Guía para ayudar

El año pasado fue el peor por el número de desastres naturales. Cómo saber a quién donarle.
Alejandra Xanic

Los voluntarios de la Cruz Roja apenas tuvieron dos días de descanso en septiembre pasado. Las desgracias se vinieron en cascada y con saña. Haití, terremoto en Mexicali, inundación en Nuevo León, desgajes, ciudades enteras un metro bajo el agua.

Fernando Rivera es el coordinador nacional de voluntarios, y en 16 años en esas tareas nunca había experimentado una fatiga así; jornadas de 15 horas, semanas sin tregua. 

En las oficinas del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), vieron crecer como nunca la demanda de recursos para atender las emergencias. El gobierno federal tiene presupuestados 9,000 MDP anuales para estas crisis. Pero este año, tan sólo Nuevo León requirió 16,000. Y en noviembre, en el Fonden tenían previsto que se habrían ido 30,000 MDP en atender todas las desgracias.

Podría parecer un año atípico, pero, según los reportes que tienen en el Fonden y en la Cruz Roja, años con tantos sobresaltos serán la nueva normalidad. Y por eso, las organizaciones civiles con trabajo en fases de crisis y reconstrucción piden un cambio de mentalidad a los ciudadanos a la hora de dar.

¿Qué dar? Organizaciones como la Cruz Roja y Oxfam piden dinero, antes que donativos en especie. Aseguran que eso les permite brindar una ayuda más eficaz.

Isaac Oxenhaut está a cargo de la Coordinación Nacional de Socorro de la Cruz Roja. Él hizo un cálculo, que compartió una tarde en una reunión en la casa presidencial Los Pinos. Llevar a Haití las 16,000 toneladas de ayuda que aportaron los mexicanos costó cinco veces más que lo que valían esos productos. ¿No habría sido mejor donarles cuatro veces más, en dinero? “Creo que hay que tener la cultura de que cuando se diga ‘hay que donar dinero y no suministros’, hacerlo”, dice Oxenhaut. Mover el barco Usumacinta, de México a Haití, costó 5 millones de pesos sólo en diesel, indica el directivo.

Rómpase en caso de emergencia
En México se prefiere apoyar en especie que en dinero. Y es raro que los donantes aporten de manera programada, como sucede en otros países.

Una encuesta del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) encontró en 2005 y 2008 que la mayoría de quienes aportaron algo a una campaña, donaron vía colectas en la calle o en campañas de redondeo. En tercer lugar apareció la donación de bienes o alimentos. Sólo 5% dijo haber dado dinero con cargo a su tarjeta de crédito.

Según la encuesta del ITAM, apenas 3% realizó una aportación anual. Es decir, pocos colaboran activamente con una organización civil.

Adela Valadez de León, quien vive en el DF, lo ha hecho durante 20 años. Ella recibe su gasto el primero de cada mes, y ya se aseguró de que al día 2 la visite un representante de Ministerios de Amor, una organización que ayuda a niños en situación de calle. Valadez, madre de tres hijos jóvenes, dona 350 pesos todos los meses, y 900 en diciembre, para ayudar en la mantención de niños que antes vivían en la calle.

Teresa Núñez Urquiza es otro caso sobresaliente. Esta capitalina emigrada a Veracruz encarna lo que muchas organizaciones querrían: en su presupuesto de gasto tiene un renglón de donativos. Esta empleada bancaria, a cargo de sucursales en el golfo de México, dona 13% de su ingreso anual bruto.

No sólo eso. Lo tiene diversificado. Ella aporta recursos cada mes a un orfanato en el sur del Distrito Federal, a un comedor cerca de Amecameca y a una organización de niños con cáncer en Veracruz. Y cada vez que hay un desastre da dinero a instituciones que empaten los fondos de la ciudadanía, como el programa 1x1, de Fomento Social Banamex. Y, además, compra despensas y las reparte.

