Europa se distancia

La recesión alemana, la ampliación de la Comunidad y las diferencias culturales conspiran contra e
Marco Appel / Bruselas

En las tiendas de frutas y verduras de la chaussée de Wavre, en el barrio más multiétnico de Bruselas, ya no se encuentran tantos limones mexicanos como antes. Tampoco en las cadenas de supermercados populares de la capital europea, como Delhaize o GB. Lo que abunda es limón de origen brasileño, que rápidamente ha ganado mercado al fruto mexicano. Lo paradójico es que ese país sudamericano no tiene un acuerdo comercial con Europa.

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“Hace dos años los clientes se peleaban por mi producto; ahora soy yo quien peleo para que me lo compren”, lamenta Patricia García, encargada comercial de Agriver, una pequeña exportadora de cítricos de Martínez de la Torre, Veracruz. En los últimos 12 meses, el tercer año de vigencia del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea (TLCUE), la firma perdió 40% de su negocio con el viejo continente.

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Hay balances para todos los gustos. Según la Secretaría de Economía de México, el intercambio comercial entre el país y sus socios europeos cayó 1.7% durante el tercer año del TLCUE, después de crecer un promedio de 28.3% en sus primeros 24 meses de existencia. Pero según la agencia europea de estadística, Eurostat, el sector exportador mexicano registró en aduanas una caída de casi 17% en 2002 en comparación con 2001, bajando a $6,981 millones de dólares.

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Los mexicanos fueron los que más comercio con la Unión Europea (UE) perdieron en Latinoamérica y el Caribe. Países como Argentina, Uruguay, Cuba, Ecuador o Perú aumentaron sus ventas del otro lado del Atlántico.

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“Es el contexto económico mundial el que nos ha afectado”, dice en su despacho en Bruselas Luz María de la Mora, la representante de la Secretaría de Economía (SE) ante la UE.

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El problema tiene muchas caras. El estancamiento económico europeo recortó la demanda de productos mexicanos; la depreciación de las monedas latinoamericanas les restó competitividad. La ampliación de la Unión a 10 países de la llamada Europa del Este y las diferencias culturales contribuyeron a desplazar a México del foco de atención.

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Ante la falta de resultados del TLCUE, las más altas autoridades del viejo mundo y mexicanas, entre ellas De la Mora, expresaron el 27 de marzo pasado, en la reunión del Consejo Conjunto en Atenas, su deseo de que una vez recuperada la situación económica internacional el comercio bilateral restablezca las tasas anteriores de crecimiento.

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“Los intercambios comerciales con Europa hubieran caído más si México hubiera tenido problemas estructurales como en el pasado, si nuestra economía no estuviera fuerte”, apunta la funcionaria. Nadie espera que la recuperación se dé este año. Será “probablemente” en 2004 cuando el panorama económico de la aldea global permita un nuevo impulso a la relación. Al menos desde el lado mexicano.

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Menos ventas y mismas compras
Lo que sí creció en los últimos meses fue el déficit comercial bilateral. México vende menos, pero no ha dejado de adquirir al mismo ritmo desde que entró en marcha el TLCUE el 1 de julio de 2000, sobre todo maquinaria y equipo de transporte, que representan 45% del total de las compras a Europa. Las importaciones se incrementaron casi 2% en 2002 con respecto al año anterior, hasta $16,628 millones de dólares. Eurostat registra una mínima reducción de 0.9%, la menor en Latinoamérica, en todo caso.

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Tales datos no reflejan que los hombres y mujeres de negocios europeos están pensando más de dos veces antes de exportar. Las economías del continente atraviesan una situación difícil, una de cuyas consecuencias ha sido el encarecimiento de sus mercancías al tener un euro más fuerte que el dólar. La moneda comunitaria ha llegado a cotizarse a 1.19 por billete verde.

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El panorama para este año no puede ser más desalentador. Alemania, motor de la UE y primer socio comercial de México en la región, está en recesión desde enero. El gobierno de Gerhard Schröder ya anunció un programa de recorte del gasto público y puso sobre la mesa una polémica reforma de la Seguridad Social. Los Países Bajos, el principal inversionista de la UE en México entre 1994 y 2002 (aportaron 45% de los $21,643 millones de dólares de todo el continente), también se declararon en recesión este año. Italia, Francia o Gran Bretaña, los siguientes en la lista, no apuntan a unos resultados mucho  mejores.

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Pese al bajo crecimiento de la región del euro, Wim Duisemberg, gobernador del Banco Central Europeo, anunció a principios de julio que ante la existencia de presiones inflacionarias no cambiará antes de su salida en octubre las tasas de interés, que están en 2%. Son las más bajas desde el nacimiento de la institución en 1998, pero seguirán un punto por encima de las estadounidenses.

