Estrella negra

En los últimos meses la firma Estrella Blanca ha oscurecido el panorama empresarial mexicano, con e
Carlos Mota

México es un país carretero. Más de 90% del transporte de pasajeros del país se realiza en autobuses. Los trenes dejaron de ser una opción para individuos y las líneas aéreas apenas movilizan a la fracción de gente con un nivel de ingreso medio y alto. En el país existen aproximadamente 50,000 autobuses legales de transporte de pasajeros. Otros 50,000 completan la oferta, estos últimos con categoría de piratas.

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La mayor empresa de autobuses de transporte es Estrella Blanca, y así como es grande, así también se volvió tristemente célebre.

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En los últimos meses, la firma ha ennegrecido el panorama empresarial mexicano, dando el peor ejemplo de gobierno corporativo este año.

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El origen del problema es intrincado e involucra un pasado desafortunado en el que tuvo que ser rescatada con dinero del Fobaproa. Recientemente su descalabro fue mayúsculo, cuando 1,240 socios minoritarios enfrentaron jurídicamente a los que controlan el Consejo de Administración. ¿La razón de este conflicto? Los inconformes solicitan que les sea repartida la utilidad de cada uno de sus autobuses que siguen operando, mientras los accionistas mayoritarios, encabezados por Salvador Sánchez Alcántara, niegan ese reparto.

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La empresa está dividida y, en las últimas semanas, al borde del colapso interno. Una marcha de los inconformes en Guadalajara –paralela a la Cumbre de jefes de Estado y de gobierno de Europa y Latinoamérica– terminó con puñetazos e insultos.

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Es una terrible historia en la que el fundamento de la división se halla en la estructura misma con que fue concebida la firma. Es obsoleto el modelo accionario con que opera, pues los minoritarios (conocidos como hombres-camión) esperan el reparto de un dividendo por su inversión inicial en el autobús y su cuota de inscripción. Por su parte, el ente en su conjunto, la sociedad anónima, tiene que responder por su endeudamiento antes que por los intereses de los accionistas.

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Debe reconocerse que la estructura de hombres-camión ayudó a las empresas de transporte a crecer durante las últimas dos décadas del siglo anterior. Pero los incentivos que genera son perversos, pues promete una expectativa de rentabilidad para cada inversionista sobre la que no es factible garantizar su cumplimiento. Es un modelo de negocio muy imperfecto, que oculta las responsabilidades de los accionistas como conjunto pero atrae numerosos advenedizos cuando la industria está en bonanza. De ahí los problemas que ahora vive Estrella Blanca.

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Pero si en adición se consideran la falta de transparencia organizacional y la violencia manifiesta en asambleas de accionistas convocadas desaseadamente, se encuentra uno con la pura y llana realidad corporativa de las empresas medianas mexicanas.

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De esta manera, Estrella Blanca es el vivo ejemplo de lo que no queremos construir como paradigma de los negocios nacionales. El caso deberá ser estudiado en escuelas de negocios a lo largo y ancho del país, porque si no aprendemos de modelos erróneamente definidos estaremos condenados a repetir su perversidad y quedaremos abatidos ante la competencia global.

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* El autor es columnista de negocios.
Comentarios: motacarlos@aol.com

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