Europa <br>Libre Comercio sí, pero...

La Unión Europea y México pronto podrían estar negociando un acuerdo de libre comercio. Sin embar

Para definir su futuro comercial en el modelo globalizador, es un hecho que la Unión Europea (UE) está interesada en lograr un acuerdo de libre comercio con México.

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Sin embargo, aparentemente no será muy fácil conseguirlo, por la reticencia de Francia y la condicionante del conglomerado de naciones de incluir en el convenio temas extraeconómicos y extracomerciales.

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Para los miembros de la UE, la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) constituyó un fuerte golpe, pues México fortaleció su relación en este ámbito con Estados Unidos, mientras aumentaba sensiblemente los aranceles para ciertos productos europeos. Y es que si bien en México operan empresas de capital europeo y algunas realizan ventas a Estados Unidos, su posición no es muy favorable pues lo hacen bajo condiciones diferentes a las del TLC.

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Desde 1991 existe un Acuerdo Marco de Cooperación UE-México que no establece trato preferencial entre las partes ni incluye aspectos políticos. Se orienta a fomentar el comercio, los proyectos de inversión, el intercambio de información o transferencia de tecnología para desarrollar pequeñas y medianas empresas.

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La UE, integrada por 15 naciones, constituye el segundo inversionista extranjero de México —luego de Estados Unidos— con 21% del total (unos $12,000 millones de dólares). Asimismo, 12% de las importaciones totales mexicanas proviene de la UE y 5% de las exportaciones van a dicha región. La balanza comercial es deficitaria para México en casi $3,000 millones de dólares.

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Para Europa, sin embargo, México es el socio comercial número 18 y tiene interés en mejorar la relación, no sólo con este país sino con diversas naciones latinoamericanas, “para que dejen de mirar sólo hacia Estados Unidos”.

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Los cinco principales productos intercambiables son los mismos de la relación mexicana con Estados Unidos: alimentos, químicos, manufacturas, maquinaria y equipo, y materias primas. No obstante, en 1995 las importaciones mexicanas desde este último país cayeron 1.4% y sus exportaciones crecieron 30.5%, mientras que sus compras a Europa disminuyeron 24% y las exportaciones crecieron 30% (y aún así persistió el déficit).

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Para Jacques Lecomte, embajador de la UE en México, este es uno de los puntos que merecen mayor atención: lograr una relación comercial más equilibrada, para así contar con mejores condiciones para invertir, colocar productos, servicios y tecnología. Según el funcionario europeo, esto sólo puede lograrse a través de un acuerdo comercial.

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Destaca también que en México existe capacidad de producción y mano de obra calificada, por lo que es posible desarrollar programas productivos de calidad. La prueba está, dice, en que varias empresas europeas radicadas aquí, además de vender en este mercado, exportan a Estados Unidos, Europa y Japón.

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Intereses de unos y otros
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Y no sólo Europa cobija legítimos intereses detrás de un posible acuerdo. México busca diversificar sus ventas al exterior, sus inversiones y transferencia de tecnología, hasta ahora prácticamente concentradas en el mercado estadounidense. Además, desea intensificar su actividad comercial, evitar que le pongan tantas trabas a sus productos y, por supuesto, captar más capitales extranjeros.

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Para la UE es muy importante que esta nación sea punto de confluencia entre América del Norte y América del Sur, y entre los océanos Atlántico y Pacífico, posición estratégica para ingresar a otros mercados. Recientemente, Lecomte expresó que “es un error ubicar a México igual que al resto de Latinoamérica, simplemente porque la diferencia es que está en América del Norte”.

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La intención de un acuerdo de libre comercio no es nueva. En junio de 1994 el Consejo Europeo destacó la importancia de fortalecer las relaciones con América Latina y específicamente con México, que había pasado a ser miembro activo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

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Posteriormente, el 2 de mayo de 1995, el Consejo de Ministros y la Comisión de la UE firmaron con México una declaración solemne, en la que ambas partes externaron su interés de mejorar las relaciones comerciales, políticas y económicas. Luego, en octubre de ese mismo año, la Comisión Europea propuso oficialmente negociar un “acuerdo de asociación económica y de concertación política con México”.

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Tanto en Europa como en este país han surgido voces que no están muy de acuerdo con dicho convenio. Por el lado mexicano, quienes se oponen estiman que la economía nacional puede enfrentar más problemas, ya que su nivel de desarrollo es más bajo que el de los europeos y que la experiencia puede ser igual o peor a la padecida en el contexto del TLC.

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En el otro lado de la mesa, Francia, aunque se muestra interesada en mejorar el intercambio, objeta al sector agrícola, ya que la apertura a los productos mexicanos podría perjudicarle.