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Problemas de fondo
Martin Ries, experto para México y Latinoamérica de la Agencia Alemana de Promoción al Comercio Exterior –la BFAI–, confía en que el intercambio bilateral mejorará cuando su país salga del bache, pero advierte que “no hay que esperar mucho, porque el freno en la relación comercial no es de orden coyuntural”.

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México no pone barreras arancelarias, pero el empresariado teutón ya no quiere venir a Latinoamérica. “Es por la distancia y la mentalidad empresarial, que resulta muy extraña para los alemanes –explica el oficial germano–; además, tenemos un mercado muy grande frente a nuestra casa con los países del este que van a entrar a la UE.”

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Para un exportador alemán es más fácil tomar un vuelo y estar en una hora en Polonia, que subirse 12 horas a un avión para ir a México. Ries afirma que “hace años” que los empresarios no se acercan a la Agencia a preguntarle por oportunidades de negocios en la nación azteca.

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El fenómeno de la ampliación de la comunidad –10 naciones de Europa del Este que el 1 de mayo de 2004 ingresarán a la UE– podría afectar particularmente a México, porque se trata de economías en desarrollo parecidas y muy atractivas por su mano de obra barata. Por ejemplo, la pequeña Holanda, uno de los pocos países cuyas exportaciones hacia México crecieron –de $508 millones de dólares en 2001 a $631 millones de dólares en 2002–, aumentó 9% sus ventas foráneas hacia los futuros miembros de Europa del Este –75 millones de habitantes– para sumar sólo el año pasado más de $7,000 millones de dólares. A esos mismos países, Holanda les compró artículos por un valor de $4,500 millones de dólares, cifra cercana a las importaciones de México con los 15 países de la UE.

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“El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ya está en aranceles cero, mientras que Europa y México desgravarán el comercio entre 2000 y 2007; el mercado no está completamente abierto”, opina Simone Mellegers, la jefa de la sección México de la Agencia Holandesa de Ayuda a la Exportación.
La funcionaria admite la importancia de la recesión, pero considera que las diferencias culturales entre empresarios y autoridades de ambos asociados representan todavía un fuerte obstáculo a las relaciones.

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“Lo que les pido a los mexicanos es que sean claros –dice la representante holandesa, y remarca en la entrevista la última frase: ‘be clear’–. Que sean transparentes en leyes y en actitud. Nos dicen primero que todos los documentos están en regla y la siguiente persona afirma que hay que regresar a Holanda a corregirlos.”

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García, de Agriver, cree que el mero hecho de que se haya firmado un acuerdo comercial no garantiza el éxito: “También cuenta la relación con el cliente, la situación del mercado y la condición de la competencia”, señala. La Secretaría de Economía y el Banco Mexicano de Comercio Exterior (Bancomext), en su opinión, están haciendo una buena tarea en Europa, pero no a la velocidad que les permita a los exportadores nacionales competir con los demás países en esas tierras.

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Por ejemplo, en los últimos meses se está capacitando a los exportadores mexicanos para obtener el certificado de buenas prácticas agrícolas o Eurogap, el cual será impuesto a finales de 2003 por las aduanas del viejo continente. Al gobierno mexicano se le avisó de esta nueva norma desde hace unos cuatro años.

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Optimismo
La crisis económica no va a durar siempre, pero abrir un mercado de exportación como el europeo no se logra de un día para otro. Bancomext es el banco de desarrollo encargado de respaldar a los poco organizados exportadores mexicanos en el exterior.

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Graciela Báez, cabeza de la institución en Bruselas, sigue viendo entre ellos los mismos problemas de actitud que cuando arrancó el TLCUE: no se unen para sumar esfuerzos en el mercado europeo, una práctica común entre exportadores de otros países, y no se preocupan por convencer a los exigentes consumidores a través de campañas genéricas, una vía para impulsar el mercado de productos mexicanos. “Entrar solo es muy difícil”, dice la funcionaria.

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De la Mora no teme que las inversiones se desvíen de México a Europa del Este. Por el contrario, ve oportunidades de nuevos negocios a partir del hecho de que se amplíe el número de socios de la Unión. Tampoco le asusta la mencionada falta de competitividad nacional ni la distancia entre continentes. “Si los asiáticos pudieron entrar a la UE, México puede también”, anima la representante de la SE.

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Pero el ejemplo asiático también ofrece algunas lecciones. Las empresas mexicanas deberán establecer una estrategia de largo plazo. La imposibilidad de contender en todos los sectores obliga a escoger nichos en los que el país sea líder, como en alimentos y bebidas. Por ejemplo, México exportó camarón, uno de los productos que no pagan aranceles, por $13.6 millones de dólares en 2002. “El TLCUE da un marco de predicibilidad a las inversiones y al comercio que antes no se tenía. Diversificar da ventajas: escapas de los vaivenes de la economía global”, observa De la Mora.

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Al final, pese al estancamiento y al giro hacia los países del este, Europa es una necesidad para dejar de depender del mercado estadounidense. García, de Agriver, no ha dejado de exportar sus limones.

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