Industrias Banamex: el valor de la tradi

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Con 58 años en el negocio de confección de camisas, Jesús Marcos piensa que en México es difícil introducir tecnología de vanguardia para modernizar este ramo porque no hay mecánicos capacitados ni refacciones. Cuando todos hablan de automatización de procesos, él insiste en la importancia de capacitar al personal para que trabaje con calidad y se comprometa con los objetivos de la empresa.

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Desde su cargo de director general de Industrias Bamex, puesto que comparte con su hermano Jorge, en los últimos años ha tenido que lidiar con el problema de la rotación de personal. Se lamenta de que cada año invierten tiempo y recursos en la capacitación de un promedio de 400 personas, muchas de las cuales sólo trabajan unos meses. “Estamos buscando que el personal sea 100% eficiente. No nos interesa quedarnos con gente que sea medio eficiente.” Aunque no proporciona cifras, dice que quienes cumplen las metas de productividad ganan “buen sueldo” porque semanalmente reciben premios de puntualidad y asistencia, calidad y eficiencia. Quizá por ahí esté el problema, diría algún experto en recursos humanos.

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Industrias Bamex fue fundada en 1948 por su padre Bichara A. Marcos, cuando decidió separarse de la fábrica de camisas que operaba junto con sus hermanos desde 1925. La nueva empresa empezó a operar con 30 empleados y la tecnología más avanzada de Estados Unidos.

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Comenzaron a hacer camisas militares; por eso su primera marca fue Mariscal. “A pesar de que la guerra ya había terminado hacía casi tres años, era muy de moda estar con camisa militar”, recuerda Marcos. Pero casi inmediatamente empezó a caer la demanda y entonces se orientaron al segmento de camisas de vestir. La idea era crear otra marca, pero no pudieron, y hoy Marcos afirma que Mariscal “es la única marca con nombre castellano de prestigio en México”.

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El único inconveniente, señala, es “el complejo de la Malinche” que caracteriza al mexicano. Esto los impulsó a conseguir una licencia con Manhattan Industries para utilizar la marca Manhattan, pero no dio resultado porque cuatro licenciatarios previos la “arruinaron” al comercializarla en tiendas de autoservicio. “Estuvimos 10 años batallando, pero no la pudimos introducir bien.”

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En 1979 la misma empresa estadounidense lanzó la marca John Henry, así que Industrias Bamex aprovechó el momento para introducirla en el país. Según Marcos, este producto tuvo muy buena aceptación en el mercado que prefiere los nombres extranjeros, aunque la prenda esté hecha en México. Desde entonces, el sistema de licencias les ha funcionado bien, y el año pasado adquirieron la de Arrow.

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Hoy 55% de sus ventas corresponden a Mariscal, mientras que el resto se distribuye entre John Henry, Arrow y Manhattan.

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Para Marcos, el lado malo de las licencias es que se tienen que pagar regalías, pero reconoce que este sistema brinda la oportunidad de intercambiar visitas con todas las fábricas del mundo que utilizan las mismas marcas. Él ha estado en Costa Rica, Panamá, Colombia y Austria. También asiste a las convenciones donde se dan a conocer los avances en cuanto a hechuras, telas y maquinaria. “Cuando nosotros comenzamos la primer licencia con Manhattan Industries, tenían 14 fábricas en Estados Unidos. Ahora tienen una, igual que Arrow, y todo lo demás lo mandan hacer a otros países como México, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Egipto, etcétera.”

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MODERNIZACIÓN A MARCHAS FORZADAS
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Uno de los procesos que ya logró trascender la barrera tecnológica es el trazado de patrones, que se hace por computadora desde 1990. El empresario regiomontano señala que también han introducido algunas máquinas modernas, pero “es una industria tan intensiva en mano de obra, que lo más importante es convencer al personal para que trabaje con calidad, y esta tarea nunca termina”, insiste. Todas las operaciones, alrededor de 700, están tabuladas; de esta manera es fácil medir la productividad y con base en ello, dice, pagar los incentivos semanales.

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Con una planta de 500 empleados, la compañía trabaja al 100% de su capacidad para atender la demanda nacional de camisas y pantalones. Hasta ahora no ha exportado y Marcos tampoco tiene planes de hacerlo. Considera que “hay suficiente demanda dentro del país” como para buscar clientes en el extranjero; además, no conoce a un solo fabricante mexicano de este ramo que tenga presencia en otros países.

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El problema es que todos sus ingresos son en pesos, pero desde 1995 tiene que utilizar dólares para comprar materia prima porque la industria textil mexicana “quedó en la lona con la devaluación”. Actualmente, Bamex compra 80% de las telas en Tailandia, Corea, Taiwán e Indonesia, lo que implica tener grandes inventarios, cuando la tendencia general del resto de los negocios va en sentido contrario.

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Al hacer un recuento de los mejores y los peores tiempos de su negocio, Marcos liga la actividad empresarial a la actuación política de los presidentes. Empieza en 1955, con Adolfo Ruiz Cortines, quien después de la devaluación sometió al país a un programa de austeridad. “Después seguimos creciendo con el gobierno de López Mateos y con Díaz Ordaz crecimos al máximo.” De Luis Echeverría no guarda gratos recuerdos porque recibió el país en buenas condiciones y “le bastaron seis años para arruinarlo, a ese señor le debemos el inicio de todos nuestros males. Fue la peor época que yo recuerde”. De los más recientes evita comentar.

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Hasta ahora la compañía se ha manejado con un perfil netamente familiar, pero los hijos de Marcos, dice, no están interesados en seguir sus pasos y él decidió respetar su vocación. Por parte de su hermano Jorge, la única opción es Rubén Marcos Kuri, quien actualmente se desempeña como director adjunto. Pero este empresario aún no piensa en el retiro: “Mientras tenga capacidad para trabajar, lo seguiré haciendo”. De tal palo, tal astilla: su padre estuvo al frente del negocio hasta los 82 años.

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