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El 27 de febrero pasado, cuando erróneamente se dijo que el acuerdo se había postergado, en realidad sucedió otra cosa: el Consejo de Ministros de la UE no llegó a un consenso respecto de cómo llevar a cabo la negociación. Todavía no se decide sobre qué tipo de acuerdo debe negociarse, ni se definen las bases, el marco general, los sectores que incluirá, o si la apertura será en una o dos etapas, etcétera.

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Por lo tanto, el problema no es México, sino las características del convenio. El punto es: ¿será un acuerdo abierto, con regiones, o uno bajo el esquema de comercio multilateral, tal como lo definen las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC)?

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Lo que realmente está en juego es el futuro comercial de Europa en el modelo globalizador. Y así lo manifestó Lecomte ante empresarios europeos radicados aquí: “El acuerdo con México será uno totalmente nuevo, que hasta el momento no tenemos con ningún otro país. Por ello, lo que incluya o no también lo pedirán otras naciones cuando queramos negociar”. Europa no está en contra del libre comercio. “La prueba es que hemos mantenido inversiones fuera del continente; en Estados Unidos hemos invertido dos veces más de lo que ellos lo han hecho en Europa; en México, pese a sus problemas económicos, mantuvimos la inversión, aunque falta equilibrar la balanza comercial”.

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Destacó que la preocupación europea es qué van a hacer, qué pasará con su política agrícola, por ejemplo, tanto de los 15 países de la UE como de los que se incorporen en el futuro. “La Unión Europea es diferente al esquema planteado por el TLC y sabemos que también debemos respetar las nuevas reglas de la OMC”.

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El diplomático externo su confianza en que, a más tardar en este abril, el Consejo de la UE logre el consenso sobre cómo negociará el acuerdo y en el segundo semestre de este año inicien formalmente las conversaciones con México.

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Ofertas y exigencias mexicanas
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México propone un acuerdo de libre comercio con apertura inmediata —en una sola fase— y no progresiva —en dos etapas—, como lo sugieren algunas naciones europeas.

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Asimismo, desea que su contraparte aclare y delimite sus demandas, en el sentido de no incluir en el acuerdo el compromiso de que este país apoye la democracia, el estado de derecho y respete los derechos humanos. Considera que dichos aspectos no pertenecen a la discusión y significa intervenir en asuntos que sólo competen al Estado mexicano, dado que es un acuerdo comercial y de inversión, no de unión política. Pero esta cláusula tal vez posibilitaría a la UE suspender toda clase de convenio.

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Sin embargo, México le ofrece la facilidad para cualquier tipo de inversión, mano de obra barata y calificada, un mercado amplio, pese a sus problemas económicos y, por último pero no menos importante, una zona idónea para que puedan operar hacia cualquier lugar del continente americano e incluso hacia el asiático.

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Son varios los sectores productivos que interesan a los europeos, quienes, mediante un convenio, podrían frenar el desplazamiento de que son objeto ahora por parte de Estados Unidos y Canadá y lograr un mayor acceso a esos mercados.

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Una encuesta realizada por la embajada de la UE entre empresas europeas radicadas en México reveló que existen cuatro ramas donde están perdiendo participación, y otras donde pueden tener una penetración notable, especialmente si México continúa con su proceso privatizador. Entre éstas destacan los sectores de transporte marítimo, aéreo, ferroviario y terrestre.

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Hasta 1993, la industria de telecomunicaciones fue un terreno fértil para la inversión europea, pero con la desgravación arancelaria vía TLC, la presencia de productos estadounidenses y canadienses desplazó a los europeos. Además, muchas pequeñas y medianas empresas la de UE serán marginadas al desaparecer el monopolio de Telmex, ya que competirán con éste preferentemente firmas de Canadá y Estados Unidos.

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En las industrias química y farmacéutica los europeos aún están a la vanguardia en tecnología, sistemas y niveles de producción. Pero, gracias al TLC, las empresas químicas en México tienden hacia el desarrollo de la maquila de productos menos -sofisticados.

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Respecto de las industrias textil y del calzado, los europeos enfrentan aquí aranceles de hasta 35%, por lo que no pueden aprovechar parte del mercado nacional ni producir en México para vender a Estados Unidos.

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La industria de auto partes, probablemente la de mayor interés para los empresarios de ese continente, ha padecido un sensible cambio forzado también por el TLC. Esto llevó a que firmas europeas se instalaran aquí, no precisamente armadoras como BMW o Mercedes-Benz, sino abastecedoras de todo tipo de piezas, desde un simple tornillo, telas, plásticos, pinturas y cables, hasta partes para motores.

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Ahora sólo falta descubrir tres aspectos esenciales: qué tipo de acuerdo se convendrá en el seno de la UE, cuál será la reacción de México y, por último, la estrategia que seguirán los empresarios canadienses y estadounidenses que, si bien gozan de una total apertura con su socio del sur, no estarán dispuestos tan fácilmente a perder terreno en sectores atractivos y que hasta el momento son casi de su exclusividad.

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