Fernando Senderos Mestre

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Es curioso, pero a veces la vida lo va llevando a uno. Así, el más chico de la familia Senderos tuvo que tomar las riendas de la fortuna familiar por una tragedia. Los primeros dos hijos de don Manuel Senderos Irigoyen, fundador del Grupo Desc, murieron en un accidente aéreo a principios de los años 70.

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Hasta entonces, el joven Fernando se había dedicado a cabalgar en sus caballos, a esquiar (en nieve y en agua) y a cosas como el salto de altura, del que fue campeón nacional infantil. Apenas estaba terminando sus estudios bajo la tutela de los Legionarios de Cristo en el Cumbres y luego en la Universidad Anáhuac, en donde se graduó como administrador de empresas.

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Así que la consigna de seguir la obra de su padre —un accionista de toda la vida en Seguros La Comercial, quien vendió su participación para formar su sueño, un grupo industrial en 1973— le costó trabajo al principio. Como dando rodeos, se fue acercando poco a poco, hasta que en 1987 el virtual retiro de don Manuel lo llevó finalmente a la presidencia de Desc.

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Para empezar, no dejó su afición por la equitación —gusto que, por cierto, nunca fue del agrado de los demás Senderos—, al grado de conquistar una medalla de oro en los Juegos Panamericanos y de participar en dos Olimpiadas, la última en 1984. Tal empeño le dejó otro recuerdito: la amistad con un par de esmerados jinetes: Carlos y Raúl Salinas de Gortari.

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Mientras este dúo dinámico se lanzaba a otras caballadas, Fernando Senderos se dedicó a aprender, en Desc, de su padre y de don Antonio Ruiz Galindo, al tiempo que se dedicaba a otros negocios, como el fraccionamiento y comercialización de lo que hoy es Bosques de las Lomas, en la ciudad de México. Su interés en el negocio de los bienes raíces ha influido en la mezcla de negocios de la corporación que preside, y que hoy es una de las principales desarrolladoras de Santa Fe, en la capital del país.

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Apenas se había acomodado en Desc cuando tuvo el dudoso honor de ser el primer gran empresario secuestrado en el sexenio salinista. El 4 de julio de 1988 iba rumbo a la ciudad de México, desde Chiluca, cuando una camioneta se le cerró. Otro coche le pegó por detrás. Acto seguido fue encañonado, atado, metido en una caja y llevado a una cueva, en donde estuvo encerrado 22 días, hasta que se pagó un rescate de $9 millones de dólares. Cinco años después, su nombre aparecería junto con el de otros 77 empresarios mexicanos en una lista de “secuestrables” de ETA, la organización terrorista vasca.

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De aquella experiencia, Senderos —como buen católico— salió con una serie de ideas sobre el valor de la vida, la sencillez, etcétera, según declara. Lo cierto es que también le dejó cierta renuencia por las entrevistas y las cámaras, a las que apenas hace poco ha ido regresando.

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Como amigo de Carlos Salinas, los suspicaces lo incluyen en la lista de multimillonarios que prosperaron durante su presidencia. Aunque, para ser justos, Senderos era un antiguo amigo del ex presidente y uno de los menos “beneficiados” con la venta de paraestatales que marcó el ascenso de Carlos Slim, Roberto Hernández, Alfredo Harp y demás. Él ya estaba en las grandes ligas, de hecho. Aparte de algunas plantas de menor tamaño para Desc, sólo entró con participación minoritaria en la compra de Banamex y con otra más importante en la de Inverméxico (Banco Mexicano), en apoyo de su dos veces cuñado Carlos Gómez (cada uno está casado con la hermana del otro). Este negocito financiero le acarreó pérdidas fuertes en 1995, hecho que fue compensado de sobra con el buen funcionamiento de la división química de Desc, altamente exportadora, con la cual ahora sí quiere entrarle a la privatización de la petroquímica.

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Aparte de sus donativos a la Universidad Iberoamericana, a la Anáhuac y al Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE), Senderos aporta una buena cantidad de fondos al Partido Revolucionario Institucional (PRI) en tiempos electorales, tal como lo hizo en febrero de 1994 cuando, como muchos más, hizo cola para saludar al entonces candidato a la presidencia, Luis Donaldo Colosio.

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Con casi 46 años de edad, Senderos se levanta a montar a las seis de la mañana y luego se dedica a sus negocios, que ha logrado ir desendeudando, luego de pagar una costosa modernización para abrirse paso en el extranjero. Como otros hombres de su clase, es un ávido coleccionista de arte y no deja de ser un deportista dedicado. Buena combinación para hacer negocios.

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