Globalización, ¿hacia dónde?

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León Bendesky

De La Habana a Davos, de Washington a Dublín, se discute sobre los efectos que provoca la globalización. No sorprende que la audiencia convocada por Fidel Castro hace unos días en la capital cubana haya sido muy crítica de las políticas aplicadas en los países de América Latina, y sobraron las condenas a los gobiernos y los organismos internacionales que las promueven.

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Es más llamativo que el propio FMI reconozca la ineficacia de las medidas que ha propuesto para enfrentar la inestabilidad financiera surgida en el este asiático. El influyente Foro de Davos tiene por tema de su reunión anual el de la Globalidad Responsable, lo que indica que tendrá que introducirse el componente político de la administración de este proceso. George Soros sigue anunciando la crisis del sistema en Wall Street de no haber una decisiva intervención para regular las corrientes de capitales. Y también hay conversiones públicas de antiguos promotores del modelo global, como el ex presidente Salinas, que ahora propone ajustes a la operación de los mercados. -

El entusiasmo que a lo largo de esta década había provocado la globalización, sobre todo después del colapso de la Unión Soviética, y cuyos principales postulados se plasmaron en el Consenso de Washington, está cediendo ya. Las fricciones provocadas por el modelo global exigen una corrección pues la fragilidad financiera se está filtrando a las estructuras sociales, en unos casos de manera visible y, en otras, de modo soterrado.

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Pero replantear el funcionamiento de la economía mundial en un entorno en el que durante las dos últimas décadas han prevalecido las ganancias financieras en un marco de fuerte especulación no es una tarea fácil. Las formas convencionales de intervención de los gobiernos para alcanzar la estabilidad de los mercados de dinero y capitales se están agotando –véase el uso que la Reserva Federal ha hecho de la reducción de las tasas de interés como instrumento de estabilización: ya no le queda mucho margen de acción–. Imponer alguna disciplina a los mercados no es suficiente para reducir la volatilidad y la posibilidad de que surjan crisis y contagios. Las soluciones que parecen fáciles pueden ser fuente de mayores conflictos. La globalización requiere de acciones concertadas que sienten las bases para reducir las distorsiones que se han generado. Existen las condiciones para una iniciativa del tipo de los acuerdos de Bretton Woods, que haga posible un escenario de nuevo crecimiento económico. Los gobiernos deberán adoptar una nueva forma de activismo compatible con el mercado y replantearse los criterios de eficiencia de la economía.

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El autor es socio-director de ERI consultores y articulistade La Jornada.

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