Gabriela Vargas, de Imagen Ejecutiva Emp

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Cierto día que Gabriela Vargas vio a un mago hacer girar, uno sobre otro, seis platos puestos en un palo, se dijo: “Así es la vida de la mujer que trabaja”. Los platos representan a los hijos, el marido y la mujer misma, y se trata de que no se caiga uno solo.

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De una familia de prominentes hombres de negocios mexicanos, Vargas es empresaria y trabaja para la mujer que se dedica al mundo corporativo.

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En seis años de existencia, Imagen Ejecutiva Empresarial, filial de Diseño Facial (que fundó en 1977), ha dado cursos y conferencias de imagen a ejecutivos de medio centenar de compañías y asociaciones empresariales en México.

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¿Hasta dónde es importante para una mujer adecuar su imagen al nivel que ocupa en la empresa?
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Las mujeres trabajamos en un ámbito predominantemente masculino; si -acentuando la feminidad no nos toman en serio, tenemos que vestirnos un poco similar a los hombres, con ropa seria, estructurada, usar saco.

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De ese modo estaremos comunicando que podemos competir igual que ellos, que somos capaces de asumir un cargo de autoridad, que somos confiables; porque además podemos.

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En actitud, ¿qué cambios debe proyectar la mujer?
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Tenemos que sentir que estamos al mismo nivel profesional que el hombre. Pero primero hay que creérsela para poder proyectarlo y que así sea el trato.

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Tiene que salir de una el decir “me siento importante, soy importante”. Si lo manifestamos, el hombre así lo percibe. Pero si de entrada una se siente menos —“sí, lo que usted diga”—, entonces tendremos el trato que una misma está provocando.

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¿Cuáles son las cosas que más trabajo le cuesta cambiar a la mujer que viene aquí?
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La gente viene a buscar credibilidad. Que el hombre la crea capaz, y eso es lo que hacemos: transformamos a una mujer hogareña en una profesional.

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Pero eso no es todo. Por lo general somos un centro de carga de autoestima. Cuando llega una persona, hombre o mujer, es para sentirse y verse mejor, y eso es lo que le proporcionamos.

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Una cliente me dijo un día: “En tres días, me ayudaste más que mi psiquiatra en cuatro meses”. En el momento en que alguien se gusta físicamente, se siente mejor.

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Es lo que hacemos con las mujeres ejecutivas. Si una señora me dice: “Quiero llegar a ser jefe de mi departamento, quiero personalidad y que la gente me siga, etcétera”, pero viene vestida con pelo largo, tacones altos y uñas largas, le transformamos la imagen, hacemos que visualmente sea una profesional, para que le sea más fácil asumir un cargo de autoridad.

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Hay que saber los secretitos de la comunicación no verbal y decir lo que se quiere transmitir.

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Cuando usted sugiere ese cambio a una clienta está pensando en la percepción que van a tener los hombres de ello. ¿Cómo calculas esa percepción?
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Hay dos formas de arreglarse para los hombres. Si lo que se quiere es coquetear, el arreglo, la ropa, el lenguaje no verbal debe estar pensado para ese fin. Pero en ese caso es muy probable que no ascienda de puesto, e incluso que no se conserve por mucho tiempo el que se tiene. ¡Eso no dura!

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Pero si con el arreglo se busca ser profesional, sí es posible crecer. Todo depende de lo que las mujeres -transmitamos. Tenemos que transmitir el mensaje adecuado.

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¿Es difícil este cambio para una mujer que llega con aspecto de hogareña?
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Si es inteligente, sí. Pero hay mujeres que no lo toman en serio, que siguen con la falda hasta arriba, escotes profundos, vestidos entallados y tacones muy altos. El coqueteo no va con la credibilidad. Hay que escoger entre coquetear y tener un letrero de credibilidad, de profesionalismo y eficiencia.

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¿Cuáles son los puntos importantes que una mujer necesita tener bajo control en su trabajo?
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Primero, su lenguaje corporal tiene que proyectar seguridad en sí misma. Mantener el cuerpo abierto, no cerrarse con la bolsa, con los brazos, con papeles, porque eso demuestra que la situación la está controlando a ella. Cuidar el lenguaje corporal, la ropa, el largo de la falda y el peinado. El cabello habla muchísimo de una mujer: traerlo largo y rizado es indicativo de que anda buscando galán, pero traerlo recogido, con la cara despejada de una forma sencilla y profesional, da otro mensaje. Son identificadores: cada quien tiene un concepto de quién es, una identidad y cada uno quiere crear una imagen ideal de acuerdo a esa entidad; pero de acuerdo a los identificadores que use, el receptor va a crear en su mente una imagen diferente a la que ella está tratando de proyectar.

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Así como una buena imagen hace a la mujer desempeñarse mejor, genera un círculo virtuoso, una mala imagen lleva a uno vicioso: te sientes mal, fea y te tratas como te sientes. La imagen es muy importante, no es del todo banal.

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Hay que poner atención en los identificadores, como son las uñas, el largo de la falda, las palabras que se usan, la manera de moverse, todo eso. El 85% de la comunicación es no verbal —es lo que tenemos que cuidar las mujeres—, sobre todo para ingresar a un nuevo empleo. Una vez dentro, cuando ya se manifestó como una gente inteligente y capaz, tal vez ya no es tan importante, pero para abrirse camino sí es necesario hacer uso de la comunicación no verbal.

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¿A qué atribuye el que la mujer mexicana apenas se esté asomando a estas nuevas posibilidades de imagen personal?
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Culturalmente creo que pesa mucho esa herencia española de la mujer metida en su casa, cosiendo, rezando o cocinando, pero creo que el movimiento de 1968 sirvió muchísimo para un despertar de conciencia en todos los ámbitos, y las mujeres empezamos por incorporarnos al trabajo.

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La jornada de una mujer ejecutiva es doblemente pesada por sus obligaciones en casa a la vez que en la oficina, ¿no la saturan más estas sesiones de belleza?
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Es una parte esencial y te tienes que organizar. Por nuestra parte tenemos horarios cómodos.

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A las siete de la mañana la gente que trabaja viene a que la peinen, la depilen, a recibir un masaje, un facial, y después se va a su trabajo.

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Saliendo de trabajar, a las seis de la tarde, ya cansada, viene a hacerse un masaje de descanso. También hay quienes aprovechan la hora de la comida.

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Con eso se logra canalizar la tensión, porque de lo contrario se traduce en mal humor hacia la familia. Eso es muy importante para las mujeres, en tanto que son las portadoras de la paz en el hogar.

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¿De qué otros significados sociales es portadora la mujer? ¿Cuáles le ayudan en su desempeño profesional?
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La ventaja de las mujeres sobre los hombres es que tenemos más tacto para saber cómo abordar a las personas, gracias a la emotividad que poseemos. Tenemos a flor de piel lo que llaman la inteligencia emocional.

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¿Qué debe evitar la mujer ejecutiva si quiere mantener una imagen -profesional?
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No debe ir de pantalones al trabajo, con faldas cortas, tacones largos o cabello alborotado; evitar excederse en accesorios, como aretes, o con mucho maquillaje.

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¿Cuáles son los temores más comunes de una mujer en su trabajo?
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Que no la dejen desarrollarse, que le cierren puertas sus compañeros o quienes estén por encima de ella, que no la dejen demostrar quién es.

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