Garbanzos de a libra en tierra seca

Los esfuerzos de la Secofi por incentivar la competitividad industrial del país chocan constantemen
Alejandro Castillo

En un entorno mundial caracterizado por una intensa competencia, los países en desarrollo están obligados a buscar fórmulas imaginativas que les permitan impulsar a sus respectivas industrias. En el caso de México la situación es más complicada, ya que a los graves rezagos tecnológicos y educativos, se suma el hecho de que es una economía muy abierta, que renunció a los esquemas de protección con que cuentan los países de su tipo.

- Ha pasado casi una década desde que a finales del gobierno de Miguel de la Madrid se decidió pasar de una economía excesivamente protegida, a otra excesivamente abierta. Hasta 1986, el arancel promedio a la importación ascendía a 22.6%; después bajó, para situarse alrededor de 13% en 1995. A su vez, el total de fracciones arancelarias sujetas a permiso previo de importación disminuyó de 638 en 1986, a sólo 149 durante el año pasado. A esto se añade la firma de tratados de libre comercio, principalmente el pactado con Estados Unidos y Canadá, que ha significado riesgos y ventajas de igual tamaño.

- Desafortunadamente, en los 10 años que han transcurrido desde que se inició la apertura comercial, el desempeño de la economía nacional no ha sido propicio para el desarrollo generalizado de una industria competitiva. Aunque es innegable que algunas empresas y ramas han logrado situarse dentro de los estándares establecidos por la competencia internacional, lo cierto es que son las menos.

- Más aún, la estrategia seguida en el salinismo –buscar la estabilidad interna de precios tomando como factor ancla un tipo de cambio sobrevaluado, que sólo se podía sostener mediante la continua inyección de recursos foráneos– desincentivó a la producción nacional, destruyó las cadenas industriales y desembocó, finalmente, en la devaluación de diciembre de 1994. Conforme a los supuestos teóricos de su administración, se dejó a la acción del mercado la mejor asignación de los recursos; por eso no hubo estímulos ni medidas de promoción. Sólo que, como el mercado “decía” que lo más rentable era la comercialización o, en un extremo, la especulación, hacia esos renglones se fueron los recursos.

- Desbrozan opciones
A partir de dichas circunstancias, cuando arribó la nueva administración, ésta se comprometió a impulsar un programa que permitiese recuperar la planta productiva y el empleo. Por supuesto, primero fue necesario remontar los efectos de la devaluación de diciembre de 1994, pero ya hoy se pueden observar los primeros resultados del esfuerzo impuesto a la sociedad mexicana para superar la crisis.

- Sin embargo, aunque han comenzado a estabilizarse las principales variables macroeconómicas, la mayoría de las industrias y empresas siguen inmersas en graves dificultades.

- De ahí la importancia de las medidas que en forma paulatina va impulsando la Secofi, como parte del Programa de Política Industrial y Comercio Exterior (Propice), para recomponer a la planta productiva del país. Además de promover el desarrollo de pequeños y micro empresarios proveedores de grandes cadenas comerciales, de maquiladoras y de empresas exportadoras, entre otras, la Secofi puso en marcha en septiembre el primer Centro Regional para la Competitividad Empresarial (Crece) en el Distrito Federal. Además, se ha propuesto establecer un centro semejante en cada estado de la república, con la intención de constituir una Red Nacional de Centros Regionales para la Competitividad.

- De acuerdo con funcionarios de Secofi, el Crece deberá estar en condiciones para realizar en forma gratuita diagnósticos de los procesos productivos de las empresas que así lo soliciten. A partir de ese diagnóstico, se podrán establecer acuerdos para realizar los cambios que se requieran. En caso de que algunos de esos cambios impliquen una consultoría externa, las empresas deberán pagar una parte, pero el mayor porcentaje será financiado por el gobierno federal. Una vez realizados los cambios propuestos, el empresario contará con un proyecto viable, que podrá recibir los beneficios de la reestructuración y el financiamiento bancario.

- No cabe duda que las iniciativas de la Secofi se encuentran en la orientación correcta para impulsar el desarrollo de una industria competitiva. Sin embargo, como se ha señalado en otras ocasiones, resultan insuficientes y podrían conducir a nuevas frustraciones, a menos de que el entorno en el cual se apliquen ayude a su éxito.

- Resulta preocupante que después de la experiencia del salinismo, nuevamente se envíen señales de que se pretende reducir la inflación mediante la apreciación del peso frente al dólar, al grado de convertirse en sobrevaluación.

- Gracias a la colocación de deuda en los mercados internacionales y a las elevadas tasas reales que recibe la inversión foránea en los mercados financieros del país, el régimen de “libre flotación” ha permitido una disminución en el precio nominal del dólar en más de 1.7%, en comparación con el cierre de 1995. En términos reales, la apreciación alcanza poco más de 17%. A pesar de esta apreciación de la moneda nacional, hasta el octavo mes de 1996 la tasa de inflación acumulaba un crecimiento de 18.5%.

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- Esto, y la recuperación de la economía, explican el repunte de las importaciones, de modo que la balanza comercial sin maquila en julio registró un déficit de $130 millones de dólares.

- Ese comportamiento de las variables macroeconómicas, que pasaron del desajuste de 1995 al sobreajuste de 1996, confirma que el problema para los esfuerzos de Secofi reside en que la política macroeconómica no está en línea con los objetivos de industrialización. Desafortunadamente, la industrialización no puede ser considerada una meta secundaria ya que, a pesar de que suene reiterativo, es una necesidad urgente para un país que requiere fuentes de trabajo productivas, en posibilidades de competir en los mercados internacionales.

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