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Con la eliminación de restricciones para las aseguradoras extranjeras, los usuarios tienen más opc
Lucía Pérez-Moreno

No hace ni 10 años el sector asegurador mexicano vivía plácidamente debajo de una gran palmera, esperando que cayeran los cocos. Las compañías ofrecían los mismos servicios al mismo precio, en tanto que el gobierno, para no tener luego que salir al rescate de alguna de ellas, las mantenía a buen resguardo de competidores extranjeros, pendiente tan sólo de controlar que las reservas técnicas para pagar los siniestros –70 centavos de cada peso recibido en primas se va a la conformación de fondos que las aseguradoras invierten en distintos instrumentos– fuesen suficientes.

- Este cómodo panorama terminó en la primera mitad de los 90. La ley de seguros, que data de 1938, se modificó en 1993 para permitir una diferenciación en primas y, un año después, al entrar el vigor el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), se inició la apertura del sector a los capitales foráneos.

- Pero las grandes compañías extranjeras entraron a este mercado por la puerta chica, con la compra de “cascarones” de pequeñas aseguradoras mexicanas o aliándose con instituciones financieras locales para acceder de manera inmediata a los canales de distribución. El saldo: en un lustro el número de aseguradoras aumentó de 34 a 68, de las cuales más de la mitad tienen capital extranjero; entre ellas también se cuentan 22 filiales de compañías europeas y estadounidense que operan de manera independiente. El mercado, sin embargo, siguió bajo el control de las grandes aseguradoras nacionales. Hasta 1998, cuatro de ellas, Seguros Comercial América (SCA), Grupo Nacional Provincial, Monterrey Aetna e Inbursa, tenían alrededor de 60% del mercado.

- Aunque se desconoce el monto de las inversiones hechas en México por las aseguradoras foráneas –en vista de esa vinculación con socios locales–, los expertos afirman que es poco significativo, considerando las enormes reservas internacionales de capital con que cuentan esas compañías.

- Hay una explicación para ello. En los primeros años las aseguradoras extranjeras “estaban probando el mercado”, dice Alfonso Castro, vicepresidente de Geo-New York Life (GNYL).

- Sin embargo, las compañías foráneas pasan ahora a una estrategia de participación mucho más agresiva. El pasado 15 de febrero el conglomerado holandés ING Groep NV acordó la compra de una porción minoritaria de SCA, la mayor aseguradora del país –perteneciente al grupo Savia del empresario regiomontano Alfonso Romo–, pero con la opción de quedarse con el control mayoritario en sólo tres años.

- La cautela previa se debía no sólo a las restricciones legales, sino también a problemas propios de la industria, dice Castro. Apenas en 1999 el mercado asegurador recuperó el valor que tenía en 1994, antes del desplome de 40% que significó la crisis.

- “Cada vez que cae la economía nosotros caemos más fuerte y tardamos más en recuperarnos”, señala José Covarrubias, director general de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS).

- Hoy son muchas las compañías que nuevamente están dispuestas a dar la batalla. Si la economía mexicana mantiene su dinamismo y la transición política se produce de manera ordenada, el sector tendrá un crecimiento importante en los próximos años, anticipa Manuel Aguilera, director general de la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF).

- ¿Quién no desearía que esas palabras fuesen proféticas? El valor de las primas en México representa 1.7% del PIB, proporción sumamente baja comparada con la de otros países latinoamericanos –en Brasil es de 2.5% y en Chile de 3%– y con el potencial del propio mercado nacional, que algunos ubican en 5% del PIB.

- Signos vitales
Los últimos tres años han sido de franco crecimiento para el sector, con una tasa superior a 21%, gracias al despegue de las pólizas de vida. Se podría decir, de hecho, que el robustecimiento del ramo se debe al auge en este rubro –que incluye también el área de salud–. El año pasado el incremento fue de 20%, contra 1% en daños.

- La participación de los seguros de vida pasó de representar 35% del total de las primas en 1994 a 45% en 1999. Es una señal de la maduración del mercado mexicano, opina Aguilera. “Cuanto más desarrollado está un mercado, más crecen los seguros de vida”. La competencia en este tipo de pólizas se ha extendido a nuevos segmentos de la población y a productos más sofisticados, como la educación. Muy pronto también se pondrán en circulación los primeros seguros de desempleo en el país (ver recuadro) y se crearán compañías especializadas en salud. “Ya no sólo se trata de proteger la vida, sino la forma de vida”, agrega el funcionario.

- Este ramo, confirma Castro, es el que más atrae a las grandes compañías extranjeras. “En México apenas 8% de la población económicamente activa (PEA) cuenta con este tipo de protección”.

- La apertura de nuevos canales de distribución, como son las tarjetas de crédito o los descuentos por nómina –que permiten llegar a personas con menores ingresos–, es una respuesta a este auge en los seguros de vida.

