Inicia la fiesta

Pese a haber iniciado sin derramamiento de sangre y con buenos números, nadie se atreve a afirmar q
Alejandro Castillo

Apenas ahora comienza la batalla por la telefonía local. Aun cuando las puertas para la competencia por los distintos mercados regionales del país quedaron abiertas poco después de la privatización de Teléfonos de México (Telmex), en 1990, la tecnología disponible entonces para la conducción de señales no ayudaba mucho.

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Así las cosas, Telmex fue el único ofertante de este servicio, y le sacó provecho. De acuerdo con la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), la digitalización de la infraestructura telefónica –plantas de conmutación y redes de transmisión– avanzó de 30 a 100% entre 1990-1998, en tanto que la densidad telefónica, expresada en el número de líneas por cada 100 habitantes, creció de 6.4 a alrededor de 10 –o 15, si se incluye a los suscriptores de una tecnología diferente, como la de los teléfonos celulares–.

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En el contexto mexicano, el arribo de la tecnología inalámbrica indica que Telmex, el comilón solitario, tiene compañía. Después de él, los siguientes en llegar a buscar su lugar en el mercado de telefonía local, previa concesión otorgada por la Cofetel, fueron los que emplean redes alámbricas: Maxcom (antes Amaritel), Megacable, Avantel Servicios Locales y Unitel. Otros, como Metronet y Resetel, fueron autorizados para proveer tendidos de redes a otros concesionarios, carriers de carriers.

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También los que ofrecen el servicio de telefonía inalámbrica mediante bandas específicas de frecuencia del espectro radioeléctrico recibieron sus concesiones –de ocho firmas ganadoras, seis tienen los títulos en sus manos, entre las que están Axtel, en fija y Pegaso, en móvil–. (La Cofetel clasifica la telefonía local en alámbrica, en la que se incluye a estos carriers de carriers, e inalámbrica –fija y móvil–, sin considerar en ésta a la basada en telefonía celular.)

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Asimismo, han arribado las dos grandes competidoras de Telmex en larga distancia, Avantel y Alestra. La primera, con su concesión en la mano, comenzará a proporcionar servicios al público a partir del próximo enero. La idea, explica Javier Vega, subdirector de finanzas, es seguir una “estrategia que permita pasar de ser una telefónica de larga distancia a una que integre todos los servicios de telecomunicaciones, incluida la telefonía local e Internet”. Avantel dispone de 5,700 kilómetros de fibra óptica, casi un millón de suscriptores de larga distancia y acceso a 40 ciudades del país. Más rezagada, Alestra anunció recientemente que gestiona una concesión y que será a principios del año 2000 cuando comience a operar en este mercado.

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Todos estos participantes asumieron el compromiso de ofrecer el servicio, con su propia red, en un plazo no mayor de tres años en los municipios o, en el caso del Distrito Federal -(DF), en las delegaciones políticas donde habite 20% de la población total de cada una de las regiones concesionadas y, en cinco años, ampliar la cobertura a 50%.

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Lluvia de inversiones
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Las inversiones, por tanto, tienen fecha. Apoyada en los planes de negocios de las compañías, la Cofetel hace cálculos; el aprovechamiento del espectro licitado, tanto en telefonía local inalámbrica como en los proyectos de cableado, dará como resultado la instalación de 9.5 millones de líneas en cinco años –casi el doble de las que existen actualmente–; se generarán más de 50,000 empleos directos e inversiones superiores a $48,000 millones de pesos en activos fijos.

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Telmex, a su vez, prevé una inversión de $4,600 millones de dólares entre el segundo semestre de 1999 y el año 2000, conforme a su Plan Telmex 20/20, con el fin de proporcionar servicios de comunicación alámbricos, inalámbricos, de transmisión de datos y acceso a Internet, explica Arturo Elías Ayub, director de nuevas tecnologías. Para ello, la telefónica evolucionará su red hacia una nueva generación que ofrezca un mayor ancho de banda. Parte de ese esfuerzo, agrega, comprende dar servicio a más de 100,000 poblaciones donde se concentra 98.6% de los habitantes del país.

