Estas ruinas que ves

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Al borde de la ruina, la industria de la construcción vive una etapa más que difícil. El pan de cada día de esta actividad tan sensible a los vaivenes de la economía es: recortes de personal, drástica disminución de utilidades y la lucha por la sobrevivencia. Tan sólo en el primer trimestre del año, la actividad sufrió una caída de 7.3% en su PIB y perdió 53,000 plazas de trabajo. Más: se calcula que están paralizadas 50% de las empresas afiliadas a la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción. Lo grave del asunto es que si ya 1994 fue un año verdaderamente dramático para la actividad, éste es sencillamente peor.

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En reconocimiento de este problema, el presidente Ernesto Zedillo ha dicho que la industria de la construcción se convertirá en punta de lanza entre los planes para combatir la actual emergencia económica, debido principalmente al arrastre que tiene sobre el resto de la economía. Sabido es que utiliza insumos provenientes de al menos 47 ramas industriales y posee un efecto multiplicador de la inversión. Asimismo, es intensiva en mano de obra, contribuye a resolver la demanda de viviendas e infraestructura, además de que el nuevo modelo exportador requiere una infraestructura de transporte (carreteras, puertos, vías férreas, aeropuertos) mucho más eficiente que la actual. ¿Serán buenas noticias para los micro, pequeños y medianos empresarios de la construcción?

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En la página 26 da inicio nuestro Artículo de Portada, con una serie de reportajes y entrevistas sobre una actividad que lucha por permanecer en pie y que se niega a quedar en la ruina.

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Cuando se habla de construcción, puede hablarse también del mercado inmobiliario, sector cuyos males no cesan pero son fuente de oportunidades. A partir de la página 38 se publica el documentado Informe Especial sobre bienes raíces, actividad que desde fines de 1994 se ha contraído 70%. También aquí reina el desempleo, cuyo saldo puede incrementarse aún más, en caso de no generarse la construcción de nuevas obras.

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El lugar común reza que los tiempos de crisis lo son también de oportunidades, de modo que para quienes tienen liquidez y no requieren créditos, éste es momento de comprar. En cambio, mientras llegan tiempos mejores para miles de mexicanos la opción sigue siendo rentar. Para los que construyen, el ingenio es su principal recurso a fin de crear sus propios esquemas de financiamiento. Afinando las estrategias de sobrevivencia, constructores y promotores tratan de sacudirse los estragos de los vaivenes financieros. ¿Cómo? Creando sus propios sistemas de autofinanciamiento inmobiliario, asociándose estratégicamente con empresas multinacionales y lanzándose a buscar créditos extranjeros para no limitarse a las promesas de inyección de capital que hacen los bancos nacionales. Hasta ahí las malas noticias. Ahora, el lado positivo: en 1996 podrían revaluarse los bienes inmuebles -en particular las casas- entre 20 y 45%. ¿Qué tal?

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