Golazo

En el futbol, el gol es la máxima expresión. En combinación con la tecnología y la generosidad,
Andrés Piedragil Gálvez

Kingston, Jamaica. El tiempo pasa y la Selección Mexicana de futbol parece enfilada hacia un nuevo fracaso. Al parecer, los aficionados tendrán que olvidarse de la próxima Copa Mundial. Para fortuna de los fanáticos, el milagro ocurre al minuto 17 del segundo tiempo: Cuahutémoc Blanco anota el primer gol del partido. El principio del triunfo que al final obtendría el equipo nacional.

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Todo el país festejó la victoria. Pero, seguramente, la celebración más intensa se presentó en la escuela Benito Juárez del Distrito Federal. La anotación de Blanco, durante las próximas semanas, se traducirá en la construcción de un centro de cómputo en las instalaciones del plantel. Desde finales del año pasado, por cada gol que marque la Selección Mexicana de futbol o algunos equipos de la primera división nacional (como América y Necaxa), Fundación Televisa donará más de una decena de computadoras a una escuela pública local.

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No obstante, regalar sistemas de cómputo, en el fondo, podría resultar un esfuerzo inútil, y el consorcio de medios lo sabe. Por tal motivo, canaliza su generosidad a través de Únete (Unión de Empresarios para la Tecnología y la Educación), una asociación civil fundada en septiembre de 1999 por iniciativa de Max Shein (el creador de Cipsa, fallecido el año pasado), que promueve la incorporación de la tecnología dentro de los procesos de formación académica de los niños y jóvenes mexicanos.

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A diferencia de otras iniciativas similares, Únete no se dedica a regalar hardware y software. El proyecto se basa en una estructura multisectorial, en donde cada ente involucrado (donador, gobierno federal, autoridades estatales, Secretaría de Educación Pública, Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa –ILCE–, escuela y padres de familia) debe contribuir para alcanzar el objetivo final: un aula de medios respaldada por un modelo pedagógico de calidad y por una infraestructura general solvente. El organismo acopia recursos, coordina los esfuerzos de las partes, vigila el desarrollo de los centros de cómputo instalados y extiende el alcance de la asociación civil en las primarias y secundarias del país.

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En estos salones de clase los estudiantes, con base en programas diseñados por el ILCE, aprenden sobre literatura, ciencias, matemáticas, biología e historia.

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Por otro lado, el programa "Gol por la educación" sólo es uno de los proyectos más publicitados de Únete. Desde hace dos años, la organización trabaja con distintas empresas, entre otras: Compaq Computer de México, Microsoft México, Telmex, Ford, Comex, Grupo Posadas, Procter & Gamble, Kimberly Clark, etcétera. Hasta julio de 2001, la labor del grupo se ha reflejado en 404 escuelas equipadas y 162,015 estudiantes beneficiados en todos los estados de la república mexicana.

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Expansión charló con Rafael Fernández, director general de Únete. A continuación, algunos extractos de la plática.

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¿Qué características distinguen al proyecto Únete?

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La principal es entender que un donativo no basta. La labor de la asociación es ayudar a que la contribución se convierta en una realidad. Regalar computadoras a una escuela implica una muy buena intención, pero no necesariamente brinda resultados positivos. Para que las máquinas signifiquen un beneficio real a los niños es necesario satisfacer algunos requerimientos: la capacitación del profesor, por ejemplo. El maestro tiene que saber utilizar las herramientas, así las podrá incorporar a su trabajo con los estudiantes. Además, hay que dar seguimiento a los avances del proyecto. Si entregas 15 computadoras a un plantel, tienes que regresar a la escuela periódicamente con el fin de observar los avances del sistema y el funcionamiento de los equipos. Esa es la labor de Únete: lograr que los donativos se traduzcan en beneficios reales. El regalo, por sí mismo, no es un avance.

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¿Qué sectores sociales representan los objetivos de la asociación?

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Únete es un proyecto de beneficio público; no está dirigido hacia instituciones privadas, sino a la enseñanza pública. Particularmente, a los niños de primaria y secundaria. Es decir, se atiende a la franja de la población que, en 2010, estará disponible en el mercado de trabajo. En ese año las empresas exigirán que las personas posean conocimientos de informática. Prácticamente cualquier empleo, incluso las artes, requerirán que los individuos sepan usar una computadora. Si no apoyamos a los jóvenes que buscarán un trabajo dentro de una década, México enfrentará muchos problemas en el futuro. En una economía global, una deficiencia de este tipo implicaría que el país no es competitivo.

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¿La sociedad mexicana está apoyando las iniciativas?

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La gente está interesada en sumarse al esfuerzo. Muchos ya lo están haciendo. En mi opinión, la sociedad está aprendiendo a valorar y entender la participación del tercer sector –las organizaciones sociales sin fines de lucro– en la resolución de temas urgentes. Se puede decir que ciertas tareas debería solucionarlas el gobierno; aunque esto es verdad, es preciso observar lo que está ocurriendo y no tanto lo que tendría que ocurrir. La población del país está aprendiendo a organizarse para que las cosas ocurran. En ese sentido, la experiencia de Únete es muy valiosa. La asociación recibe contribuciones individuales; por ejemplo: el señor Achar, de Comex, quien apoya a las escuelas donde estudian los hijos de sus trabajadores; la familia Vargas, de Multivisión, también aporta recursos para el proyecto. Igualmente participan grandes corporaciones, como Fundación Televisa, que utiliza la estructura de Únete para cumplir con sus metas de índole social. De ahí se desprende el programa "Goles por la educación". Si el Club América marca 30 goles –el promedio de anotaciones por equipo en la liga mexicana de fútbol–, entonces esta institución aportará 30 aulas de medios. Incluso hay grupos de amigos que se reúnen para realizar su aportación. El grupo cuenta con este rango de apoyos. De hecho, hay planes –como el de Compaq Computer, compañía que donará dos aulas de medios por entidad federativa– que ya exigen que la infraestructura crezca. Actualmente la asociación necesita establecer representaciones estatales. En eso estamos.

