Gurú entre los gurús

Fue periodista, gurú y padre del management moderno. El legado de Peter Drucker en 50 años de carr
Hernán Iglesias-Illa / Nueva York

En 1945, Peter Drucker recibió una llamada del departamento de relaciones públicas de General Motors. Aparentemente, el jefe del departamento había quedado hechizado por su libro El futuro del hombre industrial (1942), y le ofreció un contrato para que se metiera en las entrañas de la compañía y escribiera un libro con los resultados de su investigación. Drucker, que murió el pasado 11 de noviembre (ocho días antes de cumplir 96 años), no sabía que estaba a punto de fundar el management y la profesión de consultor, hasta entonces inexistentes. En 1946, Drucker publicó El concepto de la corporación (1946), fruto de sus dos años en GM, y el libro tuvo un éxito tremendo, tanto que incluso disgustó a la cúpula de la automotriz, que amenazó con despedir a los ejecutivos que fueran sorprendidos durante su lectura.

- En esas páginas, Drucker empezó a hablar de algunas de las que serían sus obsesiones en el siguiente medio siglo, y que se convertirían pronto en parte del lenguaje habitual de las empresas. El libro felicitaba a GM por algunas de sus eficiencias, pero le hacía dos críticas que darían vuelta el panorama corporativo: debía descentralizar más, sin tratar de tener un control obsesivo de todos los procesos, y debía mejorar la relación con sus empleados, a quienes debía dejar de tratar como máquinas. A partir de allí, Drucker escribiría otros 30 libros, impartiría miles de conferencias y sería reverenciado como el ‘padre’ de todos los que hoy se dedican a pensar y hablar sobre las empresas. Su fallecimiento, por complicaciones respiratorias, volvió a encender en Estados Unidos la admiración por un hombre que no sólo describió como nadie los intensos cambios de la segunda mitad del siglo pasado, sino que además nunca abandonó su interés por los asuntos globales y los defectos de las grandes corporaciones: “Más clientes, menos ganancias”, era uno de sus lemas, siempre cercano al trabajo verdadero, a la implicación social de las firmas y la responsabilidad para crear bienestar a su alrededor.

- En el libro surgido de su experiencia en GM, Drucker dice que las ganancias de una empresa son importantes no tanto para la salud de esa compañía, sino por su contribución al pleno empleo de una sociedad. Y la mejor manera de obtener ganancias sostenidas por mucho tiempo, decía Drucker, es tratando a los empleados como recursos valiosos. “El concepto de la corporación habla de negocios como Moby Dick habla de la caza de ballenas. Es decir: es eso y muchísimo más”, dice Jack Beatty, autor de la única y celebrada biografía sobre Drucker. Sin embargo, ni GM ni las otras grandes compañías estadounidenses hicieron mucho con los consejos del libro: sí lo hicieron los japoneses, que dos décadas después empezarían a convertirse en un coloso industrial.

- ¿Por qué no es Peter Drucker más famoso y reconocido de lo que es, sobre todo fuera de EU y fuera del mundo empresarial? Principalmente porque la disciplina de estudio a la que su nombre quedó adherido –aun cuando la mitad de sus libros fueran sobre política, economía y sociedad: a él le gustaba definirse como un “ecologista social”–, el management, no ha gozado de respetabilidad en el mundo académico. Drucker debió abandonar el mundo de las grandes universidades, que lo obligaban a especializarse, y encontró refugio en los pequeños colleges donde pasó buenas parte de su vida (desde 1971 hasta su muerte enseñó en el Claremont College, de California).

- Al mismo tiempo en el que el mundo académico era colonizado por el estructuralismo y variadas formas de marxismo, el intento de Drucker de buscar un capitalismo razonable, trabajando cuerpo a cuerpo con las grandes corporaciones, era mirado con desprecio por sus contemporáneos de la ciencias sociales y también por los economistas, que consideraban su disciplina demasiado blanda.

- Un austriaco inquieto
Peter Ferdinand Drucker nació en Viena, en 1909, y tuvo una infancia culta, en una familia preocupada por las artes y por la política. Su padre, funcionario del Imperio Austro-Húngaro, era un conocido miembro de la sociedad vienesa, y solía invitar a su casa a personajes que discutían a Freud o conversaban con Thomas Mann. Pero al joven Drucker le parecía que Viena se había quedado en el pasado: fue a Frankfurt, donde recibió un doctorado en derecho internacional a los 22 años y se dedicó al periodismo. Un artículo suyo publicado en un periódico local no le gustó al naciente régimen nazi, por lo que Drucker se exilió en Londres, donde empezó a trabajar en un banco de inversión y se reencontró con Doris, quien después sería su mujer y a quien ya había conocido en Alemania. Estando en Londres, viajaba a veces a escuchar las clases de John Keynes en Cambridge, pero después dejó de hacerlo: “Él estaba interesado en los commodities. Y yo estoy interesado en las personas”, dijo en una ocasión. Para escapar de la presión de las familias, que no aprobaban su relación, Drucker y Doris se casaron y se mudaron en 1937 a Nueva York, donde Peter empezó a trabajar como corresponsal de periódicos británicos.

- Con el tiempo, comenzó a dar clases en una pequeña universidad cercana a Nueva York y en 1939 publicó su primer libro, El final del hombre económico, que no tuvo gran éxito hasta que fue reseñado por Winston Churchill en el Times de Londres, y después fue señalado como lectura obligatoria para los oficiales del gobierno británico.

- De ahí, al estrellato. En la década de los 50, cuando nadie se imaginaba a una computadora fuera del gobierno o de las universidades, Drucker predijo que la informática provocaría una revolución en el mundo de las empresas, lo que finalmente, por supuesto, ocurrió y todavía ocurre. En 1961, fue él quien alertó sobre el surgimiento de Japón como potencia mundial y, en 1997, pronosticó una dura reacción contra los elevados salarios de los CEOS de Wall Street: “En la próxima recesión, habrá una explosión de amargura y desprecio por los caciques de las supercorporaciones que se pagan millones a sí mismos”. Esto todavía la estamos esperando.

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- Drucker fue un ensayista omnívoro: escribió libros sobre empresas, sobre economía y sociedad, sobre arte japonés –de cuyos pintores decía que habían logrado la abstracción un siglo antes que los cubistas occidentales–, dos novelas y un libro de memorias. Leía de todo, y sobre todo, y escribía columnas impredecibles, en las que los temas y las disciplinas se juntaban y se cruzaban en la misma frase.

- Cuando Drucker hizo su estudio en General Motors, solamente dos compañías ofrecían capacitación a sus empleados, y apenas tres asignaturas universitarias de todo el país tenían a la empresa como tema principal. “Hasta entonces, se creía que las empresas se comportaban como los individuos. Y no es así. Para nada”, recordó Drucker en una entrevista. Hoy hay incontables escuelas de negocios, y miles de millones de personas cuyas vidas fueron afectas por las ideas popularizadas por Drucker, desde la privatización de empresas estatales (él le decía “reprivatización”) hasta la propia palabra outsourcing. Hoy le dirían que es un gurú, pero Drucker, recostado sobre su trayectoria de medio siglo, respondería, sonriendo apenas: “Los periodistas usan mucho la palabra gurú porque no saben cómo deletrear ‘charlatanes’”. Ouch.

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