Gigantes de ojos rasgados

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Andrés Piedragil Gálvez

Hace 25 años, como lo demuestra la portada de la edición número 266 de Expansión (con fecha del 30 de mayo de 1979), los editores miraban hacia el Oriente. Y lo que veían les agradaba notablemente: el nacimiento de una potencia económica llamada Japón. Con toda certeza afirmaban que “el futuro tiene ojos rasgados”.

- El asombro estaba justificado: a pesar de las terribles heridas causadas por la Segunda Guerra Mundial (conflicto que destruyó 40% de la riqueza nacional nipona, así como 44% de su capacidad industrial), la legendaria tenacidad japonesa estaba construyendo una economía que mostraba claras señales de poderío.

- Aunque la década de los 70 no fue amable con algunos sectores –como las industrias química y del acero–, los japoneses avanzaban con gran fuerza en campos productivos que serían estratégicos en los años por venir: automotriz (que generaba, en ese momento, exportaciones anuales por $11,000 millones de dólares, 16% del total de las ventas externas de Japón), sistemas de telecomunicaciones, equipos de cómputo y aparatos electrónicos.

- Hacia el final del artículo, los editores mostraban su asombro a través de una hipótesis sobre el futuro de la economía japonesa: “La innegable tenacidad de los japoneses y su experiencia de los últimos 30 años permite suponer que Japón podría superar, inclusive, a gigantes tradicionales de la economía mundial –como Estados Unidos–, si es que no ha empezado ya a hacerlo”.

- A 25 años de distancia, lo único que podría decirse es que los editores de Expansión no se equivocaron al mirar hacia el Oriente. Aunque el gigante económico de ojos rasgados que despertó, China, se encontraba en una latitud diferente.

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