Indispensables

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Andrés Piedragil Gálvez

“Una secretaria es tan necesaria que sin ella el ejecutivo no existiría. Es como el di-rector de escena: está tras bambalinas, pero el nivel de eficiencia y el tiempo que el ejecutivo tiene libre se consiguen gracias a la organización de una secretaria”. Qué hombre de negocios se atrevería a descalificar completamente esas afirmaciones; dichas por una de las fuentes incluidas en la historia de portada de la edición número 305 de Expansión (10 de diciembre de 1980).

- El reconocimiento a esa importante labor empresarial no era gratuito: hace 24 años, las corporaciones mexicanas estaban sufriendo un alarmante déficit de asistentes capacitadas. La firma Gil Asociados en Mercadotecnia y Personal reportaba que las compañías que buscaban apoyo secretarial enviaban entre 150 y 180 solicitudes al mes, y durante el mismo periodo apenas 20 secretarias entregaban su currículum para encontrar empleo.

- Dos factores explicaban esta sequía. En primer término, las aspiraciones profesionales de la mujer mexicana, para fortuna de este país, ya incluían otros campos de la actividad empresarial. Por otro lado, muchos ejecutivos no dudaban en exhibir sus prejuicios: la secretaria ideal, más allá de sus habilidades en el oficio, tenía que ser muy joven, notablemente guapa y obligadamente soltera.

- Pero al margen de ese momento de crisis, la contundente realidad es que las secretarias desempeñan un papel fundamental en la operación diaria de una empresa. Su ausencia puede abrirle las puertas al caos. Con toda honestidad, ¿quién, en su sano juicio, quisiera imaginarse una vida sin ellas?

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