Gas Natural e Hidrocantábrico han invertido en empresas mixtas para explotar y operar servicios públicos de electricidad y gas mexicanos.

Anzuelos tentadores -

Como uno de los beneficios del tratado, Ramón Botas, consejero comercial de la embajada española, opina que las exportaciones de España a México podrían incluso triplicarse en los próximos 10 años, gracias al descenso gradual de los aranceles. Advierte el desequilibrio existente hasta ahora entre la UE y México: “Mientras el arancel promedio por las exportaciones industriales mexicanas al conglomerado es sólo de 1.2% y dos tercios acceden con arancel cero, al revés deben pagarse aranceles superiores a 16%.”

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Angel Prieto, director de la consultora española P&A –con oficinas en México–, señala el rezago hispano en el intercambio de bienes hacia los países de la región: “Bélgica comercia con América Latina 350% de lo que lo hace España, Holanda 450%, y ambas naciones cuentan con una población mucho más pequeña que la nuestra.”

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Las inversiones, por su parte, mantendrán un crecimiento sostenido. Para Javier Serrano, vocero de la Asociación Española de Fabricantes Exportadores de Maquinaria para Construcción, Obras Públicas y Minería (ANMOPYC), conviene invertir en México porque “es una excelente plataforma de exportación hacia otros países con los que éste mantiene convenios y porque existe una mayor disposición del empresariado mexicano –consciente de su descapitalización y estancamiento tecnológico–, a aliarse con socios extranjeros”.

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Además de los sectores donde el capital español ya tiene una sólida presencia, existen otros en los que aún falta camino por recorrer, como los de energía eléctrica, petróleo y sus derivados, transporte y distribución de energéticos. “Pero afianzarse allí ya no depende de este acuerdo, sino de políticas de desprotección por parte de las autoridades mexicanas”, manifiesta Antonio Guerra, encargado de Relaciones Internacionales de Cámaras.

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Guerra señala, asimismo, otras áreas en las cuales se preparan a entrar, como las industrias agroalimentaria, maquiladora y de autopartes, el sector turístico y el pesquero, porque considera que aún presentan espacios para explorar, y además tienen demandas de infraestructura, capital y/o tecnología. Según él, el organismo empresarial Cámaras y la embajada mexicana en Madrid facilitan encuentros de empresarios españoles y mexicanos para que realicen alianzas en “potenciales áreas turísticas no tradicionales, como Baja California Sur, por ejemplo” y en el sector pesquero, “con un potencial enorme y necesidades de inversión y de transferencia de tecnologías y de know how en temas técnicos”.

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El funcionario opina que la industria maquiladora es un sector prácticamente “entregado” a los inversionistas estadounidenses, en el que “debe haber no más de tres empresas españolas” y donde hay “un potencial inmenso, con muchísima demanda, cuya oferta, si es estrictamente mexicana, no puede satisfacerse.” Por ello, ambas entidades están organizando una delegación de empresarios, quienes, junto a sus homónimos mexicanos, visitarán Tijuana, Chihuahua y Tamaulipas para analizar posibles inversiones conjuntas. La industria de autopartes, “donde ya se han probado con éxito muchas multinacionales europeas”, también le parece un buen anzuelo.

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Según un documento de Icex, México es una excelente posibilidad para las pymes españolas, aunque éstas lo ven principalmente como un mercado comprador. Sin embargo, ahí se señala que “una estrategia ganadora es sin duda invertir para exportar”.

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Botas, el consejero comercial de la embajada hispana en México, observa que el enorme potencial exportador de este país depende de insumos y bienes intermedios importados, “por lo que el suministro de ellos a las grandes exportadoras mexicanas es una importante oportunidad de mercado”.

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Otra opción igualmente alentadora, según él, es constituir empresas mixtas para atacar desde allí los mercados de Estados Unidos, Canadá y el resto de los países de América con los que México mantiene convenios. ANMOPYC añade la posibilidad de tener acceso a concesiones, “que suponen inversiones orientadas a ejecutar y operar obras públicas por un dilatado periodo”.

Situación privilegiada -

México también se beneficia con este acuerdo, “sobre todo si cambia su mentalidad”, opina Guerra, quien constata que ahora ese país es el único que mantiene convenios con las dos potencias económicas más grandes del mundo, Estados Unidos y la Unión Europea, y que debe aprovechar su situación privilegiada (Israel también tiene acuerdos con ambas, pero son más políticos que comerciales, puntualiza).

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Cree que la escasa presencia de empresas y productos mexicanos en este lado del “Gran Charco” no tiene que ver con las políticas económicas ni con los aranceles de la UE, sino con que “aún no perciben a esta región como un mercado interesante y están excesivamente focalizadas en Estados Unidos”. Este convenio, “que sí beneficiará, por ejemplo, la entrada acá de sus productos agroindustriales”, debe ir acompañado de apoyo a las empresas nacionales por parte del gobierno, para que puedan instalarse, porque “éstas no vendrán por su propia cuenta y riesgo”. Guerra considera que, aun cuando los costos de fabricación en la UE son más altos (“y por ello el Grupo Modelo sigue fabricando en México, aunque sus productos llegan a casi toda Europa”), las grandes empresas mexicanas podrían asociarse con compañías locales y llegar al resto del mercado europeo con costos más bajos de transporte.

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Prieto, de la consultora española P&A, es aún más optimista. Cree que en España la mano de obra calificada es igual o incluso más barata que en México y que el costo de instalación y de maquinaria es similar en ambos países. Para él, las grandes empresas mexicanas no deben perder de vista la oportunidad, porque “podrían llegar a un mercado que tiene una renta media muy superior a la mexicana”.

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