Fantasmas que critican

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En un teatrito mínimo de la Colonia Roma se lleva a cabo un rito teatral íntimo, una obra plagada de fantasmas, sueños y dobles realidades que convoca a los seguidores del dramaturgo mexicano Óscar Liera y del director de escena Ludwik Margules. Se trata de El camino rojo a Sabaiba.

- Si el teatro de Liera suele caracterizarse por la creación de universos alucinantes, este Camino rojo le lleva la delantera al resto de su obra. En el pequeñísimo escenario vuelan fantasmas, atraviesan recuerdos y resucitan muertos que reviven hazañas, biografías, amores y penares. Pero toda esta fantasmagoría tiene, como le gustaba a Liera, un propósito crítico del que pocos salen bien parados. Así pues, bajo advertencia no hay engaño, cuando se opta por ver una obra de Liera –además, dirigida por un trasgresor como lo ha sido siempre Margules– hay que dejarse sumergir en un universo altisonante y atemporal, donde no hay fechas, ni tiempos, ni mapas. Y es que El camino rojo a Sabaiba abre frente al público un universo laberíntico en el que los personajes se pierden y se reencuentran, al tiempo que narran la historia de un pueblo con todas las imprecisiones y los mitos que acompañan a los recuerdos.

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