Futuros líderes empresariales

Jóvenes mexicanos dejan puestos ejecutivos y dedican dos años a prepararse en las mejores universi
Verónica García de León

Obtener una maestría es, además de motivo de ostentación, una condición cada vez más solicitada y hasta exigida por las grandes empresas mexicanas para llenar sus cargos directivos; pero no cualquiera, ni tampoco en cualquier universidad. Los más valorados son los posgrados en administración de empresas en el extranjero, y en particular en algunas escuelas estadounidenses.

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“La tendencia es creciente. Cuando se trata de buscar ejecutivos jóvenes con entre ocho y 15 años de experiencia, para quienes contratan es importante saber que tienen un estudio posterior a su licenciatura”, comenta Pablo Francis, socio de la firma de cazatalentos AMROP.

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La demanda de tal formación no es sólo por la mayor preparación académica que aporta: los corporativos que juegan en el terreno internacional buscan ejecutivos con una visión global de los negocios. Según Thurston Hamer, vicepresidente de la empresa reclutadora de ejecutivos Korn Ferry, cursar una maestría en administración de empresas (MBA, por sus siglas en inglés) en alguna de las más prestigiadas escuelas de negocios de Estados Unidos es hoy el camino más directo para obtener el perfil que las grandes compañías requieren de sus ejecutivos, porque allí es donde se genera gran parte del conocimiento actual sobre la gestión y alta dirección de las corporaciones.

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Nueve de cada 10 candidatos con posgrado que Korn Ferry colocó entre 1999 y 2001 cursaron maestría  en administración y negocios. Para Hamer, los resultados son claros: “Adquieren conocimientos actuales sobre mercadotecnia, recursos humanos, manejo de operaciones y finanzas y, con base en casos reales, aprenden a analizar y buscar soluciones para la problemática del momento. Eso buscan nuestros clientes.”

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En su afán por adquirir mayores ventajas competitivas, un número ascendente de mexicanos cursa posgrados dentro o fuera del país: 52,000 lo hacen en la república y sólo 3,800 (5%) salen al extranjero, principalmente a la unión americana, donde existen más de 50 escuelas de negocios. Pero dentro de este pequeño universo hay cambios notorios en cuanto a preferencias académicas. Según las estadísticas del Instituto de Educación Internacional de Estados Unidos, en 1997 tan sólo 3% de los mexicanos que cursaban un posgrado ahí lo hacía en negocios y administración, mientras que cuatro años después el porcentaje se incrementó a 22%.

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Estudiar en el extranjero no es requisito obligatorio, excluyente ni formalmente establecido por las empresas de cazatalentos, pero hay valores entendidos: “Si alguien estudió una maestría de tiempo completo en una escuela reconocida mundialmente, como varias estadounidenses, se supone que tiene un excelente nivel de inglés y el conocimiento de las últimas tendencias de los negocios”, asevera Francis.

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El prestigio cuenta
A la gran mayoría le interesa estudiar en alguna de las instituciones de prestigio internacional, lo cual tiene que ver con factores como la trayectoria educativa –que en muchos casos data de principios del siglo XX–, lo riguroso de los procesos de selección, lo exclusivo de la plantilla de profesores, la posición laboral de los ex alumnos y hasta con el tipo de empresas que tradicionalmente reclutan ejecutivos dentro de ellas.

-“Si vas a las mejores universidades seguramente tomarás clases con las personas que escribieron los libros que estás consultando y que han hecho teoría en estrategia, economía o finanzas”, resume Niv Carmi, quien trabaja en Booz Allen & Hamilton de México y próximamente ingresará a las filas de la Kellogg School of Management (en la Universidad de Northwestern), al referirse a maestros y autores como Michael Porter, Philip Kotler o William Ury. Las clases además son aderezadas con la presencia de directivos de firmas de fama mundial que comparten sus experiencias con los estudiantes.

-Una escuela de negocios reconocida en todo el orbe abre a sus alumnos la posibilidad de entrar a un mercado laboral más allá de las fronteras de su país de origen, quizás a grandes multinacionales. “Te vuelves parte de una comunidad a la que pertenecen personalidades como Phil Knight, fundador de Nike; Larry Ellison, padre de Oracle,  o Lorenzo Zambrano, presidente de Cementos Mexicanos”, observa Federico Antoní, quien ocupará un asiento los próximos dos años en la Universidad de Stanford, luego de dejar la Dirección General de Comercio Electrónico en Televisa.

-La diversidad de los estudiantes es otro de los atractivos de estas escuelas. En promedio, 35% de la población universitaria en Estados Unidos procede de otros países. Pero la variedad no radica sólo en la nacionalidad, también en las carreras profesionales y la experiencia laboral de cada alumno.