“Independientemente de esa cuota mensual, mi meta personal es que cada año debo dar un poco más de lo que di el año anterior”, dice en una entrevista vía telefónica, al término de un largo día de juntas en el puerto.

Quienes estudian la filantropía recomiendan hacer justo eso. Definir qué causas nos son importantes y diversificar el apoyo, como otro diversifica su riesgo a la hora de poner dinero en fondos de inversión.

Las organizaciones sociales que atienden a damnificados sugieren asignar un renglón a ayuda en emergencias, y otros más a proyectos que aminoren los riesgos, como esfuerzos de reforestación o reubicación de poblaciones.

¿A quién dar?
Tal vez la primera pregunta es: ¿dónde tienen más impacto las donaciones en pesos? Y para eso hay que hacer cierto trabajo de investigación. Todavía hay muchas organizaciones civiles en México que son poco institucionales o que no evalúan el impacto de sus acciones y la eficiencia de su gasto. Pero muchas otras han avanzado por ese camino.

Teresa trabaja en un banco. Cuando hay emergencias toma dos decisiones: dar dinero a instituciones que también aporten. Como Fomento Social Banamex, que aporta 1 peso por cada peso que dona la ciudadanía. Y aparta una cantidad para comprar despensas y hacer llegar ayuda directa.

Fomento Social reúne dinero para tres etapas: prevenir daños a la población; actuar en la crisis y, una vez evaluados los daños, destinar una parte importante de los recursos a corregir, junto con el gobierno y empresas. Con su ayuda se han reubicado poblados enteros, como los amenazados por las inundaciones del río Grijalba. En septiembre de 2009 inauguró la localidad Nuevo Juan de Grijalva, municipio de Ostuacán, Chiapas, para 2,000 personas.

Fernando Peón Escalante, director de Fomento Social, asegura que su gasto administrativo es cero, porque lo absorbe Banamex. Es decir, que se canaliza todo lo que se recauda. Asegura también que el banco deduce de impuestos sólo los aportes propios y no el monto recaudado entre ciudadanos.

Aunque a la Cruz Roja se le conoce más por su acción en crisis, una parte importante de su trabajo viene después, como hace también el Fonden. Hace una evaluación de daños, identifica prioridades y diseña proyectos para prevenir futuros daños. Oxfam, la organización no gubernamental de combate a la pobreza, también tiene programas de largo plazo. Organizaciones como Médicos sin Fronteras intervienen más bien durante la emergencia.

“Este año hemos pasado una cantidad bárbara de charolas”, dice José Heres, el director del Fondo para desastres de Fomento Social Banamex. Teme que la gente se canse de donar. Para Veracruz recibieron 51,000 depósitos de particulares. La mayoría de 200 a 800 pesos y 20,000 depósitos de pequeñas empresas.

Teresa Núñez recoge algunas lecciones de este año de sobresaltos. “Hablé con mi hija: ‘A ver, Susy, ¿qué gastos podemos no hacer?, ¿qué vacaciones podemos evitar?’”. Así, reunieron una cantidad que donaron a una institución que atendía a los damnificados de Veracruz y que empataba los fondos de ciudadanos.

Pero dos días más tarde, cuando habían ya dado prácticamente toda la ayuda que pudieron, se desgajó un cerro en Oaxaca y afectó el pueblo de Tlahuitoltepec, de donde es originaria Mari, una querida mujer que le ayuda desde hace 20 años en casa.

“Ella es mi familia. Tu más prójimo es el más próximo. Y fue una enseñanza para mí y para mi hija, no ser tan desbocadas; meditar más la ayuda antes de dar”, reflexiona ahora. “A lo mejor Mari, que es la más próxima, fue la menos favorecida (por mi ayuda)”.

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–Y usted, Teresa, ¿no se agota de dar?

“Para nada –dice esta mujer de 51 años–. Se cansa sobre todo aquella gente que nada más se ha dedicado a dar, y que no se involucra. Dar cansa, pero involucrarse no cansa nunca”.

