Financiamiento alternativo

Cuando la banca no otorga créditos, las alternativas formales e informales salen a relucir.
Alejandro Castillo

Uno de los problemas que enfrenta la banca en México es su incapacidad para financiar proyectos productivos, situación que se agravó a partir de la crisis que estalló a finales de 1994. La caída de la actividad económica y las altas tasas de interés impuestas para recuperar la estabilidad macroeconómica, tuvieron como consecuencia un fuerte crecimiento de las deudas incobrables, provocando graves problemas al sistema bancario del país. Aunque la autoridad acudió a su rescate, asumiendo pasivos por casi $80,000 millones de dólares, vía el Fobaproa y ahora el IPAB, el sistema quedó muy afectado.

- Como consecuencia, se debilitó el papel de intermediario financiero de la banca. Lejos quedó la función que en teoría debería desempeñar en estructuras económicas sanas: captar recursos del público ahorrador para canalizarlos hacia actividades productivas.

- Eso explica, en buena medida, los problemas que han enfrentado las empresas mexicanas para llevar a cabo proyectos productivos y modernizar sus plantas. Por fortuna, la ausencia de una banca comercial eficiente no ha significado la paralización de la economía.

- A la busca de opciones informales
En respuesta a la escasez de crédito por parte de la banca, comercial y de desarrollo, se generaron opciones alternativas, las cuales han permitido mantener en operación a las empresas.

- Aunque esa situación ya se conocía, según una encuesta que realiza trimestralmente el Banco de México desde 1998, acerca del mercado crediticio, durante octubre-diciembre de 1999, el porcentaje de empresas que tuvo que recurrir a sus proveedores para obtener financiamiento representó casi 50% en promedio. Como era de esperar, el porcentaje de empresas que recurren a esta forma de financiamiento aumenta si se trata de empresas chicas, donde llega a 57%, y disminuye en el caso de firmas grandes, donde sólo 26% recibe apoyo de sus proveedores.

- En la encuesta se observa que, en el cuarto trimestre, 38% de las empresas recibió algún financiamiento bancario, la mayor parte para capital de trabajo y sólo 16% para inversión. De las que no utilizaron crédito bancario, 37% fue por las altas tasas de interés y 18% por la negativa de las instituciones.

- Esas cifras sólo confirman lo que, según Francisco Caballero, gerente de Estudios Económicos de Canacintra, se ha convertido en parte de la experiencia diaria de las empresas. “A falta de crédito bancario, se ha desarrollado el financiamiento entre clientes y proveedores, hasta llegar a la situación general en que todo mundo le debe a todo mundo”.

- Paradójicamente, en una economía en que la banca no cumple con sus funciones por falta de confianza, en las cadenas productivas se hacen negocios de “saliva”, como los califica Caballero. “Se dejan notas de remisión, promesas de pago, que no tienen validez legal, pero que cumplen con la función de ser un instrumento crediticio cuya única validez es la confianza”.

- Esta forma de apoyarse surge en diferentes momentos y de muchas maneras. “La mayor parte inicia con negociaciones directas de postergación de pago, créditos a la palabra, la aceptación de cheques sin fondos o posfechados, todo con tal de seguir operando”.

- Sólo que se deben reconocer algunos problemas. “Aunque funcione la cadena, no se puede comenzar un nuevo ciclo de producción si no se ha cerrado el anterior. En esos casos, excepcionalmente se recurre al sistema financiero. También se debe tener claro que no se trata de una opción formal y tiene como defecto que pone en riesgo a todos los que deben, porque si el último no cobra, se cae toda la cadena”.

- La lógica del esquema reside en que, a pesar de que implica un alto costo financiero, que repercute en los precios, resulta más barato que el financiamiento que ofrece la banca, donde además la experiencia de las micro y pequeñas empresas es que les niegan los recursos.

