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Inspirado contextualizador de cifras, Federico Reyes Heroles, hijo de ideólogo y pintito, publicó recientemente - Sondear a México. En este volumen de ensayos, el director de la revista Este país defiende los sondeos de opinión pública, los datos y los porcentajes que, afirma una y otra vez, le darán al debate político en México el nivel que tanto requiere.

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¿Cómo estructura su pensamiento este hombre que lo mismo es compañero de correrías de Carlos Fuentes, novelista y articulista de -Reftwina, que asesor político de empresarios e insospechado apologista de la productividad?

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EXPANSIÓN conversó con él en su casa de San Jerónimo, en la capital del país. Habló de la discutible corrección de todos los movimientos populares, de la tendencia electoral hacia el centro, de su creencia en las instituciones y no en los hombres (léase: Manuel Camacho Solís) y de la incapacidad empresarial par, impulsar el crecimiento de México.

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P. Hoy en día su apuesta intelectual parece ser supeditar las suposiciones y la ideología a los hechos.
-R.
Sí- parte del desconcierto que estamos, viviendo es debido a que el discurso político está muy retrasado en México pues vienen las opiniones e interpretaciones. Cuando uno escucha el debate entre los distintos actores en México, da la impresión de que es al estilo del siglo XIX; no cruza por las cifras y, por lo tanto, no se centra. Son ideologías puras. Y esto lo convierte e algo inasible.

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P. ¿Lo que usted quiere es expandir la “cultura del porcentaje”?
-R.
Por supuesto. Hay algo que me preocupa mucho. Cuando Japón salió de la Segunda Guerra Mundial decidió que una de las áreas centrales para modernizar al país eran las ciencias sociales; era tener estos retratos con porcentajes para saber en dónde estaban parados. Invirtieron mucho dinero, de tal manera que las decisiones fueran certeras. Un país pobre, como el nuestro, no puede darse el lujo de estar dando tumbos de un lado al otro.

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Ofrezco un dato que me pone los pelos de punta: 85% de los proyectos que se inician a nivel principal no tienen continuidad. Esto quiere decir que llega un presidente municipal y decide que sería muy conveniente hacer drenaje, y al lo mejor es correcto, pero tres años después llega otro y decide que es conveniente hacer alumbrado público, y tres años después la prioridad es pavimentar calles. Si hubiera políticas públicas, números y porcentajes, se sabría cuál es la prioridad de la gente, no la del presidente municipal.

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P. ¿Usted cree que así como ya no concebiremos unas elecciones presidenciales sin debate televisado, ya no las imaginaremos sin sondeos previos o sin encuestas de salida?
-R.
Aquí tiene que haber una auténtica revolución en el conocimiento. Las universidades públicas se ideologizaron muchísimo, los partidos políticos cayeron en un debate totalmente etéreo y la iniciativa privada también cayó en ese mito de que los mexicanos somos -sui generis, especiales e incomparables. Y ahora nos damos cuenta que, gracias a la estadística, somos tan predecibles como cualquier ciudadano del orbe. Yo llegué a escuchar expresiones del tipo "la estadística en México no funciona", y yo les decía: "Es como si me dijeran que los aviones en México no vuelan; vuelan exactamente igual. "Pero es que en Nicaragua falló una encuesta...", protestaban. Claro, a veces también se cae un -Boeing en Alemania. Lo que hay que revisar es por qué se cayó, pero no negamos el derecho a volar. Sí lográramos impulsar una cultura política más moderna, centrada en las cifras, el discurso político sería menos pasional y más racional. Además, la carencia de estudios de opinión pública va de la mano del autoritarismo. No en balde en la Unión Soviética no se hacían estudios de opinión pública.

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P. Usted quiere oponer la opinión pública a lo que llama "el soliloquio de la mexicanidad ¿No cree que Octavio Paz y Carlos Fuentes contribuyeron magistralmente a fabricar ese soliloquio?
-R.
Por supuesto. El ensayo tiene una dimensión insustituible y un gran nivel explicativo. Tengo un enorme respeto por Octavio Paz, soy amigo de Carlos Fuentes y también he leído a Samuel Ramos y a Emilio Uranga. El problema no es que leamos a Paz o a Fuentes, o que leamos El -laberinto de la soledad, Tiempo mexicano o cualquiera de los libros de Ramos, el problema es que sólo leamos eso, cuando existen otros instrumentos para conocernos de una manera más precisa. Un dato: mientras en 1927 ó 1928 se estaba fundando Gallup en Estados Unidos, en México estábamos leyendo a Ramos. El problema es que en 1995 sólo sigamos leyéndolo y no tengamos estudios de opinión pública extendidos en toda la república.

