Fernando Acosta, de la CNIC. &#34En situ

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Fernando Acosta Martínez, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción (CNIC), no es un hombre parco. Ni elude preguntas, ni constriñe respuestas. Constructor jalisciense de larga trayectoria, conversó con EXPANSIÓN sobre la actualidad del sector que encabeza. "Un gran porcentaje de los empresarios de la construcción está en situación crítica, o ya dejaron de estar, porque ya cerraron sus puertas", dice.

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Pero Acosta conoce bien su terreno. Sabe que el desarrollo de la construcción impulsa a 38 ramas industriales, que por cada empleo directo genera de cinco a seis más, y que "si bien las crisis le pegan de lleno y muy fuerte, también es cierto que somos los primeros en repuntar".

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Las expectativas del sector cambiaron desde finales de 1994, ¿cuál es la situación actual en la construcción?
La construcción formal dependió durante mucho tiempo del sector público, pero de unos seis u ocho años a la fecha comenzó a descender de forma notable su participación en la medida en que aumentó la de origen privado, hasta casi equilibrar la obra pública con la privada.

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Eso fue un buen ingrediente: aunque decreció la obra pública, a los empresarios de la construcción nos hizo agudizar el ingenio. Esta es parte de la transformación: nos fuimos convirtiendo de contratistas-constructores a empresarios-constructores, a promotores de la construcción.

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Esto también tuvo sus consecuencias negativas, porque al decrecer la obra pública, al no ser fácil para los constructores -sobre todo micro, pequeños y medianos- adaptarse rápidamente a este entorno, perdimos parte importante de nuestro trabajo y de nuestros ingresos.

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De tal forma que la crisis de diciembre nos encuentra descapitalizados e inmersos en otra crisis; una que ya llevaba varios años y que preparó a algunos mientras que otros no tuvieron tiempo ni recursos para hacerlo.

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Un gran porcentaje de los empresarios de la construcción está en situación crítica, o ya dejaron de estarlo, porque ya cerraron sus empresas. A pesar de los indicios de que la economía ha mejorado notablemente con respecto a hace unos meses, con a inercia de esta crisis, que quizá dure el resto del año, algunos se van a ahogar.

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En un sector muy diferenciado en cuanto al tamaño de las empresas como el de la construcción, ¿cómo le afecta la crisis a unos y a otros?
De los más de 16,000 afiliados que tuvimos el año pasado, 90% son micro y pequeños; 6% medianos y 4% grandes o gigantes. En el caso particular de esta crisis, nadie se escapó a sus efectos. Obviamente, las grandes empresas tuvieron una crisis mayor, porque tenían mayores problemas. Desde luego, las que hicieron una gran cantidad de obras también arrastraron un pasivo financiero creciente. Y luego hay otro factor que es tanto o más importante que la crisis financiera: todos hemos pasado por crisis financieras, pero hemos tenido fuentes de pago. Sin embargo, ésta es una crisis sin fuentes de este tipo; es decir, no tenemos hacia dónde voltear. Si debo tanto, mi adeudo está creciendo y, además, no tengo perspectivas de dónde voy a trabajar. ¿Qué propuestas de pago le puedo hacer al banco, a Hacienda, al IMSS, a todos los que les debo?

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En lo que resta del año, lo más seguro es que 80 ó 90% de los que reestructuren no tengan grandes posibilidades de cumplir con las expectativas.

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Ahora bien, a ese 90% de micro y pequeñas constructoras podemos reactivarlas con muchas acciones en todo el país, aunque sean muy chiquitas. Y eso es lo que estamos haciendo.

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Hay evidencias poco alentadoras en la economía: restricción del gasto público, contracción de la actividad económica, aumento de precio en los materiales, etcétera. Con este panorama, ¿qué alternativas está buscando la industria de la construcción?
Hubo evidencias desde principios de año de que eso iba a ocurrir. El circulante, en términos reales, tomando en cuenta aspectos inflacionarios y devaluatorios, ha sido retirado en un 36% de diciembre a la fecha, y eso es una restricción terrible para cualquier país. Yo diría que, a su vez, hay indicios de un pequeñísimo inicio de recuperación. Por ejemplo, en las tasas de interés; en la colocación real de Tesobonos; en el inicio del regreso, en pequeña escala, de capitales, tanto productivos como especulativos, pues necesitamos de los dos.

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Esos indicios nos alientan a los constructores a pensar que ya dejaremos de caer. Pero si bien las crisis le pegan de lleno y muy fuerte a la construcción, también es cierto que somos los primeros en repuntar. Y en cuanto se empiezan a dar estos leves signos, inmediatamente empezamos todos a planear, y esto ya es una actividad de la construcción. O hacer trabajo de ingeniería financiera, que es algo que ya tenemos, si no como empresas, sí como cámara. Tenemos una división de finanzas, una comisión mixta CNIC-bancos, otra CNIC-Secofi. Con esta secretaría estamos trabajando en la autogeneración de proyectos. Es el mecanismo que encontramos juntos para fomentar la industria de la construcción, en el conocimiento, evidentísimo para Secofi, de que nuestra industria incide en 38 de las setenta y tantas ramas productivas.