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Sin embargo, antes incluso de que los primeros concesionarios comenzaran a operar, analistas del sector preveían que tendrían problemas para recuperar sus inversiones. Tal pronóstico se basaba en la caída del poder adquisitivo de los mexicanos y el indiscutible predominio de Telmex. Pero el vaticinio no se cumplió. Por el contrario, los nuevos operadores se han manifestado conformes con los resultados que, dicen, superaron incluso sus expectativas. El éxito de Maxcom, explica su presidente del consejo, Adrián Aguirre, se basa en el hecho de que 90% de sus líneas fueron contratadas por nuevos usuarios del servicio telefónico, y sólo 10% provienen de otras compañías. “Nuestra visión de negocios, que por lo visto es compartida por Telmex, es que venimos a satisfacer una necesidad muy grande en el mercado mexicano de contar con más infraestructura, aumentar la densidad telefónica y, finalmente, captar parte del tráfico. En otras palabras, buscamos hacer más grande al pastel, no sólo llevarnos un pedazo.”

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Maxcom nunca tuvo intenciones de comenzar de cero. “Nos parece absurdo triplicar o quintuplicar la infraestructura, de modo que tenemos algunas negociaciones con otras empresas que ya la tienen montada para aprovecharla y poder hacer uso más racional de ella. Sobre esa base –precisa–, la relación con Telmex ha sido muy positiva”.

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La telefónica de Grupo Carso decidió dar entrada a las nuevas áreas de telefonía local, que si bien corresponderán con el desarrollo del país y facilitarán el fortalecimiento de los nuevos competidores de telefonía local, también significarán una disminución en sus ingresos. “Es un gran esfuerzo –asegura Elías–; (Telmex) perderá ingresos por las llamadas que eran de larga distancia y que pasarán a ser locales: en lugar de los $1.5 pesos que paga el usuario por minuto, erogará $1.3 por llamada, de modo que, aunque aumente el tráfico local, eso no compensará esta baja de ingresos para la compañía.”

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Interconexión fluida
-A diferencia de lo ocurrido en larga distancia, la interconexión en telefonía local parece transcurrir en armonía, al menos hasta el momento. Ayub lo ve así: “Con los competidores locales la relación es excelente, hay mucha comunicación con Maxcom, Axtel y Unefón, a tal grado que en los contratos de interconexión, a diferencia de lo que ocurre en otras partes del mundo, se firmaron por mutuo convencimiento.”

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Como siempre, hay excepciones. “En el caso de Avantel hay problemas muy graves de deudas, y en Telmex no estamos dispuestos a dar un nuevo servicio hasta que nos paguen”.

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Las primeras negociaciones entre los nuevos operadores y Telmex por la interconexión en telefonía local, de acuerdo con la Cofetel, iniciaron apenas concretada la apertura total a la competencia, en 1998.

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Ante esta comisión se presentaron dos desacuerdos de interconexión entre concesionarios de servicio local fijo y Telmex, relativos a la tarifa aplicable a la terminación del tráfico de llamadas conmutado entre sus redes. En una de las inconformidades, planteada por Axtel, se resolvió que ambos concesionarios se aplicarán recíprocamente la misma tarifa, pues dadas las características y compromisos de cobertura de sus redes, están en condiciones de proveer servicios similares. Reynaldo Villarreal, vicepresidente de comunicación corporativa de Axtel, señala que estas tarifas recíprocas les permitirán recuperar costos mediante un esquema de acuerdos compensatorios. “Eso fue posible porque el proyecto de negocios, nuestro diseño de red, el nivel de confiabilidad y el tipo de servicios que estamos ofreciendo tiene simetría con la red de Telmex.”

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El otro diferendo involucraba a Telmex y Megacable –empresa autorizada para instalar anillos de fibra óptica para atender clientes corporativos de alto consumo en el -DF, Guadalajara y Monterrey–. Aunque, obviamente, podría suponerse que, al igual que en la larga distancia, Avantel tenga otra vez diferencias, pero ahora en el campo local. Vega, de Avantel, apunta que todo lo que buscan es una relación equitativa para competir con la empresa que se quedó con la infraestructura disponible en el país en el momento de la privatización (Telmex), y dice tener esperanzas de que la regulación, en todos los apartados de la telefonía, sea cada vez más clara.