TRES PREGUNTAS ANTES DE DONAR
1. ¿Extienden recibos? Ése es el primer rasero, y deja fuera a una mayoría. Sirve para asegurar que la institución tiene registro, existe y paga impuestos. Los recibos obligan a las instituciones a reportar sus ingresos y a rendir cuentas a Hacienda.
Teresa Núñez, una ejecutiva bancaria que programa donativos a diversas instituciones, sólo dona a las que le entregan este comprobante. “Yo quiero ser una mexicana 100% y cumplo con mis obligaciones. Y ellos deben hacerlo también. A las que no me dan recibo, a la larga les dejo de dar, porque me hacen dudar”.
Si consigue recibos, puede deducir de impuestos hasta 7% de su ingreso acumulable del año, de acuerdo con la Ley del Impuesto Sobre la Renta. Si usted dona 100 pesos y gana 10,000, sólo se considerarían 9,900 pesos para calcular los impuestos a pagar.
Para indagar si la organización está registrada en Hacienda en: http://www.sat.gob.mx/sitio_internet/servicios/donatarias/
2. ¿Es transparente? Las donatarias con registro en Hacienda entregan información al Servicio de Administración Tributaria (SAT). En la página del SAT se puede consultar un escueto reporte de cuánto recibe cada una, cuánto destina a su función y cuánto a gastos administrativos. Algunas reportan cuánto pagan a sus directivos.
Otras organizaciones, como Fomento Social u Oxfam, presentan informes anuales auditados por un tercero, y reportes específicos, como uno de Haití en el que Oxfam da cuenta del uso de los recursos. Algunas organizaciones tienen terceros que evalúan el impacto de sus proyectos.
3. ¿Qué tan eficiente es? ¿Qué porcentaje de sus recursos va a pagar gastos de administración –nómina, instalaciones, teléfonos– y cuánto a la operación? La misma página del SAT puede dar pistas; ahí podrá comparar recursos obtenidos y gastos de administración y sacar un aproximado al menos en números. Teresa Núñez tiene la disciplina de leer los estados financieros de las organizaciones. Revisa la columna de “conceptos”. Por ejemplo, vigila que las instituciones a las que apoya destinen más dinero a comida o a educación, que a pintura o construcción. “No tiene sentido gastar en activos fijos; tiene sentido invertir en las personas”, dice.
LO QUE VA A CAMBIAR
Para hacer que su ayuda sea más eficaz, el Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden) se ha propuesto:
• Reducir el costo de atender desastres. En 2000 dejó de estar asegurada la infraestructura pública federal y estatal. Estarán aseguradas en 2011, explica el director del Fonden, Rubem Hofliger. La emergencia de Nuevo León costó 16,000 millones de pesos; mucho fue por daños a la infraestructura, que no estaba asegurada. Casi el doble de lo presupuestado para desastres en un año, para todo México.
• Realizar un estudio en cada estado para determinar qué está asegurado y qué no. Estarán haciendo un esquema que extienda la protección y reduzca el costo.
• Conseguir un seguro para cubrir los picos; que cubra los gastos que excedan los 9,000 millones de pesos que tiene presupuestado el gobierno federal.
Las organizaciones no gubernamentales piden:
• Dinero. Sugieren hacer más donativos en dinero, menos en especie. Más donativos para realizar acciones de prevención de riesgos.
• Empatía. Si decide dar en especie, sea empático, ruega Fernando Rivera, jefe de voluntarios de Cruz Roja. “Dar aquello que yo pediría en una situación así”. No suéteres para Tabasco, o botellas de sidra, como ya le tocó recibir.
• Información. A la Cruz Roja le vino muy bien que en redes sociales alguien les informara que en temporada de lluvias sale al manglar una variedad muy venenosa de víboras, y cómo protegerse.
• Continuidad. Los ciudadanos participamos en la crisis y olvidamos la reconstrucción. “No recuperas las formas de vida en seis meses”, señala Silvia Mancilla, de Oxfam.
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