- Por otra parte, se debe apuntar que en el caso de las empresas micro, las dificultades de financiamiento llegan a propiciar incluso un intercambio tipo trueque. Homero Reséndiz, un pequeño distribuidor de partes automotrices en la zona conurbada de la Ciudad de México, se ha visto obligado a recibir en pago plantas de soldar o tablones de madera, que luego vende: “Aunque me alejo de mi actividad principal, el objetivo es mantenerme en operación con la intención de ganar dinero para el gasto cotidiano de la familia”.

- También están las tandas y las cajas de ahorro y préstamo, que a partir de la experiencia cotidiana, en algunos lugares han cobrado una gran importancia como fuente de financiamiento. El problema de las primeras es que no garantizan la oportunidad y en el caso de las segundas tienen tasas muy altas.

- Los esquemas formales
La ausencia de financiamiento bancario obliga a hacer un uso más intenso de otras fórmulas que ya operan incluso en economías con sistemas financieros sólidos. Es el caso de las empresas de financiamiento automotriz, para apoyar la venta de vehículos, y hay algunas que como Ford Credit, ya se encuentran muy bien posicionadas. También están los autofinanciamientos, que como Afasa, de Volkswagen, tienen una larga trayectoria.

- Asimismo, se tienen innumerables ejemplos de empresas, sobre todo en el ramo de las telecomunicaciones, que apoyan financieramente a sus distribuidores para ganar participación en el mercado. En esa rama, empresas como Nortel, Cisco, Lucent Technologies y Anixter, por mencionar algunas, tienen programas de respaldo a distribuidores que van más allá de la capacitación, un costo que asumen las propias desarrolladoras de tecnología.

- En ese campo destaca el programa de Desarrollo de Proveedores que opera Nacional Financiera (Nafin). “Es importante aclarar —dice Patricio Marcos, director de Promoción y Asistencia Técnica de Nafin—, que si bien ese programa no persigue resolver el problema de financiamiento de las empresas, sí tiene características que pueden resultar positivas para ello”.

- Agrega que, a diferencia de programas semejantes que se aplican en otros países, el de Nafin considera no sólo la asistencia técnica y capacitación para mejorar precios, calidad, tiempos de entrega y cómo diseñar nuevos productos, sino también aliviar los problemas de financiamiento de los micro, pequeños y medianos proveedores.

- En 1999 la aplicación de ese programa significó la derrama de $3,600 millones de pesos y para este año se espera operar $3,750 millones. Durante la vigencia del programa se han apoyado más de 5,000 empresas con $800 millones de dólares; si bien es poco, también es cierto que el esquema mismo garantiza una relativa permanencia de las empresas incorporadas.

- Aparte de los esquemas generales de Nafin, Marcos apunta: “Hemos desarrollado el fideicomiso AAA, en el que se conjuntan recursos de la institución y de la gran empresa; ahora sólo se aplica a las empresas que cotizan en bolsa, pero se está diseñando un fideicomiso para las que no están ahí”. Incluso, 14 empresas de Monterrey que tienen proveedores comunes, ya pidieron a Nafin se diseñe un fideicomiso para sus condiciones y necesidades. Cemex es una empresa que desde 1997 puso en marcha su fideicomiso y actualmente lo aplica con éxito, tanto para respaldar a proveedores como distribuidores.

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- Por otra parte, dice Marcos, “el programa de desarrollo de proveedores tiene la ventaja de formar una experiencia crediticia y un respaldo productivo que bien podrían ser aprovechados por los bancos —algunos ya participan en el programa—, ya que se cumple con el objetivo de financiar proyectos, no el financiamiento de garantías. ¡Qué más proyecto viable que un proveedor de una empresa clase mundial!”

- Mientras la banca recupera su capacidad de financiar a la economía, el país vuelve a un fenómeno conocido. El ingreso de divisas ha contribuido a fortalecer al peso, ayudando a reducir la inflación y las tasas de interés, de manera que hay bancos, como Bancomer, que dejando de lado las advertencias que hicieron los mismos funcionarios gubernamentales acerca de no caer en una falsa bonanza, ya están ofreciendo tarjetas de crédito sin comprobante de ingresos. ¿Será posible que se repita la historia de una relativa jauja para luego volver a la sequía y ausencia de crédito?

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