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De alguna manera, en el momento en que a través de los sondeos de opinión uno le permite a la sociedad dar a conocer sus sentimientos, viene una especie de expropiación del monopolio de la interpretación del país, y esto es lo que se está dando. Personas tan lúcidas y tan brillantes como Paz o Fuentes seguirán aportando sus interpretaciones a través del ensayo, pero el espacio que ocupa la opinión pública no puede ser negado.

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P. Si bien nunca fue catequista en los Altos de Chiapas, al leer sus artículos en -Reforma se tiene la impresión de que Federico Reyes Heroles está, hoy, a la derecha de Federico Reyes -Heroles.
-R.
El comentario me parece de gran sensibilidad, y trataré de explicar este cambio. Estoy impartiendo un curso en la cátedra "Simón Bolívar" de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y se llama "La etiología del autoritarismo mexicano-. He encontrado que uno de los veneros fundamentales del autoritarismo mexicano es un populismo folclórico que supone que todo lo que venga de la comunidad es acertado. Siento que uno de los problemas primordiales que tenemos que encarar, es esta terrible tradición autoritaria que proviene de la comunidad.

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P. ¿A qué se refiere?
-R.
A que recuperar los usos y costumbres en el código estatal electoral -como sucedió en Oaxaca-, que puede sonar una medida muy popular, en el fondo puede ser prerepublicana. Me refiero a que la diversidad, la pluralidad, se está manifestando en todo el territorio. Tenemos un Michoacán tripartita por las elecciones que se realizaron el 12 de noviembre. Tenemos un PAN, que muchos dijeron que estaba condenado a trabajar sólo en el norte y que de pronto gana la capital de Oaxaca o el puerto de Veracruz o Tuxtla Gutiérrez. Tenemos una pluralidad creciente y muy sana para las instituciones, pero esta pluralidad tiene un coto clarísimo: la comunidad. En ésta no hay pluralidad, porque incluso la expresión comunitaria es previa, históricamente hablando, a los derechos fundamentales de la república. En la comunidad se excluye el título primero de nuestra Constitución.

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Regreso al caso de Oaxaca. No deja de ser preocupante que de 570 municipios, 405 hayan votado el 12 de noviembre por vía de usos y costumbres, que supone -en algunos casos- negarla posibilidad de discrepancia.

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P. Al leerlo, uno se da cuenta de que ha estado en contra de posiciones -políticamente correctas, que van desde la insurrección zapatista, pasando por los rechazados de la UNAM, hasta acabar con la comunidad de Tepoztlán opuesta a un club de golf.
-R.
Con un ánimo sano, en México extendimos una especie de aval a todos los movimientos populares, como si fueran correctos -per se; quizá por una deuda moral que tenemos con los más desprotegidos, quizá por una concatenación de mitos sobre lo popular. Y en este sentido debemos afrontarlo.

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Sé que es poco popular que de pronto uno diga que el fascista aquí probablemente sea el señor Marcos, y que cuando él dice que uno de cada tres mexicanos está optando por una versión fascista, la suya sea una postura excluyente, autoritaria, que son precisamente las que debemos combatir. Esto a la izquierda no le gusta.

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Por ejemplo, cuando uno relata que en Tepoztlán -que suena precioso decir que es el primer municipio libre, aunque uno sepa que detrás de esto hay cinco o seis familias que controlan el movimiento que se dio recientemente-, hay manifestaciones de intolerancia política tan graves como pintar cruces en las puertas por haber estado de acuerdo con un desarrollo que hubiera cambiado el futuro de esa población, tiene uno que reformularse con toda seriedad hasta dónde va a seguir apapachando este tipo de manifestaciones.

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John Locke decía algo que siempre me ha impactado: Quién auténticamente gobierna, modifica hábitos. Cuando uno llega a las comunidades indígenas, dice: aquí hay que cambiar hábitos y costumbres.

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P. Un argumento que se infiere en opositores al club de golf, es el derecho de una comunidad a oponerse al cambio si así lo desea.
-R.
Yo reformularía la pregunta: ¿Tienen los usos y costumbres derecho a vetarles a las futuras generaciones una alternativa de vida diferente? Eso es algo que a mí no me parece correcto.

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Octavio Paz tiene una expresión que a mí me gusta mucho; dice que los estadounidenses y, en general, la cultura occidental, son grandes conquistadores de futuro. En contrapunto, nosotros somos unos enamorados del pasado y todo lo que venga de él lo consagramos -per se. Yo no sé realmente si todo lo que estamos viviendo en comunidades como Tepoztlán debe conservarse. Por ejemplo, nunca hablamos de la brutal erosión que tiene esa área; erosión provocada por dos factores: uno, el manejo irresponsable de los animales que se alimentan de los retoños de encinares; y dos: las quemas. En este país nos damos el lujo de incendiar una buena parte del territorio nacional una vez al año porque el campesino siempre lo ha hecho así.

