Finanzas públicas <br>El juego de los a

Todo es engañoso. Si los indicadores de crecimiento se comparan contra 1995, año de la crisis, los

Las finanzas del sector público parecen vivir una extraña contradicción. Mientras el capital y las inversiones aparentemente escasean en un número importante de - sectores productivos, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) anunció no hace tanto que sus arcas arrojaron un superávit por $14,457 millones de pesos entre enero y junio de 1996.

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Este monto —suficiente para cubrir el presupuesto total para este año de la Presidencia de la República y las -secretarías de Gobernación, Relaciones Exteriores, Comercio y Fomento Industrial, Turismo y la propia SHCP— -es 44.8% inferior en términos reales, tomando en cuenta los efectos de la inflación, al registrado en la primera mitad de 1995, con lo que podría inferirse que el gobierno comenzó a soltar el gasto.

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Ahora bien, la SHCP no destacó en su más reciente informe trimestral que el superávit público registrado en marzo fue de apenas $1,500 millones de pesos, lo que significa que multiplicó por nueve el balance a favor en sólo tres meses, pese a la demanda de gasto que exige la recuperación.

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¿Petróleo de nuevo?
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La complejidad y magnitud de la crisis obligó al gobierno y, en general, a los sectores productivo y social, a jerarquizar prioridades. Obtener ingresos era una de ellas.

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Cuando el gobierno dio a conocer que todo marcha sobre rieles en las finanzas públicas, no puso mucho énfasis en el origen de los ingresos. Estos sumaron $255,944 millones de pesos y reportaron una caída de 4.3% respecto del primer semestre de 1995.

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Sin embargo, al ir más lejos se observa que renglones clave, como el cobro de impuestos, retrocedió más de 10% en términos reales en la primera mitad de 1996. ¿Cómo consiguió entonces el -gobierno cerrar el semestre con ese superávit público? Con el petróleo, por supuesto.

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Luego de condenar una política “propetróleo”, que dio abundancia a México durante los 70 y principios de los 80, para luego sumirlo en una crisis, el gobierno decidió olvidarse de las bondades del petróleo y diversificar sus ingresos. Actualmente, más de 60% de lo que percibe el sector público proviene de fuentes distintas a la explotación del oro negro. Sin embargo, este año se ha convertido en el as debajo de la manga del gobierno.

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Para fortuna de éste, el precio internacional del barril de petróleo se encuentra aproximadamente $1.2 dólares arriba del pronóstico de las -autoridades, lo que permitió que los ingresos de Pemex en el periodo enero-junio de 1996 fueran 18% superiores en términos reales a los -percibidos en el mismo lapso del año previo.

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Comienzan las “buenas noticias”
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Si se observaran en primera instancia las cifras del Producto Interno Bruto (PIB) obtenidas durante el segundo trimestre de 1996, se tendría más que claro que el gobierno está comenzando a soltar el gasto público.

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Después de todo, la economía creció 7.2% durante el segundo trimestre del año. Esto le garantiza cumplir -holgadamente la meta de crecimiento de 3% para todo el ejercicio 1996.

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No obstante, y como bien lo dijo un banquero español que trajo recientemente a México “la nueva cultura europea de la banca” —que con tres letras en el logo está arrasando con el mismo número de instituciones de crédito nacionales—, “el gobierno mexicano tendría que comparar el crecimiento de 1996 contra el de 1994, antes de la crisis, no contra 1995, donde la base se convierte en la referencia más baja que haya tenido el país en muchos años”.

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Cierto, porque el crecimiento del PIB sumó 7.2% en el periodo abril-junio de 1996 y en algunos rubros, como el industrial, rebasó 11.5% pero, ¿qué habría sucedido si estas cifras se compararan contra 1994? De acuerdo con la Jefatura de Economía del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), a cargo de Isaac Katz, el PIB cayó aproximadamente 3.7% durante el segundo trimestre de 1996 con respecto al mismo lapso de 1994.

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Y hay que ir más lejos. Si se compara el crecimiento de la economía durante el primer trimestre de 1996 con el del mismo periodo de 1995, se obtendrá un retroceso de 1.9%, lo que en buen español significa que la caída del segundo trimestre es todavía más abrupta que la del primero, si se descuentan los efectos de la crisis.

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¿Qué se espera para el tercer trimestre?
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Nuevamente existirán crecimientos espectaculares, como resultado de la base de comparación de 1995, que, como ya se dijo, es muy baja debido a la crisis. Así, el PIB podría avanzar entre 11 y 12% durante el periodo julio-septiembre, lo que suena muy bien para las cifras públicas, pero -equivaldría a un crecimiento de apenas 1.3% respecto del tercer trimestre de 1994.

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Por otra parte, los sectores que crecen de manera acelerada luego de la crisis tienen siempre una característica común: la exportación. La devaluación del peso frente al dólar necesariamente tendría que traducirse en un incremento de las ventas de aquellas empresas que producen para abastecer demanda externa, por la simple razón de que abaratan sus productos; en el caso de México, casi 100% en menos de un mes.

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Sin embargo, todas aquellas industrias que no están vinculadas con las ventas al exterior o que producen bienes o servicios para el consumo interno se encuentran en severos aprietos.

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Adicionalmente, otros indicadores básicos para medir la recuperación y salud de una economía tampoco presentan buenos signos vitales. Uno de ellos, el desempleo, no presenta mejoras en estos meses ni lo hará hasta que concluya 1996, por lo que las cifras espectaculares de crecimiento del PIB cobran poco significado, pues no hay plazas suficientes y el salario ha perdido más de 17% de su poder -adquisitivo en lo que va del año.

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Así, independientemente de la validez de mantener un superávit público elevado en una coyuntura de crisis que exige la dinamización del gasto, lo cierto es que la economía no conseguirá hasta mediados de 1997 regresar al nivel que tenía a finales de 1994, cuando los “errores de diciembre” cambiaron para México la perspectiva del fin de siglo.

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