Gotas en el desierto

Algunas empresas pequeñas y medianas encuentran la toma de agua para calmar la sed de recursos fina
Juan Manuel Valenzuela

El costo elevado del dinero en México sujeta a las compañías pequeñas y prácticamente bloquea su acceso a préstamos o financiamientos. Solicitar un crédito a los bancos es, para la mayoría de los microempresarios, un viacrucis. Empero, aunque usted no lo crea, las instituciones de banca múltiple continúan sus operaciones y colocan créditos de corto plazo en los negocios micro.

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Al prestar dinero, el banco actúa como una especie de accionista preferente de la empresa, pues invierte parte de sus recursos en la compañía acreditada. Para entregar el dinero, la institución financiera exige un rendimiento en forma de tasa de interés, ingreso que deberá recibir aunque el deudor no genere utilidades. En otras palabras, el prestador está dispuesto a colocar parte de su captación, durante cierto periodo, en la medida en que tenga la certeza de recuperar la “apuesta” (el importe del crédito más los intereses).

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Antes de mover un solo dedo con respecto a los trámites de autorización, los funcionarios bancarios formulan dos preguntas elementales: ¿pueden pagar el crédito?, ¿quieren pagar el crédito? Si los responsables de la evaluación perciben algún detalle que los lleve a pensar que no, en cualquiera de los escenarios, rechazarán rápidamente la solicitud.

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Para responder a la primera pregunta, el banco realiza un análisis completo de la compañía: nunca falla una visita física para conocer el negocio.

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Posteriormente revisan las operaciones del solicitante, su situación financiera, sus clientes y proveedores. Por último, envían toda esa información a un comité de crédito donde se decide sobre la viabilidad de la solicitud. Aquí es muy útil presentar al futuro acreedor los pedidos, contratos de compra o de promesa de adquisición que se financiarán con el crédito.

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Para salvar la segunda prueba, generalmente, las instituciones de banca múltiple piden una garantía. Ésta puede variar según el tipo de crédito solicitado. De manera adicional, hacen investigaciones en el Registro Público de la Propiedad y de Comercio, así como en el Buró de Crédito para certificar que la garantía de la empresa carezca de gravámenes o demandas mercantiles. Asimismo, investigan la reputación crediticia de sus socios y avales. Los datos recopilados también se discuten en el comité.

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Una vez aprobado el crédito, ambas partes elaboran el contrato, firman de común acuerdo y registran su contenido. A partir de ahí, la empresa tendrá los recursos del préstamo.

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¿Cómo utilizar el dinero?
El destino ideal de cualquier crédito de corto plazo consiste en financiar una necesidad temporal en su capital de trabajo. Por ejemplo, cuando llega un pedido más grande que lo acostumbrado y la empresa no tiene el inventario suficiente para surtirlo, menos aún el dinero para pagarlo, porque el proveedor no vende a plazo ni el cliente entrega anticipo.

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Compañías con un alto grado de estacionalidad también enfrentan incrementos de iguales características, tanto en inventarios como en cuentas por cobrar. Tales negocios tienen  la necesidad de contratar préstamos para cubrir eventualidades, aunque atraviesen por un periodo de relativa liquidez.

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Sin embargo, como la urgencia de capital de trabajo a financiar es temporal, el crédito se saldará con el ciclo de caja, es decir, cuando los clientes pagan, la empresa recupera el importe del crédito y lo finiquita.

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Nunca deben respaldar proyectos de largo plazo con créditos a corto plazo, debido a la incompatibilidad de tiempo y espacio que existe entre el dinero futuro y el vencimiento temprano. En otras palabras, cuando los trabajos empiecen a generar utilidades, y esas ganancias se conviertan en dinero, el préstamo estará vencido o el negocio sin liquidez.

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Antes de pensar en el financiamiento bancario como una opción es recomendable, primero, buscar fuentes de dinero “gratuitas”: proveedores, anticipos de clientes, la tía o el cuñado, pues el crédito cuesta... y mucho. Una vez agotadas estas posibilidades, y si no hay otra opción, conviene tener una línea de crédito a corto plazo con el banco para cubrir los imprevistos.

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Respecto de las tasas de interés, vale recordar una cosa: “El dinero más caro es el que no se tiene”. Por ello, deberá cuidar que la eventualidad financiada genere utilidades después de finiquitado el crédito, no vaya a ser que la oportunidad resulte una pérdida financiera para la empresa (que la utilidad obtenida con el contrato, por ejemplo, no alcance a cubrir los intereses del crédito).

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Tanto para el banco como para la empresa es muy importante contar con un plan de salida. En el caso del primero, casi siempre el camino a seguir es la adjudicación de la garantía y, en el de la segunda, consiste en la venta de algún activo de poco uso si prefiere conservar el bien que actúa como protección de pago. Esta estrategia debe ejecutarse sólo cuando existe la certeza de que el acreditado no liquidará el adeudo. No habrá que olvidar que siempre está la posibilidad de una negociación entre las partes involucradas. Sobre todo, antes de caer en incumplimientos.

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