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Unos pocos elegidos
Para tener acceso a los privilegios de las mejores escuelas de negocios se debe pasar por procesos de selección muy estrictos, aunque en opinión de algunos, subjetivos. Los filtros para el acceso, según los entrevistados, garantizan que quien fue aceptado sobresale en algún campo. Antoní lo traduce así: “Tienes compañeros que son muy buenos en lo que hacen, de los cuales puedes aprender mucho y generar nuevas oportunidades, en el corto y largo plazos.”

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De los miles de aspirantes de todo el mundo que postulan en las universidades de la unión americana, sólo pasan unos pocos. Quienes se quedan fuera representan entre 80% y 92% del total. La Universidad de Stanford, por ejemplo, acepta sólo a 600 de entre 6000 postulantes.

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Por ello, quien desea ingresar a  una escuela de posgrado sabe que conviene enviar solicitudes a cuatro o cinco de ellas para tener mayores posibilidades de quedar en alguna.

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Decidir en cuáles se prefiere ser aceptado tiene que ver, además del prestigio, con cuestiones como el tamaño de la generación, el ambiente que se respira entre los estudiantes o el enfoque del programa de administración. “La mejor [institución] es donde mejor te sientas”, opina Adrián Katzew, ex director de e-business en Serfin.

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Varios estudiantes en vísperas de comenzar su posgrado coinciden en que el proceso para postular es largo, cansado y de gran tensión. Aprobar con un buen puntaje los exámenes que califican el nivel de inglés y matemáticas –conocidos como Toefl y Gmat respectivamente–, presentar cartas de recomendación convincentes, escribir los ensayos que la escuela solicite sobre temas determinados y en algunos casos una entrevista personal son los procedimiento que en general siguen las universidades.

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Cada etapa importa, pero los ensayos son vistos como la oportunidad que tiene un aspirante para demostrar que es especial. En pocas palabras, “debes de expresar qué te hace diferente a los que ya aceptaron”, dice Ramón Haces, antes director de Riesgos en Banrural, y quien también forma parte de los alumnos aceptados este año por Harvard.

-Sin duda la contienda es ardua y ser o no admitido puede significar motivo de orgullo o frustración, sólo que este año la satisfacción de quienes fueron seleccionados quizá sea mayor, pues 2002 ha sido catalogado por las mismas universidades como el más competido de los últimos tiempos. Los despidos masivos en empresas estadounidenses llevaron a más personas a buscar cursar una maestría en tanto la situación mejora. En 2001 los aspirantes a estudiar en Harvard fueron 8,800; esta vez sumaron 14,000.

-Varios mexicanos fueron elegidos. Sus intenciones son diversas: descubrir un nuevo camino laboral, ascender en la empresa que quizá les pagó la maestría, poner un negocio propio o, simplemente, complementar su preparación profesional. Lo que tienen en común, además de juventud (la mayoría  ronda entre los 25 y 28 años), es una historia de pequeños y grandes logros que les permitió diferenciarse de otros también capaces.

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Rumbo a Harvard
Adrián Katzew se puede sentir satisfecho. Fue aceptado para iniciar este año una maestría en administración de empresas en Harvard.

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No debe haber muchos jóvenes que a los 26 años lograran lo que él alcanzó: “Soy un ejemplo de alguien que con sus propios recursos logró entrar al programa” de una de las mejores escuelas de negocios, se jacta el ex director de e-business de Serfin.

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Katzew trabajó desde la preparatoria: mensajería y atender una nevería fueron algunas de sus actividades; luego en la biblioteca del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), que le permitió obtener una beca para estudiar economía. Gracias a su buena relación con los profesores entró al Fobaproa, pero el vínculo sentimental con una canadiense lo llevó al país más al norte de América a terminar la carrera. De allí fue a Washington a trabajar en la empresa de tecnología Saic. A fines de 1999 volvió al país a desarrollar un sitio brasileño de internet sobre salud: planetavida.com. Por último, Serfin le ofreció dirigir el área de internet; había que empezar de cero y “tener el banco en internet en tres meses”. Lo logró.

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“Siempre me he movido en función de las oportunidades”, dice. Entrar a Harvard es una de ellas. “Es una escuela que se aboca a desarrollar el liderazgo de las personas. El método del caso que utiliza promueve que la gente se vuelva dueña de su propio proceso.”

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Para seguir con su aprendizaje, después de la maestría piensa continuar en el exterior donde, en su opinión, hay áreas para desempeñarse que en México son apenas incipientes, especialmente en la banca. Katzew afirma que volverá más adelante a desarrollar una actividad que impacte positivamente al país.

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