Fito, el claridoso

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Con esos chinos delirantes, es casi una broma que para Fito Páez caminar sin ser reconocido sea sinónimo de libertad. Porque esa cabeza llama la atención, y no sólo por lo que la adorna. Para contar su última obsesión no le bastó una canción, le tomó siete años realizar la cinta Vidas privadas, que compitió en la XVII Muestra de Cine Mexicano de Guadalajara.

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De estar vivo
-Me lo sigo preguntando a los 38 años. Supongo que lo primero es no tratar de interpretar, sino de actuar. Cuando me veo de fuera, veo un tipo escribiendo, sentado al piano. También pienso, pero es la parte que menos me interesa del mundo.

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De la creación
-Prefiero los instantes de ráfaga. No es cierto que uno hace las cosas. Me dejo atravesar por las ideas y trato de estar atento a cuándo pasan, para agarrarlas. Hay veces que no sucede nada porque no estás listo. He aprendido la paciencia y el gozo. Me siento incompleto sin el oído del otro.

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De los años
-Cada concierto es liturgia, es un momento espiritual y del cuerpo, estás con todo y con toda la gente. Tiene algo muy bello, yo termino muy pleno. No quiero que se vayan estos años. Me parece injusto que el cuerpo se apague.

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De la libertad
-Quiero mis propias cárceles, las que me invento, las que cargo; me gustan. Libertad es una palabra muy grande, trato de pensar en chiquito, en la independencia de pensamiento, de acción.

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Del agradecimiento
-Soy afortunado por estar vivo ¿sabes? Ese bichito de mi padre con ese ovulito de mi madre… podría haber entrado cualquier otro, así que tengo suerte, tenemos suerte.

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