<I>Amigos forever</I>

La reunión entre Bush padre y empresarios mexicanos representó un paso hacia la reconciliación.

Estaban todos. A puerta cerrada, como ameritaba la ocasión. La tónica: no hard feelings con México. El organizador fue Luis Téllez, hoy vicepresidente ejecutivo de Desc, ayer secretario de Energía y anteayer uno de los jóvenes negociadores del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá (TLCAN). Esto lo hizo gracias a su extraordinaria amistad con James Baker, ex secretario de Estado (de la administración Bush, precisamente) y miembro del Consejo de The Carlyle Group, el fondo de capital más poderoso del mundo, patrocinador de la reunión y que tiene el firme propósito de entrar con fuerza a México. El lugar: el Club de Industriales. El día: martes 13 de mayo. Fueron dos horas con 20 minutos de convivio con un único orador: George Bush padre habló con la parsimonia de un político con medio siglo de experiencia, con la tranquilidad de estar frente a un selecto grupo de amigos (hombres y mujeres de negocios que llevan años aplaudiendo su empujón inicial al TLCAN) y aderezó sus comentarios con frecuentes salpicones de humor. Como en los mejores tiempos.

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“El ex presidente Bush dejó en claro su gran amistad y apertura con México –señala Téllez-. Tiene muy presente el proceso del nafta y la negociación de la deuda mexicana. Entre otras cosas, mencionó que sí se dio un ligero distanciamiento por el voto, o no voto, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, pero que había tenido una extraordinaria reunión con el presidente Vicente Fox.”

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Sin resentimientos. Sin represalias. Defendió enfáticamente que la guerra contra Irak no fue por el petróleo; mencionó al menos cuatro veces su orgullo por contar con una nuera mexicana; se volvió a confesar gran admirador de Carlos Salinas de Gortari (“un individuo muy inteligente que siempre defendió los intereses de México”) e insistió en que su vecino es un país “importantísimo” para Estados Unidos.

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La mesa de honor, sin mayores sorpresas: Carlos Slim, María Asunción Aramburuzabala, Emilio Azcárraga Jean, Fernando Senderos, Manuel Arango, Héctor Rangel Domene y el embajador Tony Garza, sentados con Bush. Ante el micrófono, el ex mandatario aprovechó para dar crédito a “my friend Carlos Slim”, al grado de decir que, tras charlar con él, se sentía más tranquilo por los alentadores pronósticos que el hombre de negocios hizo sobre la economía mundial a corto plazo.

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Ahí estuvieron, casi en pleno, los miembros del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, los banqueros y algunos representantes de la nueva generación de empresarios: el tapatío Ignacio Aranguren, el regiomontano Federico Sada, el infaltable Claudio X. González, Alejandro Burillo, Juan Beckmann, Clemente Serna, Ricardo Guajardo Touché, Manuel Medina Mora, Alejandro Soberón Kuri… en fin. Más bien, llamó la atención la presencia de Jorge Díaz Serrano, el ex director de Pemex que pasó varios años en la cárcel.

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Sobre las presiones de algunos congresistas republicanos para abrir el monopolio petrolero estatal a la inversión privada o los afanes de la administración foxista por alcanzar un acuerdo migratorio con el gobierno encabezado por su hijo, ni una palabra. Gajes del oficio diplomático, Bush insistió más bien en los destinos unidos de ambos países, “inquebrantables por un desacuerdo momentáneo”.

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Lo cierto es que la visita del ex presidente no es gratuita. Acomoda muy bien con tiempos acordes para limar asperezas. No es casual que justo entonces se confirmó la entrevista oficial entre Vicente Fox y su homólogo George W. Bush, en noviembre próximo.

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