Fox: ¿Zedillo <i>reloaded</i>?

En su Quinto Informe, el presidente hará énfasis en la democracia, la igualdad de poderes y el cam

Vicente Fox ha dedicado buena parte de su gobierno a intentar diferenciarse del pasado priísta. Para su disgusto, su herencia será la misma de Ernesto Zedillo: democracia y un cambio de gobierno sin sobresaltos económicos. Ambos objetivos son encomiables, pero están muy distantes de los designios que el mismo Fox se fijó al inicio de su gobierno.

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La reivindicación democrática es ya evidente en los anuncios publicitarios del Quinto Informe de Gobierno. La campaña busca proyectar un mayor y mejor entendimiento de las tareas de la institución presidencial en un contexto democrático, y trata de delimitar los alcances y límites de la misma. Los anuncios de Fox se difunden con la esperanza de que la ciudadanía finalmente comprenda la verdadera naturaleza de su gobierno y, al hacerlo, le otorgue su respaldo y simpatía. La presidencia, nos dice Fox, ya no es primordialmente una institución para construir, sino para conservar. Es una institución del statu quo que no de transformación, y por ello se abstiene de cabildear e incluso imponerse al Poder Legislativo.

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A pesar de que esta visión de la presidencia y la democracia mexicana es plausible, el nuevo discurso de Fox es un triste final para el gobierno del cambio. La incapacidad para realizar alianzas y acuerdos políticos se disfraza con una retórica democrática que resulta discutible. A fin de cuentas, la excusa por la ausencia de cambios es la democracia. Muchos podemos concurrir con el diagnóstico, pero en boca de este gobierno suena oportunista. El presidente ve en la democracia el tronco que puede evitar el hundimiento de su gobierno, por lo que no vacila en asirse a él. Sin duda es un tronco fuerte, pero habrá que esperar y ver cómo enfrenta el juicio de la historia.

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En estas circunstancias, es probable que el mensaje político del Quinto Informe se centre en más y más democracia. Libertad de expresión, libertad de información, competencia electoral y equilibrio de poderes serán constantes del discurso presidencial. El presidente dirá: “Los ciudadanos no quieren un poder absoluto y autoritario. Tampoco quieren que uno de los tres Poderes de la Unión avasalle a los otros dos. Quieren contrapesos y controles que eviten excesos y arbitrariedades”. El problema, desde el punto de vista ciudadano, es que esta retórica es muy familiar, la hemos oído antes, por lo que carece de credibilidad. La cita de líneas atrás, por ejemplo, proviene del Quinto Informe de Gobierno de Ernesto Zedillo (1999). La retórica de Zedillo y de Fox van de la mano.

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Es previsible, entonces, que la opinión pública asista y observe al espectáculo del Quinto Informe con incredulidad. Una encuesta nacional de Ipsos-Bimsa, por ejemplo, indica que la mayoría de los mexicanos, 56%, cuando escucha un informe de gobierno no cree en la palabra presidencial.

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Si bien el mensaje del Ejecutivo no tiene gran éxito entre el público mexicano, también es cierto que va dirigido a otras audiencias, ya sea “el círculo rojo”, el establishment político, la clase empresarial o los inversionistas extranjeros.  Estos dos últimos grupos esperarán con particular interés el contenido económico del discurso presidencial. Al igual que en el Quinto Informe de Zedillo, será previsible escuchar que no habrá manejo electoral de las finanzas públicas, que la economía marchará bien en el último año de gobierno, sin vaivenes ni sobresaltos.

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Más aún, con el fantasma de la presidencia de López Obrador rondando en San Lázaro, el presidente Fox probablemente continuará su crítica al populismo y a sus abanderados. Fox, sin duda, suscribiría la siguiente frase del Quinto Informe de Gobierno de Ernesto Zedillo: “… la política económica no debe ofrecer la solución inmediata y sin esfuerzo de todos los problemas. Esto es imposible. Debe procurar la solución más rápida posible, pero buscando resultados que sean permanentes y no sólo pasajeros. Debe pensar en el interés de la gente, no en popularidades ni en prestigios personales de los gobernantes” (las cursivas son mías).

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Hay un tema, por otra parte, que el presidente Fox no podrá eludir este 1 de septiembre: la inseguridad pública. A diferencia de gobiernos anteriores, la delincuencia organizada, y el narcotráfico en particular, se han convertido en el principal problema que enfrenta el país. Mientras las palabras presidenciales se regodean en la retórica democrática, la gobernabilidad escapa de sus manos. La violencia cotidiana va a contrapelo del imaginario democrático que, gobierno y ciudadanos, pretendemos e intentamos vivir. Democracia sin gobernabilidad es un sinsentido, y aquélla puede perecer en terrenos violentos.

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Un ejemplo clarísimo de lo anterior: el presidente Fox pregona que en su gobierno hay la mayor libertad de expresión de nuestra historia y, sin embargo, el narcotráfico ha amordazado a muchos de nuestros periodistas. La censura no es un acto exclusivo del gobierno. Dicho de otra forma, la amenaza a nuestra vida democrática no proviene únicamente, como lo pensaría un liberal clásico, del Estado y del gobierno mexicano, sino también de la parte oscura de nuestra sociedad. El presidente puede atarse democráticamente de manos, pero ello no es garantía de que otros lo harán.

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En conclusión, el mensaje presidencial sin duda perfilará las principales características del último año de gobierno. Los retos están ahí, particularmente la inseguridad. No habrá sorpresas. Al igual que sus antecesores, el presidente Fox deberá de enfatizar un manejo prudente de las finanzas públicas para garantizar un ordenado cambio de gobierno. Esta prudencia será también uno de los pilares de la equidad de la competencia electoral y, por ende, de nuestra vida democrática. La democracia y la estabilidad económica son logros excepcionales de cualquier gobierno en nuestra historia reciente y el presidente Fox, finalmente, parece aceptarlo así. Sin embargo, al criticar sin ton ni son a gobiernos anteriores, en particular al que le precedió, se cuestiona, sin percatarse, a sí mismo.

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El autor es doctor en Ciencia Política por la Universidad de Chicago y director de Opinión de Ipsos-Bimsa.
Comentarios:
jorge.buendia@ipsos-bimsa.com.mx

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