Fox vs. Blair

El Presidente del país llevó ejecutivos del sector privado al público; el primer ministro inglés
Vidal Llerenas*

Aunque usted no lo crea Tony Blair, el primer ministro británico, y Vicente Fox, el mandatario mexicano,  tienen algo en común: los dos prometieron mejorar de manera radical la calidad y eficiencia de los servicios públicos en sus respectivos países. Ambos dijeron que la manera para lograrlo no sería su privatización, sino reformar las agencias públicas para adoptar prácticas similares a las compañías particulares. La verdad es que ninguno ha cumplido del todo con sus propuestas, pero por lo menos el inglés sí ha iniciado su programa de reformas. Además de incrementar los impuestos para financiar la mejora de los servicios con alrededor de $100,000 millones de dólares adicionales, el gobierno laborista ha tenido un sorprendente éxito en captar a exitosos administradores privados. Los ejecutivos han dejado firmas como McKinsey y Cap Gemini-Ernst & Young para involucrarse en proyectos del sector público, a pesar de que los sueldos no son siempre mejores y la presión es mucho mayor. Se dice que la última ocasión que pasó algo similar fue con la burbuja de internet.

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La clave parece estar en venderles a los directivos talentosos lo estimulante que es enfrentarse a instrumentar las soluciones que se requieren para resolver los problemas públicos. Es también importante asignar al ejecutivo que viene de la empresa privada las tareas que sabe hacer mejor, las de carácter técnico, no involucrarlo en el aspecto político de la solución de los conflictos. En México, en cambio, el fracaso es evidente. No solamente se incorporaron muy pocos miembros del sector privado al gobierno, sino que los que lo hicieron participan más en los procesos de negociación política que en la administración de los servicios. Por supuesto, los resultados son pésimos.

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Quién en qué puesto
Los laboristas saben que su futuro depende de qué tanto puedan cumplir la promesa de ofrecer mejores servicios públicos. Eso significa cosas muy concretas: reducir las listas de espera en el sistema de salud, mejorar los resultados de los exámenes en las escuelas estatales, bajar los índices de criminalidad, recobrar la puntualidad de los trenes, reducir los indicadores de contaminación. Blair y su gabinete saben que para realizar sus ofertas no basta con invertir más recursos, sino también utilizarlos de manera adecuada. Con esa finalidad están buscando en el mercado laboral quién desempeñe funciones como director of delivery, director of performance measurement o director of research and innovation. El sólo nombre y definición del puesto de trabajo despierta interés entre quienes han realizado trabajos similares en una firma o tienen el potencial para hacerlo. El gobierno británico ha sabido aprovechar el hecho de que trabajar para una gran multinacional ha dejado de ser tan atractivo como lo fue en el pasado, para vender la idea de que ahora los retos intelectuales y el prestigio se encuentran en el sector público. La crisis en los gobiernos corporativos y la caída en el valor de las acciones de muchas agrupaciones han deteriorado la reputación y los beneficios que antes recibían los altos ejecutivos en las grandes corporaciones.

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Uno de los problemas obvios a los que dicha estrategia se ha enfrentado es el hecho de que las habilidades no son automáticamente transferibles entre ambos sectores. Las agencias del gobierno demandan un estilo más consensual de actuar y tomar decisiones. Además, son muchos más los actores involucrados en la administración de los servicios públicos y es necesario rendirle cuantas a todos: se trata de un medio en extremo complejo. Por eso las más prestigiadas agrupaciones de recursos humanos se están disputando el mercado, no solamente con el fin de encontrar a los hombres y mujeres adecuados para realizar dichas tareas, sino con la intención de ofrecerles el entrenamiento pertinente que les permita llevar sus habilidades de un sector a otro.

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En México, el gobierno de Vicente Fox dijo haber recurrido al servicio de profesionales para reclutar personal, pero en los hechos todas las personalidades provenientes de la iniciativa privada que se incorporaron a la administración tenían una historia previa de militancia partidista o de gran cercanía con grupos empresariales que simpatizaron con la candidatura del mandatario. El fracaso de la medida es tal que el anuncio de que se utilizarían cazadores de talento para llevar personas capacitadas al gobierno se ha convertido en una broma nacional.

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La incorporación de ejecutivos en el gobierno británico se ha dado en las áreas de operación de los servicios, en donde pueden utilizar su experiencia y conocimiento para atender a los clientes y resolver sus problemas. Nadie pretende que ellos se encarguen del diseño de las políticas, actividad reservada a los expertos que pertenecen al servicio civil de carrera; mucho menos que definan las metas de las mismas, lo que en cualquier democracia corresponde a los políticos. En el sistema del Reino Unido los responsables de los ministerios tienen que ser miembros del parlamento. Los ministros, secretarios y secretarios junior son políticos que han ganado la elección en su distrito y que a lo largo de los años han participado en los comités legislativos de un tema en particular. Ellos establecen los objetivos generales y desarrollan las estrategias para llevarlos a cabo. En el servicio civil se diseñan los instrumentos de política que se requieren y, bajo el nuevo esquema promovido por los laboristas, los gerentes provenientes del sector privado se encargan de tareas como administrar los hospitales, habilitar los programas de reentrenamiento, mejorar los procesos que utilizan los cuerpos policíacos u operar proyectos de reutilización de desperdicios.

