Haz lo que te dé la gana

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Javier Martínez Staines

Todavía hay quienes miden el éxito en la cantidad de horas invertidas -trabajando, cuando la base real de medición debiera ser lo que invertimos en -hacer lo que realmente queremos. En la lucha por la sobrevivencia, los top -managers tienden a confundir los términos: en sus biblias del liderazgo aún -dominan ideas como semanas de 60 horas, reuniones maratónicas a la menor -provocación, petición de exhaustivos e interminables reportes e ideas de -productividad sustentadas en el ya célebre índice hora–nalga– asiento.

- El problema de fondo es que hay demasiada gente infeliz en sus empleos. Y -esto se debe a que muy pocos hacen lo que les gusta y, más bien, ven cargadas -sus agendas de actividades que jamás planearon, que les suponen alejarse más y -más de lo que alguna vez les resultó atractivo y retador. Basta con -preguntarle a muchos ejecutivos cómo se encuentran y la respuesta siempre -incluirá las siguientes palabras: sobresaturación, estrés, agotamiento, -insomnio, depresión, úlcera, gastritis, colitis, irritación continua... en -fin. Todos tenemos “demasiada chamba”, más allá de lo humanamente -razonable, al grado que irse temprano a casa un viernes, por ejemplo, implica -cargar, como el Pípila, con una pesada losa de culpas que patean la conciencia -durante todo el fin de semana.

- La vida en la cumbre corporativa, además de solitaria, se convierte en una -trampa constante de obligaciones que están en disputa con el hedonista que -todos llevamos dentro. Lo peor es que muy pocas personas se someten a un -autoanálisis que les permita cuestionarse en qué momento dejaron escapar la -dicha en el trayecto de sus actividades profesionales. Es una de esas cosas que -ocurren a través de dosis extremas de inconsciencia y que, a veces, es tarde -para reparar. Están por doquier: caminan con rostros cadavéricos por los -pasillos, cargando como almas en pena con las tribulaciones de la desdicha -acumulada.

- ¿Es posible ser feliz en el trabajo? Evidentemente, sí. Todos conocemos -varios casos, incluso de esos que llegan al didáctico extremo de decir: “Hago -lo que me gusta y me pagan por ello”. Ups. Seamos sinceros: cuando escuchamos -a alguien con ese entusiasmo, se despiertan dos posibles reacciones: una envidia -sincera que nos sumerge en el profundo agujero de la depresión, o la -motivación por reformular nuestras actividades cotidianas para encontrar mayor -sentido a lo que hacemos.

- En realidad, tal como hoy se empieza a comentar con insistencia en las -grandes escuelas de negocios, el asunto se reduce a hacer, desde un punto de -vista productivo y rentable, lo que auténticamente nos viene en gana.

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- Sin deleite, la temporada en el infierno puede convertirse en una condena a -cadena perpetua. No hay otro remedio que hacer lo que nos gusta hacer.

- El autor es director editorial de Grupo Expansión y es un -hedonista incontrolable que sí encuentra mucho placer en su trabajo.
-Comentarios: jstaines@expansion.com.mx

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