Los daños
El mercado de daños, en cambio, tiende a estancarse. De no ser por los seguros de autos, que representan más de 30% de este segmento, la orientación sería a la baja. Este comportamiento concuerda con lo que pasa en el mundo, donde una menor demanda de seguros contra incendios, terremotos e inundaciones hace bajar las primas. - Para compensar, las grandes aseguradoras en México echan mano de las ganancias que generan otros renglones, de ahí que la mayoría de ellas ofrezca a la vez seguros de vida y daños. En Comercial América, la combinación es 33% en vida y 67% en daños. En la número dos, Grupo Nacional Provincial, la relación es 54 y 46% respectivamente.

- Esta división de negocios es, precisamente, uno de los grandes retos que enfrentan las compañías locales. México es uno de los pocos países donde están autorizadas las operaciones multilínea, es decir, la posibilidad de ofrecer distintos tipos de seguros. Sin embargo, conforme crezca la competencia, las aseguradoras mexicanas tendrán que buscar un mayor grado de especialización. De acuerdo con Castro, todas las firmas extranjeras que entraron a México se orientaron a nichos específicos o dividieron sus negocios en vida, daños y fondos de pensiones.

- Aun cuando ninguna de las grandes competidoras nacionales ha dado señales de querer dividir conforme a estos campos sus operaciones en el corto plazo, el proceso de globalización terminará por obligarlas a hacerlo. Y si no es la globalización, lo hará la CNSF. Según Aguilera, la comisión buscará legislar contra las operaciones multilínea para evitar que los clientes corran riesgos. “Creemos que lo más saludable es que las compañías mantengan sus negocios por separado, en términos de su solvencia.”

El tamaño sí importa
Las empresas nacionales no pueden competir con “monstruos” que no tienen limitación de capital, admite Pablo Zubieta, subdirector de comercialización de SCA. La respuesta, dice, es volverse “mucho más eficientes”. - Firmas como la recién llegada Prudencial Insurance Company o como Liberty Mutual manejan recursos cuatro veces superiores a todo el mercado asegurador mexicano. No obstante, la apertura es necesaria para fortalecer el negocio de los seguros, opina Castro, de GNYL. “Si México quiere tener un sector asegurador moderno y eficiente, debe tener capitales fuertes.”

- Lo que es definitivo es que hoy las aseguradoras extranjeras ya no buscan comprar viejos cascarones, sino quedarse con las grandes compañías mexicanas de seguros. GNYL, filial de la multinacional New York Life International, ingresó al mercado mexicano a través de una pequeña compañía –Seguros Olmeca– a la que compró 30% del negocio y luego devoró completa. No satisfecha, a finales de 1999 compró a Bancomer su aseguradora Monterrey Aetna. La escalada fue notable. De ocupar en el mercado el lugar 34 en 1995 y el 16 en 1998, pasó a la tercera posición en 1999; su participación de mercado aumentó de menos de 1 a 8% en un lustro.

- En marzo de este año la industria abrirá nuevamente sus puertas a la participación extranjera con la venta de 49% de los activos de Aseguradora Hidalgo (ah). A la fecha, más de 10 firmas han manifestado su interés en adquirir la compañía estatal, animadas por el anuncio hecho por el gobierno de que cederá la administración al comprador. “Liberty está interesada en adquirir a ah, como todas las compañías que manejan seguros de vida –dijo recientemente su director general, Manuel Bustamante–. Es una muy buena aseguradora.”

- La posición de las grandes firmas también se fortalece con las fusiones “espejo” –fusiones que se llevan a cabo en el plano internacional, pero que proyectan su “reflejo” en el país–. Un caso reciente, que cambió la composición del mercado, fue la llegada a México de ACE Seguros. En 1999 adquirió a escala mundial el negocio de daños de Cigna International, una firma con operaciones en 45 países. De entrada, ACE Seguros, con activos globales superiores a $30,000 millones de dólares, se colocó en el lugar 14 en el mercado nacional y espera elevar su participación en 40% durante el presente año.

- ¿Qué alternativas tienen las firmas mexicanas ante cambios tan contundentes? En realidad no muchas. Aguilera reconoce que lo único que pueden hacer para financiar su crecimiento es abrir su participación accionaria y/o buscar un socio extranjero.

- De acuerdo con la correduría Merrill Lynch, es posible que no haya otra vía de expansión para las aseguradoras mexicanas, pues la ley les impide crecer con base en deuda.

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- El hecho es que el mercado avanza en su recomposición. Probablemente dentro de unos años ya no será posible identificar la nacionalidad de los participantes. Lo que queda por ver es si estos grandes cambios se traducirán en un mejor servicio para los clientes, tal como lo sostienen el gobierno y las propias empresas.

- Está claro que, de ahora en adelante, quien quiera cocos tendrá que aprender a escalar palmeras.

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