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P. En Sondear a México usted subraya una idea: tanto a nivel mundial como nacional está prevaleciendo la opción electoral por el centro.
-R.
En el siglo XIX, los partidos políticos le brindaban al ciudadano una cosmovisión que incluía valores éticos y políticos; de alguna manera le ordenaban el mundo. Quien en el siglo XIX nacía liberal o conservador, moría liberal o conservador. En el siglo XX, los partidos políticos tienen una función muy diferente. Se van alejando cada vez más de la moral privada, que se resuelve en otra parte -para algunos con el padre o sacerdote, para otros con el psiconanalista, para otros en la familia-. Y lo que está a debate es exclusivamente lo público. Al morir los partidos ideológicos y al aparecer los estudios de opinión pública, que mostraban las inquietudes de la gente, nos empezamos a dar cuenta de que había ciertos valores comunes a la ciudadanía que eran ampliamente defendidos. Eso es el centro, pero éste supone también la desaparición de los extremos; la extrema derecha y la extrema izquierda dejan de tener sentido electoralmente hablando.

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Hoy en día, el elector vota de acuerdo con el análisis de las plataformas ideológicas y de los candidatos, y esto desconcierta a los partidos políticos, porque dejan de tener sus clientelas tradicionales y garantizadas, y de pronto tienen que salir a la calle a convencer al ciudadano. No deja de ser asombroso, por ejemplo, que en Chihuahua hayan votado para reobtener o ganar una cámara de diputados priísta, teniendo un gobernador panista; no deja de ser asombroso que en Tuxtla Gutiérrez, en donde no tenía presencia el Partido Acción Nacional (PAN), ahora gobierne en esa ciudad; o que en Veracruz, en donde tampoco tenía presencia el PAN, haya ganado terreno, tampoco deja de ser asombroso que en Michoacán el PRI recupere la gobernatura.

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Debemos de acostumbrarnos a ese tipo de situaciones.

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P. Ahora bien, en términos estadísticos, ese centrismo se llama éxito tremendo del PAN.
-R.
Yo diría que tiene que ver con el proceso de urbanización e industrialización del país. Las clases medias normalmente se sitúan al centro. México es un país con una electrificación de 95%. Se calcula que diariamente 40 millones de personas ven la televisión. Se considera que al menos 70% de la población vive en zonas urbanas comunicadas. De ahí se desprende una dinámica de clases medias.

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Ahora bien, sí creo que el PAN agarró este cambio situado en una posición muy cómoda, porque siempre había venido postulando una posición de centro-derecha, en tanto que el PRI mantenía en el centro- izquierda. Pero no olvidemos que el día que Carlos Salinas ganó la elección dijo que el PRI iba a ser centro-progresista. No fue gratuita esa definición: los resultados apuntaban a que, o el PRI buscaba al elector del centro, o se iba a quedar solo. Y no digamos el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que si no busca el centro se va a convertir en un partido marginal, con menos del 6% de la población a nivel nacional, Esto sería muy grave, porque hay un espectro de centroizquierda que puede ser cubierto.

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P. ¿Manuel Camacho debiera organizarse partidariamente para ir tras ese centro?
-R.
En general, creo poco en los hombres y mucho en las instituciones. Organizar un partido político no es un guiso fácil, precisamente por este centrismo. Si uno se pone a analizar que el PAN es el partido con el registro más antiguo, pero que durante décadas fue una fuerza marginal; si uno ve que le ha costado mucho trabajo luchar contra el partido hegemónico, y que no es sino hasta este final de siglo en donde uno de cada tres mexicanos vive bajo un régimen panista, yo vería difícil que, centrados en una sola persona, pudiéramos echar a andar un nuevo partido, porque tendría que salir a competir por el mismo electorado. No digo que sea imposible, pero ya tuvimos el caso del PRD o de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988, que tuvo un enorme apoyo popular y que después se fue desvaneciendo. No sé qué tanto pudiera diferenciarse la propuesta que hiciera un Manuel Camacho Solís, y de entrada, el hecho de que sea una persona nos habla de una postura bastante conservadora.

