Hábitat siglo XXI

En el nuevo milenio, el hogar se transformará radicalmente. La vida en el espacio más íntimo no p
Andrés Piedragil Gálvez

La casa del siglo XXI. El tema provoca los comentarios más absurdos y exagerados. El cine de ciencia ficción, en buena medida, es el culpable. En las cintas del género, el personaje principal y su casa establecen una relación de gran intimidad –gracias a la capacidad vocal y emotiva de la construcción–.  De hecho, el recurso argumental ya representa un clásico.

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Cualquier persona puede imaginar el cuadro: Sylvester Stallone regresa al hogar –después de rescatar a una hermosa mujer, y desintegrar a varios extraterrestres de malas intenciones–. Tan pronto como traspasa el umbral, el actor escucha una voz: “Hola, por lo que observo, el día no fue fácil. Las heridas necesitan ser atendidas. ¿Quieres que llame al doctor? Mientras tanto, pasa al comedor por favor. La cena estará lista en tres minutos y 22 segundos.” El actor responde: “Gracias, los traficantes de Plutón sólo me provocaron rasguños. Enciende la regadera y programa una temperatura de 12 grados. Prepárame un whisky en las rocas y, si fueras tan amable, también quisiera escuchar mis video mensajes.”

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Se supone que la ciencia ficción sólo es especulación con tintes científicos e imaginación desbordada. Sin embargo, en el centro de Silicon Valley –la Meca de la industria de tecnologías de información y el lugar donde se desarrollan los sistemas de cómputo más avanzados–, la casa del futuro ya existe y posee un rostro más real y concreto. Pero, lástima. Un hogar con la capacidad de dar masajes todavía es una posibilidad que se antoja lejana.

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Vivir en red

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La casa inteligente es un proyecto tecnológico en el que participan seis compañías: Cisco Systems, Hewlett-Packard, Digital Interiors, Sears, The Great Indoors y Whirlpool. Se encuentra en Silicon Valley, California (en las instalaciones que Cisco Sytems posee en la ciudad de San José) y ocupa una extensión de 170 metros cuadrados. La fachada y los interiores no muestran un aspecto excepcional. Es una casa como cualquier otra.

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Un análisis más profundo revela su condición extraordinaria: en el lugar se presenta un gran despliegue de soluciones de conectividad. Además de las instalaciones de servicios tradicionales (agua, gas y luz), la casa está equipada con tres tipos de plataformas de red (Ethernet, cable coaxial y DSL). Dichos sistemas enlazan a distintos aparatos electrodomésticos y generan servicios específicos de control y seguridad. ¿Qué beneficios aporta el uso de la tecnología?

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En primer lugar, todos los dormitorios poseen una computadora habilitada para videoconferencia. De esta forma, por ejemplo, el padre puede observar, en tiempo real y desde cualquier punto de la casa, las actividades que realizan sus hijos. Incluso la vigilancia podría realizarse en forma remota y en un ambiente multimedia. Es decir, vía internet, se conecta al hogar y ve las acciones del hijo. Si está haciendo la tarea en la PC, el tutor, a través del enlace web y utilizando un programa de colaboración, puede corregir los textos o las sumas del niño.

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Además, la casa inteligente está equipada con paneles de red de control central –que se ubican en distintos espacios–, los cuales administran funciones generales: regulación de temperatura, encendido y apagado de electrodomésticos, selección de música ambiental y gestión de las luces interiores –lo que incluye abrir o cerrar ventanas–.

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Las funciones de seguridad remota representan otro factor destacado del proyecto. A través de internet, el usuario, que podría estar en otro país, recibe la imagen de una persona que desea ingresar al hogar –captada por cámaras digitales–. A distancia, la persona autoriza o niega el acceso.

