Finanzas desvitaminadas

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Alejandro Villagómez

El sector financiero juega un papel importante en el crecimiento económico al coadyuvar a una eficiente movilización de recursos -entre ahorradores e inversionistas. El acelerado proceso de globalización económica y financiera experimentado por la economía mundial agrega nuevos elementos a las funciones tradicionales de este sector, como son los inversionistas institucionales, la globalización de los portafolios, el desarrollo de derivados y coberturas de riesgo, así como un incremento en la competencia y en la necesidad de aumentar la eficiencia de los participantes.

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Esto último es especialmente importante, ya que la nueva estructura financiera mundial ha transformado los costos asociados a los servicios, reflejando el advenimiento de nuevas tecnologías para el procesamiento de transacciones o manejo de riesgos. En los últimos años, la industria bancaria de muchos países industrializados ha reducido sus costos de operación al menudeo mediante la automatización y reducción de personal. Sin embargo, este sector se mantendría aún en desventaja frente a las sociedades de inversión, en donde los fondos en el mercado de dinero implican costos administrativos tan bajos como de 0.3% de sus activos. Otros cambios importantes se han dado en la negociación de valores, en donde las comisiones ahora son determinadas competitivamente. Finalmente, también se observa una sustancial compresión de los spreads en los mercados de capital más importantes del mundo.

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En este entorno debe ubicarse al sector financiero mexicano, y al bancario en particular, en su esfuerzo por formar parte de esta globalización. Si bien es cierto que nuestro sistema ha sufrido importantes modificaciones desde finales de la década pasada, también es cierto que su situación actual aún deja mucho que desear ante este contexto internacional. La fragilidad del sistema bancario, que se hizo patente a partir de diciembre de 1994, aún no ha sido superada y parece que requerirá de varios años más para poder hablar de un sistema bancario sólido, competitivo y eficiente. Las modificaciones observadas a partir de 1995 han sido relativamente lentas y problemáticas, tanto por las propias condiciones del sector como por los efectos de las crisis externas en 1997 y 1998. Se han realizado algunos cambios legales e institucionales, pero también se han rezagado otros, afectando negativamente la competitividad y eficiencia del sector. Por ejemplo, el largo proceso de negociación e implementación del rescate bancario ha contribuido, entre otros factores, a que su costo aumente, estimándose actualmente en cerca de 20% del Producto Interno Bruto (PIB).

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Pero lo más preocupante es que se inhibe su función crucial como intermediario eficiente de los recursos en la economía. En los últimos años, la canalización de crédito de la banca comercial al sector privado ha disminuido en términos reales. Esta situación no sólo refleja prudencia ante un marco institucional y legal que aún no garantiza plenamente la recuperación de recursos, sino que también es una muestra de la debilidad del sector bancario, que todavía no termina de superarse.

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No obstante los programas de apoyo a deudores, la cartera vencida del sector es sustancial. Aunque los índices de capitalización han venido aumentando, todavía son poco confiables, ya que la calidad del capital básico del sector es baja y subestima el problema de insolvencia. Un porcentaje importante de este capital está compuesto por impuestos diferidos, que representan pérdidas fiscales registradas por los bancos en ejercicios anteriores. También se incluyen obligaciones subordinadas convertibles, así como inversiones en acciones, sin considerar si son complementarias o no a su actividad. Recientemente, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) anunció modificaciones a estas reglas contables que aplicarán a partir del año 2000 y que reducen sustancialmente los porcentajes máximos de estos conceptos que podrán ser incluidos en el cálculo del capital básico. Esta reducción de 100% a rangos entre el 0 y 20% se implementará en un lapso de cuatro años. Esta medida, que es muy necesaria, permitirá una mayor transparencia de la contabilidad bancaria de acuerdo a estándares internacionales, pero también presionará a algunas instituciones, las cuales deberán buscar recursos sanos para su capitalización.

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Existe un consenso de que los retos futuros que enfrenta el sector son muchos, y es urgente continuar y concluir su reestructuración y consolidación. Debe contarse en el mercado local con instituciones financieras con experiencia internacional, lo que asegurará que los efectos positivos se retroalimenten con el resto de la economía. Un negocio de servicios financieros adecuadamente manejado depende del capital humano y de la existencia de incentivos racionales a nivel individual, institucional y para el conjunto de la economía. Dados los cambios acelerados que se observan en el entorno financiero mundial, es claro que este proceso conducirá a que, como en un proceso darwiniano, sólo los más aptos se mantengan en operación.

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Para la banca mexicana los retos son mayores. Además de que es urgente que resuelva sus propios problemas de capitalización, insolvencia y calidad de cartera, deberá simultáneamente adecuarse aceleradamente a las nuevas condiciones internacionales. Por ejemplo, la historia nos ha enseñado que el éxito en diversos sectores ha descansado en su capacidad para incrementar su productividad a través de mayor eficiencia y control de calidad, por lo que los costos seguirán jugando un papel central. Lo mismo puede decirse de la tecnología, en la medida en que conlleve a economías de escala cuyos efectos se traduzcan en ganancias de productividad. En diversos mercados desarrollados se observa una importante disminución de comisiones y aumentos de productividad en la negociación de instrumentos y valores. También es importante mantener un nivel adecuado de fuerza humana calificada para realizar la prestación de servicios eficientemente. Finalmente, la autoridad también debe ajustarse a los cambios derivados de la globalización, que implican una creciente movilidad de factores, instituciones y recursos. En la medida que los reguladores puedan adaptarse a estos cambios, el funcionamiento del sector financiero será más eficiente y sólido.

F. Alejandro Villagómez
es editor de la revista Economía Mexicana, CIDE.

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