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P. ¿Cómo llega el politólogo Reyes Heroles a hablar de productividad?
-R.
En México ha habido una enorme carencia en estudios de prospectiva. Nos hace falta la reflexión de largo plazo. Esto tiene varias explicaciones; la primera sería que las universidades voltearon hacia atrás, que el régimen emanado de la Revolución encontró en ésta y en el pasado milenario de nuestro país una fuente de legitimidad. Esto hizo que en la academia los ojos se nos voltearan hacia atrás. Dice Nietzsche algo que no le va a gustar a muchos de mis colegas: "Los intelectuales, como los cangrejos, de tanto andar para atrás, terminan creyendo para atrás". Y esto es dramático. ¿Cómo llego a la productividad? Soy un convencido de que si queremos un mejor país, necesitamos transformar a los mexicanos, y esto es poco popular decirlo: dejemos de una vez por todas estas explicaciones externas que nos venían del intercambio internacional injusto o de la posición del lobo malo del norte o de las injusticias que padecimos durante la Colonia o del trauma de la Conquista. En México hay una cultura del obstáculo en las burocracias, tanto en la pública como en la privada.

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P. Usted habla de una "nomenclatura mexicana", en donde el sector privado también arrastra un corporativismo.
-R.
Así es, sistemáticamente se sienten ofendidos si el presidente de la República o un secretario de Estado no inaugura su Convención Nacional. Yo creo que no tienen por qué andar pidiendo bendiciones oficiales para las inauguraciones.

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Pero vamos al fondo del asunto. Algo que me impresiona es la falta de concentración de los cuadros dirigentes del país. Tenemos una forma bastante desastrosa de organizar nuestra vida cotidiana. Asuntos que podrían tomar un minuto, la gente les invierte un desayuno, una comida. Somos muy ineficientes y esto se manifiesta de manera palmaria en la falta de información de la cúpula dirigente. Yo le propondría a los altos funcionarios que le dedicaran una hora en silencio a pensar un problema y cómo resolverlo.

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P. ¿Eso lo dice pensando también en los dirigentes privados?
-R.
Así es, siento que son muy escasos los miembros del sector privado que tienen una verdadera visión de futuro; que están pensando en las necesidades del país a 10, 15 ó 20 años. Noto que el sector privado está muy preocupado por los personajes de la política y no por la política en serio; preocupados por quién es el secretario de Hacienda -Jacques Chirac removió a la mitad de su gabinete y no se movió la paridad del franco-, y no porque haya políticas de largo plazo.

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P. Dice que son escasos los hombres de empresa con una visión de largo plazo. Nombre alguno.
-R.
Lorenzo Servitje tiene visión de largo plazo. Tengo la impresión de que también Manuel Arango piensa en el futuro de una manera seria. Juan Sánchez Navarro.

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La memoria siempre es muy injusta; por supuesto que hay otras personas que están pensando en el largo plazo, pero más bien en el de sus empresas. A mí me interesan los empresarios que tienen sensibilidad para darse cuenta en dónde estamos parados a nivel nacional e internacional y pensar en las medidas concretas que pueden proponerse.

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P. A la pregunta de si el sector privado mexicano "tiene la capacidad de responsabilizarse del nuevo impulso de crecimiento del país", su respuesta es un "no" rotundo. ¿Por qué?
-R.
También es cuestión de números. Los países que se han insertado de manera exitosa en la economía global, se han llevado de unos 20 a 25 años. Aquí, el Estado ocupó de tal manera todos los ámbitos de la economía, que tuvimos una formación de capital muy lenta y muy caprichosa. Por desgracia, muchas de las grandes empresas en México siguen siendo administradas, a partir de ciertos niveles, por grupos de familias y de amigos.

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Esos serían para mí los dos ejes explicativos. Primero, hay una acumulación retrasada. Cuando el Estado administraba igual líneas aéreas que cadenas de hoteles y discotecas, se orilló al sector privado a que se dedicara a unos cuantos campos. ¿Quién, por ejemplo, va a hacer el desarrollo silvícola del país? Para el siglo XXI tenemos que estar exportando madera, que es uno de los recursos naturales renovables que debemos tener en mente. Que yo sepa, sólo Alfonso Romo está haciendo experimentos muy interesantes en Chiapas, porque en México se puede crear un bosque en 25 años, cuando en el norte se lleva 40 ó 50.

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En este momento, parte de la crisis es que al pasarle la responsabilidad del crecimiento a la iniciativa privada y retrotraer la figura del Estado nos quedamos en un vacío. Mi perspectiva es que estamos pagando muy caro décadas en donde laceramos la capacidad generadora de capital. No digo que no vaya a aparecer, pero no va a ser rápido. Es toda una cultura de productividad, de eficiencia y de administración de ciertas áreas en donde el sector privado no ha estado y va a tener que aprender. Y no creo en la magia.

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