Estrategias

El sector industrial padeció la apertura y la crisis. Mientras unos piensan en sobrevivir, Alfa tie

Hace cuatro años nadie daba un peso por el Grupo Alfa. Las páginas de esta revista no ahorraron tinta en comentar la elevada  deuda de Hylsamex y su efecto de losa sobre ese anacrónico conglomerado que reunía acero, jamones y lycra en un mismo portafolio. Su presidente ejecutivo Dionisio Garza tenía cada cierto tiempo la ocurrencia, incomprensible para algunos, de comprar plantas de autopartes en Europa del Este, de asociarse con el productor de lácteos Yoplait o de invertir en plantas de petroquímica de Estados Unidos. Por si esto fuera poco, se atrevía a criticar el inmovilismo legislativo y los precios de los energéticos. “Qué mejore su operación primero”, le replicaban.

- Después de recibir $1,050 millones de dólares por la venta de la participación de Alfa en la  acerera Hylsamex y la venezolana Sidor al grupo argentino-italiano Techint, el tiempo le dio la razón a Garza: todo lo que toca fondo vuelve a levantarse. Así pasó con los precios del acero, sumidos en el pozo cuando Alfa quiso reestructurar su deuda a finales de los 90. El crecimiento de la economía global hizo de Hylsa una compañía altamente rentable. ¿Por qué vender, entonces? Garza explica que en el proceso de consolidación de la industria siderúrgica mundial, Hylsa no tenía futuro. La venta a un precio alto, pero ajustado a mercado –la oferta de Imsa se quedó 5% por debajo– es la opción que más se ceñía a la estrategia definida por la compañía.

- Lo sorprendente es el giro que ha dado Alfa en la última década bajo el mando del último heredero del grupo Monterrey, que lleva el apellido de sus fundadores. Sin sentimentalismos, defiende, cada día con mayor aceptación, que Alfa es hoy una empresa no cíclica, pequeña, centrada en nichos de alto valor agregado.

- Sigma, el grupo alimenticio de Alfa, que Garza dirigió entre 1990 y 1994, mantiene un crecimiento sostenido y ha logrado unos márgenes elevados dentro de este segmento. Los mexicanos de Estados Unidos, donde marcas como Fud tienen un alto reconocimiento, son su mercado natural. En autopartes, Nemak se encuentra con el desafío no resuelto de convertirse en proveedor de cabezales de motor de aluminio a la arrolladora industria automotriz japonesa. Con todo, la diversificación de la compañía y su presencia en Europa del Este le han abierto las puertas de la industria alemana y francesa. En petroquímica, pese al crecimiento de los costos de los insumos, se ha centrado en nichos de alto valor agregado. En conjunto, la compañía desprendida de Hylsa tiene hoy ventas superiores a las que tenía hace una década, y su flujo operativo mejora año con año.

- En este panorama, ¿qué hacer con los $1,050 millones? Garza titubea, explora, y apunta a nichos de crecimiento de mediano plazo. Algunos analistas consideran que debería dar dividendos para no arriesgar el dinero de los accionistas. Otros esperan a una decisión en línea con la habilidad estratégica demostrada en esta década.  En todo caso, habrá que seguir la pista al dirigente que está cambiando la mentalidad conservadora de los grupos industriales mexicanos. Pensar “fuera de la caja”, como dice la expresión inglesa, puede convertirse en la solución a nuestro sector.

- ¿Elecciones caras?
La inversión hecha por México en sus procesos electorales, en el establecimiento de un desarrollo electoral limpio, en la elaboración de credenciales de elector –el documento de identificación que utiliza la mayoría de los mexicanos, un costo que en otros países recae en las autoridades policiales– y en el financiamiento de los partidos es una de las más rentables de su historia. Con todo, Luis Carlos Ugalde, consejero presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), afirma en entrevista los caminos para reducir su costo. La reforma propuesta a la ley de financiamiento de los partidos políticos en 2004 no salió adelante, pero es exigible que en 2007 pueda lograrse.

- Ugalde, que consiguió moderar la hostilidad con la que lo recibió el Partido de la Revolución Democrática (PRD), ha adoptado un papel de defensa de la institución que preside como una garantía de que las elecciones serán técnicamente impecables. El resto, dice Ugalde, –un proceso que no ponga en riesgo la credibilidad– queda en manos de los partidos políticos, los medios de comunicación y el Congreso. Una reflexión válida que exigirá compromiso de cada quien para garantizar los cimientos del mayor logro de nuestra democracia en la última década.

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