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¿Los proveedores de tecnología con sede en México están brindando apoyo a Únete? Usted menciona la participación de Compaq, pero ¿qué ocurre con los demás?

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Sí existe el apoyo. De hecho, los fabricantes asignan presupuestos para causas sociales. Hay que entender que en la lógica del sector empresarial siempre se privilegia la viabilidad de un proyecto. Si una asociación no lucrativa toca las puertas de una compañía, el proveedor tiene todo el derecho de preguntar: ¿quién eres?, ¿quieres un millón de dólares?, ¿quién me garantiza que el dinero será bien utilizado? Existe el peligro de crear un círculo vicioso: grupos con el ímpetu de realizar una labor valiosa, pero que al no ofrecer resultados positivos difícilmente obtienen el soporte de alguien. Proyectos como Únete demuestran que las cosas se pueden hacer bien. La iniciativa muestra frutos, por eso recibe el respaldo de la industria. El grupo ya logró consolidar un valor de confianza, el cual tiene que manifestarse en las relaciones que se establezcan con otras firmas.

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Por otro lado, se tiene que considerar que, en México, las asociaciones civiles relacionadas con la educación alcanzan la cifra de 1,500. ¡1,500 grupos tocando las puertas del sector tecnológico! Aunque cuente con mucho dinero, el fabricante tiene que analizar cómo repartirá los recursos. El capital es finito y no tiene caso repartirlo excesivamente. Los proveedores prefieren dar soporte, con una suma importante, a un solo proyecto muy viable. En mí opinión, las corporaciones tecnológicas están cumpliendo con el compromiso moral de apoyar a México. Esto no consiste en entregar dinero indiscriminadamente. No es un asunto de firmar cheques en blanco. Además, las asociaciones tocan las mismas puertas, que tampoco son tantas. Todos tienen en su lista a Gates y a Slim. En el ámbito de las organizaciones civiles, se debe tener la humildad y la conciencia de que será necesario competir por el apoyo.

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¿Qué retos todavía tiene que enfrentar Únete?

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Ya no hace falta demostrar que el proyecto es viable. Creo que eso está hecho. Ahora, el desafío es conseguir que sea permanente. Hasta ahora, Únete ha creado 404 aulas de medios. ¿Qué se tiene que hacer para lograr que todos los días cumplan con el propósito para el cual fueron diseñadas? Esto genera dos factores. En primer lugar, es necesario fortalecer el esquema de supervisión, lo cual implica aumentar el tamaño de la infraestructura –personal– y contar con los medios con el fin de resolver las dificultades que se presenten. No basta con descubrir las fallas. En segundo término, hay que encontrar los mecanismos para superar los problemas de conectividad. Únete tiene que estar en todas las regiones de México. Sobre todo, en las más desfavorecidas. Aunque las grandes ciudades –y sus áreas de pobreza– también resultan prioritarias, el trabajo de la asociación tiene un mayor impacto en las zonas rurales. Sin embargo, ahí muchas veces no se cuenta con el recurso de una línea telefónica. Se puede instalar una red en la escuela, pero no es posible conectarla a internet. En ocasiones ni siquiera hay un proveedor de acceso. En ese caso, hay que recurrir a otras formas de conectividad, satelitales en la mayoría de los casos. Ahí radica otro de los grandes retos: aprovechar nuevas formas de entrar a la Red.

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Ambas tareas se traducen en un problema de recursos económicos. Únete tiene que reformular su modelo, diseñar la versión 2.0. Actualmente, las contribuciones ayudan a montar el aula de medios, y la asociación toma un porcentaje para cubrir gastos de administración (salarios de personal, tareas de monitoreo y aspectos de oficina, básicamente). La nueva estructura debe prever los gastos de supervisión y de conectividad distinta. Es preciso crear un fondo patrimonial, el cual permitirá asegurar la permanencia del proyecto.

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Cuando Únete llega a una escuela, ¿cómo reacciona la comunidad?

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Los muchachos asumen el proceso en forma muy natural. Para ellos la computadora resulta un elemento cotidiano. Las respuestas de mayor gratitud y emoción las expresan los padres. La familia reconoce que el hijo tendrá acceso a una herramienta que, por razones económicas, parecía inalcanzable. Además, consideran que el equipo colocará al hijo en una mejor perspectiva educativa, económica y social. De acuerdo con la experiencia acumulada hasta el momento, los alumnos de las escuelas equipadas con aulas de medios están obteniendo buenos resultados en concursos nacionales y en olimpiadas del saber. No quisiera atribuirle a Únete el éxito de esos estudiantes. Sin embargo, me gustaría pensar que la computadora ayudó al muchacho. A través de ésta, quizás, el alumno entró a esferas de conocimiento en una forma más lúdica y estimulante. Algo que un salón de clases tradicional no siempre consigue.

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