Hylsamex, una venta volátil

Con la venta de la joya de la corona del acero mexicano al Grupo Techint, el país pierde un element
Xavier Ginebra

En un momento en el que varias de las principales empresas argentinas están pasando a manos de capitales extranjeros, principalmente brasileños y mexicanos, el Grupo Techint decide recorrer el camino inverso y suscribe un acuerdo para adquirir Hylsamex, la mayor productora de aceros planos de México, a cambio de $2,253 millones de dólares.

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Esta operación, más allá de los beneficios que arroje para ambas empresas, es de preocupar: de los más de cerca de $14,000 millones de dólares que hemos recibido de Inversión Extranjera Directa (IED) en los últimos años, la gran mayoría han sido más adquisiciones que inversiones. Esto ha provocado que en lugar de un incremento de empleo se observe una tendencia de despidos, productos de estas fusiones.

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Durante la administración de Carlos Salinas de Gortari, en plena etapa de apertura (1988-1994), José Córdoba Montoya, jefe de la Oficina de la Presidencia, hizo el cálculo alegre de que con la llegada de $14,000 millones de dólares de IED se podrían generar el millón de empleos que el país necesita cada año. Nada más erróneo. El brazo derecho del ex presidente no se percató que las empresas extranjeras invierten en México sólo en la fase terminal de su negocio, con mucho elemento automatizado. ¿Resultado? Poca derrama económica.

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Un fenómeno similar se dio en países como España a raíz de su entrada a la Unión Europea: se pensaba que la inversión extranjera iba a ser un detonador de la economía, y sólo hubo un cambio de propietarios. Y aunque es cierta la aseveración del ex banquero mexicano, José Madariaga de que el capital no tiene nacionalidad, las empresas sí tienen nacionalidad. Y lo digo no sólo para efectos jurídicos.

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El hecho de que Hylsamex se incorpore a Techint, dificulta a la mexicana mantener un papel preponderante en la siderurgia nacional. Michael Porter –profesor de Harvard, experto en cuestiones relacionadas con ventajas y estrategias competitivas, autor del prestigiado libro La ventaja competitiva de las naciones– resalta la importancia de una “empresa nacional, con rivalidad nacional”, para poder adquirir ventaja competitiva internacional. Con la venta de “las joyas de la corona” del acero mexicano, nuestro país pierde un elemento para fortalecer su sector siderúrgico: la existencia de empresas acereras mexicanas fuertes, para poder competir globalmente.

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Otro aspecto que pasó por alto Dionisio Garza Medina –presidente de Alfa– es que con la adquisición de activos por parte de empresas extranjeras, se vuelven más volátiles e inciertas las inversiones externas en nuestro país. En cualquier momento que las plantas de Monterrey o Puebla resulten menos rentables, no se dude que se cerrarán, con la consiguiente pérdida de empleos y desinversión en México, lo que menos nos hace falta en estos momentos.

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Kenichi Ohmae, presidente de la empresa McKinsey en Japón, en su libro El nuevo estratega, nos dice que las empresas que tienen plantas de otros países, no pueden atraer lo más preciado de una empresa: su cerebro, sus empleados en investigación y desarrollo, que son los empleos mejor remunerados y con mayor valor agregado. Con la venta de Hylsamex a Techint, el “cerebro” de la empresa mexicana se transferirá al otro lado del hemisferio.

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En suma, esperemos que el empresariado mexicano –una especie en extinción– decida mantener en operación sus empresas, en lugar de venderlas. Sólo así México contará con sectores sólidos y competitivos.

El autor es Doctor en Derecho de Competencia Económica.
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xgs9@hotmail.com

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