Fachadas para llevar

Menores costos y más comunicación con el arquitecto son los cimientos de la prosperidad de esta f?
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Si como dicen los constructores, la fachada es “el vestido de novia” del edificio, la costurera de moda es Pretecsa, empresa productora de paneles prefabricados que pueden vestir una construcción en cuestión de semanas, cuando hace poco habría tomado meses.

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La fachada hace apetecible al edificio y ayuda a venderlo, explica Alejandro Fastag, hijo del fundador y ahora gerente administrativo de la empresa. Eso pasó por ejemplo con el edificio Baillères, donde está El Palacio de Hierro de Polanco, en la Ciudad de México. El propietario necesitaba que el estacionamiento empezara a funcionar cuanto antes y esto se logró sólo porque la fachada era prefabricada. Eso es apenas un detalle. Los paneles que forman la fachada parecen forrados con piedras. “Forrar ese edificio con piedra habría sido imposible. No existe la industria de extracción en el país para abastecer con la calidad y el color uniforme que se logró”, presume Fastag. El ahorro también se da por el peso de las fachadas. Las prefabricadas requieren menos material y aligeran la estructura. Por ejemplo, en el nuevo JC Penney de la capital, la fachada pesa entre 20 y 25 kilos por metro cuadrado, cuando lo tradicional sería 240 kilos.

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Según Fastag, el uso de paneles prefabricados permite una mayor comunicación del arquitecto con quien dará los toques finales.

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La torre Baillères, del arquitecto Javier Sordo Madaleno, ganó el premio al diseño en 1998, otorgado por un instituto especializado en concreto, el Precast/Prestressed Concrete Institute de Chicago. Pretecsa ya había ganado ese premio en 1997 con la fachada de la embajada de Francia.

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El año pasado la empresa participó en el Hospital Ángeles de Interlomas, el Centro de Convenciones de Puebla, el centro comercial y el Liverpool de Metepec, y 3M de México, por citar unos ejemplos.

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Pretecsa produce 75,000 metros cuadrados de fachadas al año, aunque tiene capacidad para el doble. Y eso sin contar la actividad de empresas asociadas en Tijuana, Monterrey y Cancún. Tiene ya más de 50% del mercado de prefabricados del país. Su facturación en 1998 alcanzó los $60 millones de pesos, un aumento de 45% respecto a 1997. “Fue un año buenísimo”, dice Alejandro Fastag. “Era más caro para los constructores detener las obras que poner la fachada”.

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En 31 años, Pretecsa ha participado en 750 obras, que van desde el edificio de Inverlat hasta el centro comercial Santa Fe en la capital. La leyenda de su origen se remonta a Francia, cuando Mario Fastag estudiaba una maestría. Un día vio pasar un camión con fachadas, con todo y sus ventanas y balcones. Le gustó la idea, siguió al camión y a la semana siguiente trabajaba en la empresa. Dos años después consiguió un contrato en Australia para una fábrica de vivienda. Regresó a México para establecerse. Hacer la fachada de una casa en Reforma le abrió las puertas a nuevos contratos.

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Lo que sigue es consolidar su presencia. Según Fastag, habría que ajustar algunos precios porque son casi los mismos de hace cuatro años. Aunque la planta de Tijuana ya exporta a Estados Unidos –ha participado en el reciente boom hotelero en Las Vegas–, las ventas al exterior todavía se complican por los costos del transporte.

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