Las ofertas
-¿De qué elementos dispone el usuario para elegir a su compañía telefónica?
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Aguirre, de Maxcom, dice que tienen “una concesión que permite ir por cualquier tipo de conducción, inalámbrica o alámbrica. Considerando el área concreta que tenemos que servir, se busca la solución más eficiente; en ocasiones llegamos por aire y, finalmente, en la zona de destino hacemos un tendido de  cables. Eso permite dar servicios a los usuarios cercanos a ese punto; a las residencias y oficinas se llega, finalmente, mediante un cableado.” Con Lucent Technologies como principal proveedor, en Maxcom “las soluciones se basan en un balance entre costo y calidad de servicio –añade–, buscando que sea rentable, oportuno y confiable”. En su afán por llegar a más usuarios, esta telefónica ofrece a los posibles suscriptores no sólo la comunicación punto a punto, sino también la solución de conmutador que requieren las empresas ubicadas en su región, lo que significa, para las que se convenzan con la propuesta, ahorros de entre 30 y 40% con respecto a una solución tradicional.

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Pegaso, firma que hasta el momento sólo ofrece servicio de telefonía móvil inalámbrica, también tiene sus tácticas. Con el apoyo de tecnología procedente de Ericsson, Qualcomm y Alcatel, esta firma destaca que los consumos de sus clientes se miden de acuerdo con una tarifa por segundo, no obliga a la contratación a plazos fijos y, además, tiene una distribución masiva de teléfonos preactivados.

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A punto de inaugurar la comercialización de su servicio local, Avantel empleará como argumentos de venta su condición de telefónica integrada, dice Vega, con soluciones de gran calidad y uso de banda ancha, así como la experiencia de -MCI WorldCom (uno de los integrantes mundiales de la telefónica) en Internet.

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La evaluación que hacen los nuevos operadores de los meses que llevan ofreciendo sus servicios es optimista.

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Axtel, que empezó en junio a operar en Monterrey, ha invertido más de $250 millones de dólares, informa Villarreal. “Ya son más de 20,000 las líneas instaladas y operando, de modo que en este momento nos encontramos incrementando nuestra capacidad de red para continuar el proceso de venta. Las perspectivas que se tenían fueron superadas con creces –añade–, pues en sólo siete semanas se vendieron 25,000 líneas”. Los trabajos para construir redes e instalar oficinas en Guadalajara ya comenzaron, y mientras  tanto se capacita al personal contratado.

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Maxcom, cuya concesión abarca la Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala y los estados que bordean el Golfo de México, abarca aproximadamente 25,000 líneas, señala Aguirre, aunque “instaladas y operando son 8,000 –aclara–, y a finales del año deberán ser entre 15,000 o 16,000”.

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Por su parte, la directora de comunicación de Pegaso, Roberta López, afirma que esta empresa, que ingresó al mercado con una inversión de $1,300 millones de dólares, actualmente opera en Tijuana, Monterrey y Guadalajara, y se prepara para lanzar a finales de este año sus servicios en la capital del país. En seis meses, su base de usuarios se acercó a 14,000 y esperan contar con 60,000 para el cierre de 1999. Para el 2000 Pegaso prevé iniciar operaciones en 14 ciudades y, en tres años, tratará de articular su red nacional.

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También Metronet ha concretado importantes logros. Según su director general, Joao Carlos Tello, esa firma de capital 100% nacional e integrada por una planta de profesionistas mexicanos que han instalado redes de fibra óptica “con cero fallas, cuenta con 140 kilómetros de redes estratégicamente distribuidas, los cuales se convertirán en 250 kilómetros el próximo año”. Según él, “como proveedores de capacidad para otros carriers , los resultados se han basado en la dinámica de la demanda y la calidad de los servicios”.

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Este inicio no significa necesariamente que el mismo dinamismo se mantendrá en meses por venir. Es seguro que los nuevos operadores tendrán que enfrentar una mayor competencia y, probablemente, las consecuencias en el ámbito doméstico de la volatilidad de los mercados internacionales. Por otro lado, la tendencia mundial hacia la concentración de operaciones de los carriers permite suponer que, tarde o temprano, se observarán algunas alianzas en el mercado mexicano, como ya ocurre, de hecho, entre operadores de telefonía celular.

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Vale la pregunta: ¿es esta una prueba de velocidad o de resistencia?

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