Está en chino

La obsesión de moda en México se llama China.
Javier Martínez Staines*

En las últimas semanas un amigo muy querido ha invertido algo de su tiempo en buscar escuelas primarias y secundarias en México donde se enseñe el chino. ¡Y no encontró ninguna!

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No es que ese amigo sea un personaje ocioso que, de repente, se volvió un freak de aquella cultura milenaria. Confieso que el muchacho sí es de un temperamento proclive a las obsesiones cíclicas, pero la verdad es que tiene bastante sustentado eso de buscar con tanto ahínco el aprendizaje de este idioma para sus hijos, ya que está seguro de que China será en breve la gran potencia mundial.

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Por lo pronto, su fijación parece ser compartida por un montón de gente. Tanto, que hasta Newsweek publicó recientemente un largo reportaje sobre la obsesión mexicana por el gigante asiático. De alguna manera, aunque ciertamente mucho más torpe, México se ha pretendido transformar en la China de América Latina: ambos países están entre las 10 potencias comerciales del mundo, ambos pagan sueldos ridículos a sus trabajadores y ambos apostaron a la maquila. Pero ocurre que China ha ganado la carrera en todo. Y parece irremediable que la nada silenciosa invasión de productos del Lejano Oriente ya sea la tumba masiva de muchos artículos nacionales.

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Nada nuevo bajo el sol, a fin de cuentas, si se considera que esta conversación de “aguas con los chinos” está presente desde hace casi dos décadas, cuando México decidió abrir sus puertas de par en par al comercio mundial. La cuestión es que China (que sólo exporta 21% de su comercio internacional a Estados Unidos) es un nuevo problema para una nación especializada en la creación de problemas (y que, valga el dato, destina 90% de sus exportaciones al vecino del norte).

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Según mi amigo, ni hablar, prepararse para esta circunstancia –la hegemonía china– implica poner a sus hijos a aprender mandarín lo más pronto posible. Y como le caen gordos los gringos y nunca quiso aprender inglés, está fascinado con la idea, ya que presiente que ahora todo se enfocará hacia el legendario país asiático. Lo que habría que explicarle (a mí no me quiere escuchar porque dice que lo regaño mucho) es que, si eso pasa, serán sus nietos o bisnietos quienes lo vivan. En lo único que tiene toda la razón es en que, si todo sigue como va, México seguirá siendo un monumento a la dependencia.

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*El autor es director editorial de Grupo Expansión y no habla chino. Quejas y reclamaciones a jstaines@expansion.com.mx

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