EU-México: Sin posibilidad de divorcio

Bush podría abrazar una propuesta de empresarios de ambos países para abrir las fronteras.
Rossana Fuentes-Berain

La reelección de George W. Bush no es el fin del mundo pero, a juzgar por la reacción de muchos mexicanos, pareciera serlo. John Kerry era el candidato favorito en el extranjero, cierto, pero los extranjeros no votamos. A Bush lo eligió una amplia mayoría de los ciudadanos estadounidenses, que le han dado un mandato claro para seguir protegiéndolos del terrorismo internacional a través de una política de guerra y de ataques preventivos.

- No importa si desde fuera de su país se piensa que ese no es el camino y que Estados Unidos es más vulnerables ahora al terrorismo que antes de las guerras en Afganistán y en Irak.

- Bush es el ganador de la contienda que si bien puso de manifiesto lo arcaico del sistema electoral estadounidense, dio un resultado que nadie disputa.

- Con ese habitante de la Casa Blanca tendrá que tratar el mundo. La vertiente religiosa del Jefe del Poder Ejecutivo de Estados Unidos no lo inclina a la flexibilidad. Dentro de sus certezas morales absolutas está el que México, el presidente Vicente Fox, le falló cuando más lo necesitaba, cuando iba a la guerra de Irak. Las malas noticias son que el presidente Bush hará poco para ayudar a su homólogo mexicano a tener un buen cierre de sexenio y a conseguir un acuerdo migratorio.

- Las buenas noticias son que no importa. La posible falta de acuerdos políticos puede ser sustituida por una iniciativa de empresarios de la mayor importancia en ambos países que se han propuesto lograr una América del Norte alineada para la competitividad internacional.

- El mismo grupo que logró hace 10 años convertir en realidad el Tratado Norteamericano de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha comenzado a movilizarse para alcanzar la meta de abrir las fronteras entre los tres países vecinos.

- El segundo mandato del presidente Bush, en lo que se refiere a México, es muy posible que se defina por esta iniciativa del sector privado. Lo interesante del caso es que si avanza el proyecto habrá no sólo un acuerdo migratorio para regularizar los cruces fronterizos y hacer posible la meta de fronteras abiertas, sino que además se contaría con fondos de inversión en infraestructura para México.

- Como gobernador de Texas, Bush se pronunció hace unos años por mejorar el espacio físico en el que se da la convivencia de dos economías tan desiguales, ahora como presidente es muy posible que abrace la solución que su iniciativa privada le está presentando.

- Las cifras aún son tentativas pero un fondo de Seguridad Social que corresponde a aportaciones de trabajadores inmigrantes que no han sido reclamadas, se ubica en casi $100,000 millones de dólares. Una parte sustantiva de esos recursos pueden usarse en el proyecto de fronteras abiertas.

- Nadie se va a cambiar de vecindario, en la relación de México y Estados Unidos no hay divorcio posible. Así que nos guste o no, el presidente Bush, en los próximos cuatro años que le tocará gobernar, independientemente de quien se quede en Los Pinos, es posible que acepte la iniciativa de los empresarios de ambos países para dar un paso más adelante en la integración regional. De haber sido electo John Kerry, el candidato que tantos mexicanos preferían, quién sabe si esto se hubiera podido lograr.
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-* La autora es subdirectora de Foreign Affairs en Español y académica del ITAM.
Comentarios: rfuentes@itam.mx.

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