Fobaproa: solución a la vista

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Vaya. Parece que finalmente el sentido común se impone en el tan llevado y traído asunto Fobaproa. Las recientes propuestas del PAN y PRI tienen las suficientes coincidencias como para pensar en una solución negociada, a corto plazo, que rompa con el entrampamiento en que se había caído tras el rechazo al plan gubernamental.

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Sin pretender avalar gratuitamente la postura de un partido, creemos que la propuesta del PAN –presentada por Felipe Calderón, su presidente se acerca más a una solución integral a la crisis bancaria que vive México. Es de elemental justicia que los costos del rescate se repartan según las responsabilidades que corresponden a todas y cada una de las partes. Suena bastante realista y, sin dejar de lado los hechos de impunidad, no se queda sólo en la denuncia pública de irregularidades.

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Un programa de rescate serio debe, por fuerza, incluir una solución de fondo de las carteras vencidas. Más que caer, por un lado, en la simpleza de socializar los costos o, por otro, de provocar la quiebra del sistema bancario, la única iniciativa viable y justa es incluir quitas a los deudores –sobre todo a los pequeños– que de buena voluntad han intentado cubrir sus compromisos, pero que fueron rebasados por una situación jamás prevista a la hora de solicitar sus préstamos. Esto, por supuesto, sin subsidios onerosos para la sociedad, por lo que es muy importante asignar la máxima responsabilidad posible a los bancos y a los deudores incumplidos en la recuperación de los créditos.

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Para que el proyecto funcione hay que crear y reformar leyes. Está más que visto que la actual Ley de Quiebras y Suspensión de Pagos se encuentra lejos de la realidad de este país. Asimismo, algunas leyes civiles, mercantiles y penales son demasiado laxas con los delitos de cuello blanco.

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Sin embargo, al mismo tiempo debe buscarse fortalecer al sistema financiero mexicano con medidas que contribuyan a reforzar su misión y hacerlo mucho más eficiente. Si pretendemos, como país, trazar un camino de desarrollo sostenido, ello resulta impensable con los actuales márgenes de intermediación de la banca, sobre todo cuando las presiones de los mercados internacionales ya han golpeado los niveles de las tasas de interés y amenazan con afectar considerablemente la marcha económica de México.

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El tiempo apremia. La propuesta panista tiene, a nuestro juicio, elementos suficientes para ser considerada como la opción conciliadora, que reparte de manera más equitativa los costos y con bases técnicas y legales suficientes para llevarse a cabo en el muy corto plazo. Cabe esperar ahora que los actores políticos cedan en sus propias pretensiones partidistas. De nada sirve, en las frágiles condiciones actuales, la propaganda oficial –vía la Comisión Nacional Bancaria y de Valores– que destaca el carácter legal", "oportuno" y "responsable" de las medidas impulsadas por las autoridades financieras. Lo mismo aplica para las declaraciones espectaculares e irresponsables, que sólo cierran las puertas a una salida negociada y congruente con las circunstancias del México de fin de siglo.

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