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En la sala se encuentra un avanzado sistema de entretenimiento. A través de una gran pantalla, la familia captura, reproduce y recibe cualquier fuente de video en tiempo real: satélite, cable, televisión, DVD, música en formato mp3, etcétera. El equipo está capacitado para recibir las imágenes que transmiten las webcams del resto de las habitaciones –“niños, olviden las travesuras”, la vigilancia es extrema– y funciona como una herramienta para navegar por internet.

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La cocina también está habilitada con funciones de red. En el refrigerador existe un panel inalámbrico y móvil –se desmonta del chasis del electrodoméstico–, que programa el horno, desactiva pilotos de la estufa –para evitar accidentes– y permite navegar por la web. El frigorífico es un caso aparte: el aparato lee el código de barra de todos los productos que almacena. Si detecta la escasez de algún insumo, el dispositivo se conecta a internet, entra al sitio de un supermercado y lanza una orden de compra. Al estar basadas en tecnología de red, las funciones de la cocina pueden ser gestionadas en forma remota por el usuario.

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Soñar no cuesta nada

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El hogar inteligente no es un proyecto irrealizable. Las tecnologías que soportan las funciones de conectividad, en su gran mayoría, ya están disponibles en el mercado comercial. Cisco Systems y sus socios no hablan de sistemas de laboratorio. No obstante, y desde la perspectiva latinoamericana, el proyecto todavía se ubica en los terrenos de la imaginación. Por principio de cuentas, la construcción de la casa mágica implicó una inversión de $100,000 dólares (aproximadamente). Un precio inaccesible para el grueso de la población local.

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La obra ofrece tres formas de conectividad: cable coaxial, red Ethernet y enlace DSL (tecnología de banda ancha). En México, el acceso de banda ancha es una alternativa de comunicación reciente –y no barata–. Además, no se puede olvidar que en muchos hogares mexicanos, el cable de cobre representa la única opción disponible –y lo será por mucho tiempo–. Sin el respaldo de las conexiones más avanzadas, la capacidad de un hogar inteligente sufre una baja importante de desempeño.

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De igual forma, la construcción y el mantenimiento de una casa del siglo XXI no es una tarea sencilla. Hacen falta constructores de alto nivel; además de poseer conocimientos sobre materiales deben contar con una formación técnica aceptable. ¿Cuántos arquitectos de esa categoría existen en el mundo? En Silicon Valley quizá bastantes. Otra pregunta: ¿quién resolverá los problemas que presente la plataforma de conectividad? El usuario promedio puede cambiar un foco o arreglar la tubería dañada. ¿La misma persona podrá solucionar un problema de configuración del servidor? ¿A quién tendrá que llamar? Si encuentra el soporte técnico necesario, ¿cuánto tendrá que desembolsar por el servicio?

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El panorama latinoamericano no preocupa a los encargados del proyecto. Según ellos, la casa inteligente se convertirá en una realidad por el impulso del mercado. En su opinión, la conectividad será un valor agregado muy atractivo para los consumidores. El usuario exigirá las aplicaciones de red y sólo comprará o rentará los espacios que satisfagan ese criterio. La demanda por estos hogares, al mismo tiempo, impulsará la capacitación técnica del sector de la construcción y generará un nuevo campo de negocios: las empresas especializadas en brindar soporte a las casas del siglo XXI. La compañía considera que la tecnología de banda ancha crece en forma impresionante en los mercados de la región.

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Cisco Systems asegura que el hogar inteligente no posee una versión única. Las personas no tienen que realizar un despliegue completo. Cada familia elegirá el número de servicios que desea: sistema de seguridad, videoconferencia interna o aplicaciones en la cocina. De acuerdo con sus cálculos, una versión personalizada podría tener un precio de $3,000 dólares.

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Ficción o realidad, gracias a la tecnología la relación entre los individuos y su hábitat cambiará en forma radical. Los líderes del proyecto están convencidos y planean una demostración contundente: en una zona de California, Estados Unidos, se construirán 13,000 viviendas “pensantes”.

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