Ilustre lustrador

El Oso cumple 85 años de dar brillo al calzado de los mexicanos.
–LC

“¿Un trapazo, joven?”, pregunta un limpiabotas, quien una vez que el cliente acepta saca de su cajón una lata de cera El Oso. Esta imagen, ligada a muchas calles de la ciudad, forma parte de la historia de la empresa, que empezó en 1917 como un pequeño negocio y hoy vende más de 24 millones de piezas al año.

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Como sociedad mercantil la firma se fundó en 1922. No obstante, ya operaba un lustro atrás, por lo que cuenta con más de 85 años de existencia.

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Su fundador, Prisciliano Pérez Buenrostro, era un hombre humilde proveniente de Querétaro, que dejó el campo en busca de una nueva vida. Obtuvo su primer trabajo como dependiente de ferreterías y, para completar el gasto familiar, por las tardes acudía al zoológico de Chapultepec a sacar fotografías a los paseantes. Usualmente, empleaba como fondo a los osos polares, que en aquella época acababan de llegar a México.

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Así se mantuvo por algunos años, hasta que observó que la crema de calzado que las ferreterías desechaban se reblandecía con el calor. Pensó que esto podría ofrecer una oportunidad de negocio y empezó a vender el producto recuperado.

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“Entonces todo se importaba de Estados Unidos. En latas pequeñas empacó la sustancia y, en sólo unos días, la demanda fue impresionante”, cuenta Adolfo López, director general de la organización.

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Con tal buena estrella, Pérez buscó la asesoría de químicos para desarrollar una fórmula original. En 1922 lanzó su propio producto, bautizado con el nombre de El Oso en memoria de sus andanzas como fotógrafo.

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A la llegada de otros competidores, proliferaron las ceras líquidas. Observando que empezaban a ganar adeptos, la firma decidió en 1993 crear una línea de artículos con esa presentación y consiguió una participación de 10%.

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En vista de que las cosas iban bien, en 1997 El Oso se lanzó a la conquista de Centroamérica, Estados Unidos y Europa.

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En 2000 la compañía parecía estar en problemas, pues sus ventas fueron menores que en años anteriores. Por ello decidió relanzar algunos productos y sacar otros nuevos –como el champú para tenis hecho con jabón de calabaza o un limpiador para piel de ante que se aplica en seco–. Con esta estrategia, las ventas crecieron 8% en 2002.

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El Oso, que es una empresa 100% mexicana, tiene una participación de 57% en el mercado de productos en pasta para calzado y de 15% en el de ceras líquidas. Aunque surgió como una compañía familiar –hoy son accionistas miembros de la cuarta generación de la familia Pérez–, la organización tiene sangre nueva.

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