Estilo empresarial

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Andrés Piedragil Gálvez

En la historia de portada de la edición número 394 de Expansión (julio 4 de 1984), Ana Fusoni, editora de una publicación llamada Notimoda, afirmaba que “el hombre es más vanidoso que la mujer. Ellos están dispuestos al cambio, pero hasta hace poco no había nada que ofrecerles. La mercadotecnia se dio cuenta de que había un campo no explotado y se puso a trabajar en esa necesidad del varón: su vanidad.” Detrás de la explotación del ego masculino había una estrategia de emergencia. El sector textil y de la confección estaba viviendo un momento crítico: consumo interno devastado por la crisis de 1982; limitada participación en los mercados internacionales; escasez en materias primas; conflictos laborales y deudas con proveedores de maquinaria.

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De ahí la necesidad de buscar nuevos consumidores potenciales.

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A 19 años de distancia, la moda masculina gana terreno y ya consolidó un nicho de negocios relevante. Lamentablemente, lo único que permanece sin cambios notables es la situación de la industria textil y de la confección. Incluso las firmas del ramo ahora sufren los embates de otra epidemia: la proliferación de copias ilegales -que, según instancias oficiales, registran ventas calculadas en $9,800 millones de dólares-, el enorme crecimiento del mercado de ropa pirata.

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A veces los años van y vienen, y todo permanece prácticamente igual.

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