Fox: entre la realidad y el deseo

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Alfonso Zárate

Transcurrido octubre, el presidente electo no había cumplido la promesa de hacer público, meses antes del primero de diciembre, su equipo de gobierno, compromiso que buscaba romper con una de las tradiciones del antiguo régimen (tapadismo, suspenso y cargada) y redefinir los nuevos tiempos y mecanismos de un ejercicio presidencial que se quiere transparente, democrático.

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Se trataba, en última instancia, de un guiño más formal que sustancioso, de estimular la sensación de que tras un “nuevo gobierno” vendrían nuevas formas, prácticas y usos políticos. Tal parece, sin embargo, que conoceremos a todos los hombres (y mujeres) del presidente hasta la víspera de su toma de posesión. Como antes. Como siempre.

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Este episodio menor puede darnos una idea de las dificultades que enfrentará la administración para convertir en hechos las promesas; una muestra del abismo que separa a la terca realidad de las mejores intenciones.

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No ha sido este el único embrollo en el proceso de transición con alternancia. Algo similar ocurre con el cúmulo de reformas y novedades político-administrativas que durante meses lanzó el equipo de relevo.

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Pocas semanas después de haberse presentando, hoy se sabe que muchas de estas propuestas deberán esperar tiempos mejores. Los impedimentos legales, la estrechez presupuestaria y el delicado equilibrio legislativo, así como un clima político no propicio para transformaciones radicales, han orillado a Fox y “sus amigos” a tomar con prudencia o resignación los límites del cambio. De otra forma se correría el riesgo de perturbar la de por sí frágil “transición de terciopelo”.

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No está mal que la nueva clase gobernante, los super gerentes, empiecen a reconocer la diferencia entre lo posible y lo deseable. Lo que llama la atención, empero, es que un grupo que durante años se “preparó” para ganar el poder, no haya desarrollado una estrategia más fina y consistente para neutralizar los obstáculos previsibles.

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El pecado de ligereza o imprevisión podría derivar en un desgaste anticipado del presidente Fox y su equipo de gobierno. Si en las primeras acciones de la nueva administración no se dan señales positivas, de ruptura racional y continuidad deseable, de cambio con rumbo, no durarán demasiado los “bonos” de la democracia.

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A partir del primero de diciembre, el apoyo social del nuevo gobierno, ganado en las urnas bajo las banderas del cambio democrático y la renovación de nuestra vida pública, enfrentará el examen cotidiano de la realidad.

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El autor es director general de Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C

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