Globalización cuestionada

Se ha hablado hasta el cansancio de la globalización. Sus nuevos enemigos piensan que puede ser un

Ahí está. Y ahí seguirá. Aunque se suman detractores todos los días, parece evidente que la globalización es un proceso irreversible. Es el rostro lógico de una economía mundial interconectada, en donde la subida de una porción de punto en las tasas de interés estadounidenses provocan consecuencias importantes en toda la aldea global.

- Pero también es cierto que cada vez se cuestiona más a este proceso. El mismo Bill Clinton, presidente de Estados Unidos, sorprendió a propios y extraños cuando, en el recién celebrado Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, lanzó algunos dardos en contra de la globalización.

- ¿Qué hay en el fondo? Mucha política y cualquier cantidad de intereses en juego. Baste con recordar los acontecimientos alrededor de la reunión de la Organización Mundial de Comercio, llevada a cabo en Seattle, Washington, a fines del año pasado. De repente surgieron grupos y más grupos en contra de la OMC que terminaron por boicotear prácticamente la reunión. Dudamos, por supuesto, que este ejército tan bien organizado de enemigos del libre comercio haya surgido por generación espontánea. ¿No será que la OMC ha tomado tanta fuerza propia que el gobierno estadounidense comienza a dar señales de temor? Tengamos presente que este organismo burocrático no rinde cuentas a nadie, al menos no con claridad. Es decir, se está convirtiendo en una especie de gobierno por encima de los gobiernos. Y esto no debe gustarle a la economía más poderosa del planeta, que ha sido la gran promotora de la globalización porque esta le rendía buenos frutos.

- Esta situación ha comenzado a cambiar, más aún con el renovado poder de Europa. De ahí que no sorprenda tanto que ahora sea Estados Unidos el que pretende matizar los alcances de la globalización, sobre todo en un año electoral y con el consecuente poder del voto de los sindicatos. ¿O usted percibe como muy legítimos los movimientos ambientalistas en el vecino país del norte en contra del atún mexicano? ¿O las cuotas compensatorias al cemento porque se vende a precios de dumping ? ¿O las plagas infecciosas que impedían la entrada del aguacate michoacano a ese país? Se trata, sin más, de fabricación de obstáculos a la libertad de comercio. Esto es tan claro que ahora el nuevo rostro del proteccionismo estadounidense exigirá que los productos que ingresen a sus fronteras no sólo deban ser “dolphin free”, sino que sean producidos por obreros bien pagados (aunque al mismo tiempo Alan Greenspan se vuelva promotor de la mano de obra mexicana en ese país con el fin de mantener controlada la inflación de salarios).

- Grandes enredos. Considere que la consultora AT Kearney reveló en días pasados que México ha perdido atractivo para los inversionistas extranjeros, debido a problemas sociales que aún no se han podido resolver. Tome en cuenta que los países integrantes de la Unión Europea han enviado al mensaje a los austriacos de que, si votan por los neonazis, se deben olvidar de la cooperación económica. Recuerde que Augusto Pinochet fue detenido por un gobierno que no fue precisamente el chileno. La globalización, queda claro, ya es más que un fenómeno económico. ¿Usted cree que todavía es reversible? Nosotros pensamos que no.

- Los editores

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