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Hay otra comisión ya instalada con esta secretaría cuyo único objetivo es que en dos años el sector de la construcción -digo el sector, no estoy hablando de los constructores- exporte por lo menos 20% de sus bienes y servicios (hoy no exporta ni 3%).

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También por la crisis, hemos encontrado una actitud abierta en las autoridades de todos los niveles, empezando por el propio presidente de la república. Estamos encontrando un común denominador en la actitud, de escucha y coparticipación, y eso es importante. Por ejemplo, le comentamos al presidente algo que ya habíamos hablado con cada una de las dependencias que tienen relación con el sector -Secofi, SCT y Sedesol-: la integración de un consejo promotor del desarrollo del sector de la construcción, integrado por el sector público y el privado. El objetivo general es el desarrollo del ramo, pues al hacerlo no sólo se impulsa a 38 ramas industriales; también se genera una derrama de empleo en cascada. De cada empleo directo en la construcción se generan, en promedio, de cinco a seis empleos indirectos.

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Hay una queja reiterada de la CNIC con respecto a lo que llama "competencia desleal" del Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol). ¿A qué acuerdos han llegado con las autoridades?
Es un problema que ya habían señalado nuestros antecesores y que planteamos una vez más ante el presidente Ernesto Zedillo en un congreso realizado en Veracruz. Ahí mismo, él dio instrucciones a sus secretarios -estaban Carlos Ruiz Sacristán, Herminio Blanco y Carlos Rojas- de que hubiera apertura. Rojas aceptó que el sector organizado de la construcción, particularmente el micro, participe en esos programas. Los argumentos son evidentes: una mejor planeación y ejecución de la obra y en menor tiempo y costo. Además, con un derrama de impuestos y en seguro social.

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¿Cuál fue el compromiso?
Instalamos ya dos de las tres comisiones que queremos. Ya tenemos la de vivienda y la de desarrollo urbano -la de 100 Ciudades-, con Sedesol. Y estamos en proceso de instalación de la comisión que sería el Pronasol, pero con otro nombre. Yo creo que esto no se ha dado por razones políticas. El Pronasol se permeaba desde la Sedesol a los gobiernos de los estados, de éstos a los municipios y de ahí a las comunidades. Al parecer, el nuevo enfoque es que el programa vaya directo a las comunidades. Lo que estamos tratando de hacer es participar como en el programa 100 Ciudades, en donde en las 116 ciudades estamos instalando, o ya tenemos instalados, representantes de la CNIC, pero con la posibilidad de incidir en planeación y estudios económicos para orientar a las comunidades. Estamos seguros de que esto le dará trabajo a las microempresas. Esperamos convencer de esto a las comunidades. Nosotros podemos decirles: miren, aquí hay tres opciones, vamos a jerarquizarlas viendo qué es lo más importante; y vamos haciéndole análisis económico y de viabilidad. Y ya después de eso, que se haga un concursito entre tres constructoras micro o pequeñas. Hay que recordar que estas son un ingeniero o arquitecto, una secretaria, un maestro albañil y una camioneta, pero tienen la capacidad de planear, poner buenos materiales, hacer la obra y, además, de pagar impuestos.

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Cuando llegó la crisis, se estaba dando un cambio en el sector, derivado de la reducción en el presupuesto público. Ahora hay cierto optimismo por el acercamiento con el gobierno, que seguramente dispondrá nuevamente de recursos presupuéstales para la construcción. ¿Cuál es la diferencia, qué ha cambiado?
Antes de la crisis estaba en declive la inversión de la obra pública, y, cuando llegó, esta pendiente casi se volvió caída vertical. Si a eso le sumamos la caída vertical de la obra privada, tenemos la grave crisis que vive el sector. Ya íbamos de bajada y nos bajaron más rápido.

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Este plan de vivienda que anunció el presidente es un paliativo, no una solución. Ojalá y en términos reales se pueda hacer 50% de lo que se hizo el año pasado; lo dudamos, pero ojalá pueda hacerse en el segundo semestre. La solución total no está en los recursos del sector público. Está en el diálogo propositivo que estamos manteniendo.

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¿En el programa especial de vivienda ya hubo una intervención del sector a través de la CNIC?
Sí, participamos. Este asunto de la vivienda es parte del PND. Nuestra cámara participó en no menos de 50 a 60 foros en toda la república con respecto a este tema. Adicionalmente, hemos hecho estudios de vivienda con otras instituciones.

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