Evite la ceguera de taller

No todo es oscuridad. Existen luces, aunque tenues, que prometen iluminar el sinuoso camino de las p
Ricardo Bolaños

Los propietarios de las pequeñas y medianas empresas (PYMES) –la mayoría, al menos– creen que varios de sus problemas ocurren por la falta de créditos. Incluso, en la cima de sus lamentaciones, piensan que la escasez de recursos financieros es la única culpable de sus dolores de cabeza. Pero eso no es verdad; por lo menos, no del todo: una administración deficiente también tiene mucha responsabilidad.

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Según la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi), las PYMES representan 98% del total de las empresas en México. Aunque proporcionan el mayor número de empleos, dichas piezas del engranaje industrial enfrentan el olvido gubernamental (al momento de negociar un acuerdo de libre comercio, por ejemplo), la imposibilidad de acceder a créditos o la falta de asesoría profesional. Tienen un profundo conocimiento técnico, pero una gran aridez administrativa.

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A decir de los expertos, la pequeña empresa evoluciona a través de las etapas siguientes. La primera, mencionan, consiste en contratar personal (normalmente auxiliares administrativos, técnicos o vendedores). No obstante, los empleados nuevos, más que ayudar al empresario, sólo obedecen sus órdenes. Son, literalmente, mano de obra.

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La segunda fase del proceso aparece cuando el empresario empieza a delegar. Pero la transición no es suave: el pequeño propietario no puede separarse de la operación, sufre una suerte de “ceguera de taller”, no confía en sus subordinados y cree que la única persona sobre la Tierra capaz de resolver los problemas de la compañía es él mismo.

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En esos momentos, el empresario siente –algunas veces– que necesita ayuda y busca opciones. Encuentra desde cursos de pequeña empresa hasta consultorías costosas de despachos prestigiados. Para su fortuna, en los últimos años surgieron diferentes movimientos de apoyo (patrocinados por universidades, secretarías y organizaciones privadas).

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Sergio Ortiz, director del departamento de Negocios y Administración del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), comenta que “las empresas pequeñas normalmente están mal administradas. Por ello, nosotros apoyamos a los pequeños empresarios con diferentes programas de consultoría conjunta y clínicas empresariales que dirigen nuestros alumnos. Siempre, para el emprendedor, es muy importante conocer las opciones que tiene para mejorar su negocio”.

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De hecho, existen diversas alternativas de ayuda para el pequeño empresario. Por ejemplo, el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext) apoya a los exportadores; las cámaras empresariales ayudan a sus agremiados y la Fundación para el Desarrollo Sostenible en América Latina (Fundes) ofrece herramientas y técnicas que profesionalizan la gestión empresarial de las PYMES.

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Miguel Ángel Serrano, director general de Fundes México, observa que “uno de los problemas con la educación del empresario es la forma en la que éste la recibe. El empresario es un adulto, independiente, de éxito, al que no le gusta ser tratado como alumno”.

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Fundes de México (filial de la organización madre con sede en Suiza) es una institución privada, sin fines de lucro, constituida legalmente como sociedad civil por la Confederación Patronal de México (Coparmex) en 1993. Esta versión nacional forma parte de un grupo de organismos distribuidos en América Latina: Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Venezuela, Argentina y Honduras. En la ayuda a las PYMES, Fundes utiliza conceptos como andragogía, contructivismo, programación neurolingüística y aprendizaje por acción.

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Mario Astorga, gerente internacional, evalúa la metodología del instituto: “La selección hecha por Fundes ha sido oportuna, intuitiva y experimental. Las organizaciones especializadas en capacitación de propietarios de PYMES han valorado los instrumentos desarrollados por nosotros y, en los últimos meses, se aprecia un cambio en las propuestas metodológicas de esas instituciones.”

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Según los entrevistados, para darle autosustentabilidad a la pequeña empresa, ésta debe ser capaz de realizar todas sus funciones vitales por sí misma. Para ello, no basta darle el pescado (crédito, asesoría, información), sino que debe aprender a pescar: tiene que hacer distinciones y sentar prioridades, siempre acorde con la realidad y las necesidades de su negocio.

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Existen factores que son críticos para el desarrollo de las PYMES: pertinencia, innovación, alta calidad con bajos costos de operación, control total de la cadena cliente-distribuidor, internacionalización y mercado asociativo.

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Por ello, durante 1997, más de 12,000 empresarios de América Latina dieron sus primeros pasos hacia la competitividad, apoyándose en los productos que las Fundes locales ofrecieron. La institución, según los entrevistados, se convirtió en un aliado, un socio que acompaña al pequeño propietario y lo incorpora a un club de pequeñas y medianas empresas latinoamericanas.

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En el proceso, los empresarios participan en talleres de gestión a través del programa “Crecer con su Empresa” y hacen un diagnóstico sobre sus debilidades corporativas mediante un “Laboratorio Empresarial”. Gracias a esto, los dueños observan a su empresa como una unidad económica que requiere, indudablemente, de la actualización constante.

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Así, al conjuntar la capacitación, el acceso a créditos y la consultoría, se puede asegurar, en gran medida, el éxito del empresario. Las pequeñas empresas son la base de las economías de América Latina; su mejoramiento, profesionalización y capacitación será clave para competir en el mercado global.

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