Gato encerrado

Suenan cantos de victoria en la industria discográfica. Napster ya cayó en la trampa.

La batalla terminó. Napster, la compañía que saltó a la fama gracias a su servicio gratuito de intercambio de archivos MP3 (canciones, básicamente), no pudo resistir el embate de la industria discográfica internacional. Hace unas semanas, la empresa fundada por Shawn Fenning, que en su mejor momento logró reunir a una comunidad de 60 millones de usuarios, se declaró en bancarrota.

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La firma venderá sus activos a Bertelsmann AG –organización del sector discográfico con la que había establecido una alianza– por un monto de $8 millones de dólares en efectivo. Además, la disquera alemana asumirá ciertas responsabilidades, entre las que se incluye cualquier préstamo acumulado y la cancelación de la deuda de $91 millones de dólares que Napster ya tenía con la agrupación compradora.

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Según Rick Cieri, el abogado de la firma de Fenning, una vez que concluya el proceso de bancarrota, Napster quedará totalmente bajo el control de Bertelsmann, a menos que otra compañía presente una propuesta económica que supere a la de la germana. Para finales de abril, la controvertida casa de música en línea poseía $7.9 millones de dólares en activos y $101 millones de dólares en responsabilidades financieras.

En julio de 2001, la industria discográfica consiguió que una corte estadounidense obligará a Napster a cancelar su servicio. Durante los meses posteriores, Fenning se concentró en desarrollar una versión nueva de la aplicación (basada en el concepto de suscripción). La solución llegará demasiado tarde. Un mito empresarial de internet está a punto de escribir un final triste a su historia.
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