Industria <br>Los pormenores de la caíd

Bonito dilema el que plantea Caintra: el gobierno pone a las empresas a competir en el primer mundo,

Quienes piensan que la crisis es producto del multicitado -error de diciembre tienen una visión parcial del problema, según estudios realizados por la Cámara de la Industria de la Transformación de Nuevo León (Caintra), los que demuestran que los indicadores negativos empezaron a aparecer desde 1992, a raíz de la política restrictiva implantada por el gobierno para controlar la inflación en detrimento del crecimiento económico. Para completar el cuadro, las medidas se aplicaron acompañadas de un peso sobrevaluado y una apertura agresiva, lo que se tradujo en una situación ventajosa para los importadores.

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Guillermo Beltrán, director de Estudios Económicos y Administrativos de la Caintra, explica que en 1991 la industria local registró un crecimiento de 18% en producción y 10.7% en ventas. En ese entonces se percibían avances en el combate a la inflación y las variables económicas todavía estaban apegadas a la realidad. Sin embargo, en 1992 empezó a generarse una sobrevaluación del tipo de cambio, hecho que inmediatamente fue expuesto como factor crítico por parte del sector privado local. Los pronunciamientos no fueron escuchados, así que al cierre del cuarto año del sexenio salinista, la industria neoleonesa sólo aumentó su producción en 4.4%, mientras que la mejora en las ventas se situó en 3%. Como la política oficial permaneció inalterable, en 1993 llegó la recesión, y fue entonces cuando la industria cayó 1% en producción y 3.6% en ventas.

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Las cifras de 1995 no dan lugar al optimismo: descenso de 16.8% en la producción y de 26.5% en las ventas, -decremento de 7.1% en el empleo y aprovechamiento de 57.3% de la capacidad instalada. El ramo más deprimido es el metálico básico, con una caída de 21.1% en producción y 26.8% en ventas. Los únicos -indicadores que tienen signo positivo son los de costos y precios, que el año pasado aumentaron 32.5% y 28.1%, respectivamente. Fue necesario esperar hasta el primer trimestre de este año para empezar a ver un poco más claro. Según los resultados de la encuesta de coyuntura industrial aplicada por la Caintra en Nuevo León, la producción creció 2% (con un descenso anualizado de 12.4%), las ventas 1.7% (con baja anualizada de 18.2%) y el empleo 1.4% (con tasa anualizada negativa de 1%).

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“En todo el sexenio anterior no hubo una definición o una política de promoción de la industria”, enfatiza Beltrán. Todo se dejó al libre mercado y por lógica se desarticularon las cadenas productivas, pues muchos industriales se reconvirtieron para ser distribuidores de bienes importados. El proceso productivo, que antes integraba un alto contenido de valor agregado nacional, se empezó a descomponer en valor agregado de otros países”.

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La pregunta obligada es ¿por qué no se defendió el sector privado en su momento, por qué proyectaba la imagen de respaldar las estrategias económicas del neoliberalismo? Beltrán argumenta que “el sector privado es prudente y dio un voto de confianza”. Había una aceptación de las medidas de desregulación económica, de orientación al mercado, de la privatización; sin embargo, los industriales —cuando menos los de Nuevo León— siempre puntualizaron que el tipo de cambio estaba generando una desventaja competitiva. Cuando había un discurso oficial y se explicaba el por qué de una determinada política, los empresarios expresaban su apoyo y estaban dispuestos a dar tiempo. No imaginaban que la crisis estaba a la vuelta de la esquina, justo al inicio del actual régimen.

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En su opinión, el gobierno dejó pasar hace un año la oportunidad de equilibrar el costo de la crisis. Después vino el Acuerdo de Apoyo Inmediato a Deudores (ADE) como estrategia para salvar los problemas de cartera vencida y reactivar la actividad productiva. El -pero es que las medidas llegaron con retraso.

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País en desventaja
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Este año los empresarios fueron invitados a participar en la elaboración del Programa de Política Industrial y Comercio Exterior y en principio aceptaron porque han detectado que el sector oficial está más dispuesto a escuchar propuestas. El problema, dice Beltrán, es que las líneas de acción no están aterrizadas; se quedaron en el plano conceptual sin especificar objetivos, tiempos, metas, responsables y acciones complementarias, y es aquí donde quieren entrar los industriales, quienes están de acuerdo con la apertura comercial, pero al mismo tiempo exigen que sea en términos equitativos, pues el país está en desventaja en varios aspectos: altas tasas de interés, precios de energéticos -superiores a los de Estados Unidos, infraestructura deficiente —sobre todo de comunicaciones—. “Vámonos moviendo en la misma velocidad —dice—. El sector público pone a las empresas a competir en el primer mundo, pero el gobierno no es competitivo mundialmente, no aspira a ser el mejor del mundo”.

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En varias ocasiones el presidente Ernesto Zedillo ha señalado que, además de críticas, desea recibir ideas para mejorar su programa económico, y la Caintra de Nuevo León se muestra dispuesta a colaborar en la definición de regulaciones fiscales, de políticas de comercio exterior, de estrategias para el desarrollo tecnológico y de capacitación, de -mecanismos para la reconstrucción de las cadenas productivas y programas para desarrollar proveedores. “Estamos listos con propuestas muy concretas”, afirma Beltrán. Aclara que los industriales no están pidiendo subsidios ni concesiones, lo único que exigen es un clima favorable para la actividad económica. La principal demanda —desde el año pasado— es que se privilegie el crecimiento económico, en lugar de dirigir todas las baterías a reducir la inflación.

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¿Cuánto debe crecer el país para salir de la recesión? El gobierno habla de 5%, aunque de ninguna manera se compromete a alcanzarlo. Por su parte, los industriales han hecho sus propios cálculos: se debe lograr al menos un crecimiento de 3% en la producción, pero esa tasa no cubre la generación de empleos. Según sus estimaciones, el aumento de la demanda laboral es de 2% anual, a lo que se tiene que agregar 3% de subempleo y desempleo que se arrastra de otros años. Estos números conducen a la conclusión de que el país debería tener una tasa de crecimiento de 8% durante los próximos cuatro años para después ubicarse en 5%. La meta es ambiciosa.

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Lo importante, reitera Beltrán, es no volver a sucumbir a la tentación de corregir las expectativas inflacionarias con un tipo de cambio artificial que sólo atrae capital especulativo. Como sector industrial, actualmente están preocupados porque el tipo de cambio está bajando. “Consideramos que ya están las condiciones dadas para que el país tenga una política de tipo de cambio certera, real”. Si va a haber una apreciación del valor del peso, debe ser por las divisas que provienen de las “exportaciones y de inversión directa que venga a plantas industriales, no a la bolsa”.

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