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En México pasa lo contrario. Algunos directivos que se habían desempeñado en el sector privado fueron nombrados como secretarios en varias dependencias. En su trabajo se han enfrentado a tareas que desconocen por completo y para las que no fueron preparados. Tienen que cabildear sus propuestas en el Congreso, tratar con los medios, negociar con partidos, gobernadores, sindicatos, etcétera. Los fiascos han sido la regla y los éxitos la excepción.

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El titular de Comunicaciones y Transportes no fue capaz ni de salvar a tiempo el proyecto del aeropuerto, ni de ofrecer una alternativa cuando el plan de Texcoco fracasó, ni de mostrar firmeza e imparcialidad en el conflicto entre CNI y TV Azteca. El secretario de Energía no ha logrado avanzar un ápice en la reforma eléctrica y el de Agricultura se ha encomendado a Dios para lograr el famoso acuerdo nacional en el sector. Curiosamente, en áreas como el Turismo, en donde las tareas se asemejan más a la administración y a la provisión de servicios, las cosas parecen ir mucho mejor.

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La clave de la descentralización
Como parte de su programa, el gobierno británico está promoviendo una reforma en la operación de los mandos municipales, con la idea de que mejoren la calidad de los servicios que ofrecen. Periódicamente, cada jurisdicción publica y envía a sus ciudadanos una serie de indicadores y de encuestas, establecidos por el gobierno central, que muestran con claridad su desempeño en las funciones que claramente les corresponden a las administraciones locales. El dinero y los votos siguen a los ediles que acrediten mejores resultados. Lo anterior ha generado que los ayuntamientos también busquen contratar personal de alto nivel para que les ayuden a mejorar la provisión de sus servicios.

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Un caso particularmente exitoso de la participación de talento originalmente privado en el gobierno local es la política de cobro a los vehículos que circulan por la zona central de Londres. Para resolver los problemas del exceso de tráfico en la capital inglesa. Ken Livingstone, conocido como el rojo por las posiciones izquierdistas que lo llevaron a salir del partido laborista y ganar como independiente la alcaldía de la ciudad, utilizo los servicios de la firma Veredus –quien compite con KPMG por el mercado de ejecutivos británicos–, la cual le recomendó contratar a Bob Kiley, un experto en transporte con  ideas particularmente innovadoras. El resultado es que la política de transporte de Livingstone es tan buena que la revista The Economist, normalmente un medio ferozmente crítico del alcalde, la considera como el modelo ha seguir por las grandes urbes en todo el mundo.

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En México, en cambio, se descentralizaron funciones y recursos sin que se definiera con claridad a qué nivel de gobierno le corresponde la administración de cada servicio. Lo que sucede es que normalmente un nivel de gobierno culpa al otro de los problemas, en lugar de concentrar sus esfuerzos en mejorar la calidad de su oferta. Tampoco se ha generado un sistema de evaluación que permita mostrar al votante el desempeño de cada entidad, ni otro de recompensas que premie a los más efectivos. Las administraciones locales crean sus propios mecanismos de medición, de tal forma que nunca se hagan evidentes sus errores. Igualmente, se puede exigir recursos al gobierno federal sin acreditar su buen uso. Sin incentivos, la calidad en los servicios y sus resultados no importan mucho, por lo que tampoco es una prioridad contratar a personal con las capacidades necesarias para resolver los problemas de los clientes, que en este caso no pueden castigar al proveedor de los servicios. Mejor se pagan comerciales en la televisión  para hacer creer a los votantes que la gestión gubernamental funciona.

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Ni Blair ni  Fox han logrado aún convencer a sus electores de que son buenos administradores. Sin embargo, los ciudadanos ingleses, si bien aún sufren las enormes tardanzas de los trenes y de las listas de espera en los hospitales, por lo menos comienzan a experimentar soluciones novedosas a sus problemas. Tal vez sea por eso que en la pasada elección votaron de manera masiva por los laboristas. El primer ministro le ha apostado su futuro al talento de origen privado para entregarle al público los resultados que prometió. Por lo pronto ha logrado que una buena cantidad de ejecutivos provenientes de firmas de gran renombre se encarguen de instituciones públicas famosas por su ineficacia. Ha hecho que trabajar para el gobierno esté de moda. Supongo que en México algo podemos aprender de eso.

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* El autor es candidato a doctor en política pública por la Universidad de York, en Reino Unido.

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