Innovar para crecer

Los países ricos han dejado de inventar, y por eso sufren el gran estancamiento, asegura el ‘infó
Hernán Iglesias Illa / Nueva York

Tyler Cowen, uno de los economistas más prolíficos e inquietos de Estados Unidos, publicó hace unos meses su más reciente libro, The Great Stagnation (El gran estancamiento). Pero no llevó el manuscrito a una imprenta ni lo subió luego a 1,000 camiones para distribuirlo en las librerías. Cowen publicó el libro sólo en formato de e-book, para ser bajado en teléfonos celulares y tabletas, como el Kindle o el iPad. Al liberarse de los átomos, Cowen pudo darle a su obra la extensión que mejor se adaptaba a sus ideas. “Hay muchos libros que son demasiado largos”, dice Cowen. “Con este libro quise que los lectores se quedaran con ganas de leer más sobre el tema”. The Great Stagnation tiene una longitud equivalente a 50 páginas de papel y cuesta mucho menos que un libro normal: apenas 3.99 dólares. Cowen y su criatura estuvieron dos semanas en la lista de los e-books más vendidos de The New York Times. El autor prefiere no dar cifras: “Se vendió bien, pero tampoco es Harry Potter”.

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La tesis central de The Great Stagnation es que el crecimiento de los países ricos, en especial Estados Unidos, se ha desacelerado en las últimas décadas y no debido a cambios de gobierno o a decisiones políticas. Desde 1973, explica, casi todo el crecimiento económico de EU y Europa estuvo impulsado por inventos e innovaciones anteriores.

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El autor usa una expresión habitual en el idioma inglés, “low-hanging fruit” (fruta fácil de recoger), para describir esas tecnologías. Las economías principales han estado comiendo estas frutas fáciles (básicamente, tecnologías industriales disponibles desde hace más de medio siglo) y ahora no pueden mantener aquel ritmo de crecimiento.

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Para ilustrar su punto, Cowen dice que su abuela, nacida a fines del siglo XIX, vio enormes cambios en su vida: el avión, el automóvil, la televisión, la lavadora y las vacunas, entre muchos otros. En cambio él, nacido a principios de los años 60, ha visto comparativamente pocos cambios tecnológicos desde su infancia: la cocina de su casa es más moderna, pero fundamentalmente similar a la de cuando era niño, y su coche es una versión más moderna del mismo auto que conducía su padre. La única excepción es la irrupción de internet, que es un salto tecnológico significativo pero, por ahora, ha sido más que nada una herramienta prácticamente gratuita que ha afectado poco la matriz productiva de la economía y ha creado poco empleo. Internet, agrega, mejora mucho nuestras vidas, pero lo hace de una manera poco materialista y difícil de medir: aporta poco al PIB.

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‘INFÓVORO’ Y SIBARITA
Tyler Cowen es profesor de la Universidad George Mason, cerca de la ciudad de Washington, y es coautor de Marginal Revolution, uno de los blogs pioneros y más influyentes en asuntos económicos del mundo anglosajón. Es conocido por su amplio y ecléctico rango de intereses (escribe con la misma soltura de música clásica o de restaurantes étnicos), la velocidad con la que lee libros, y la enorme cantidad de información que parece procesar cada día: se define (y escribió un libro al respecto) como un ‘infóvoro’, porque todo le parece interesante.

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Una de las cosas que especialmente le interesan es México. No sólo es un importante coleccionista de pinturas en papel amate, producidas por artistas de Guerrero, sino que ha escrito un libro sobre ellos, Markets and Cultural Voices (Mercados y voces culturales), en el cual analiza cómo ha impactado la globalización en la vida de estos artistas. Le gusta tanto la comida mexicana que le dedicó una categoría especial dentro de su blog. Cowen conversó con Expansión desde su casa en el estado de Virginia:

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El libro ha generado infinidad de reacciones y comentarios. ¿Ha cambiado en algo su tesis desde entonces?
El libro es sólo parte de la discusión. He estado blogueando sobre el tema desde hace mucho tiempo y después están el debate y los comentarios, que también hacen su aporte. Quiero decir que el libro no es sólo ‘el libro’, sino que es el libro, más el blog, más los comentarios.

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Con respecto a mis opiniones posteriores a la publicación del libro, creo que la débil recuperación de la economía de Estados Unidos es consistente con la tesis del libro. No la prueba, pero es consistente con ella. Como sabes, ya ha pasado un buen rato desde la crisis financiera y las cosas siguen sin regresar a la normalidad, y eso para mí sugiere un índice bajo de innovación.

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¿Cree que los países de ingresos medios, como México, todavía tienen margen para seguir recogiendo esa ‘fruta fácil’ de la que habla en el libro, y alcanzar al menos el nivel actual de los países desarrollados?
Sí, creo que para estos países todavía hay una enorme cantidad de fruta fácil. Hay un montón de innovaciones tecnológicas que recién ahora están penetrando las áreas rurales de México, desde los fideos en bolsas de plástico hasta refrigeradores y automóviles. Y esta gente todavía debe ser incluida en la economía formal y ser mejor educada. Hay muchos beneficios simples que pueden alimentar el crecimiento de México durante décadas. Siempre he sido bastante optimista con México, y lo sigo siendo.

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Estos beneficios quizá parezcan simples, pero México ha tenido muchos problemas para lograr años de crecimiento sostenido.
Bueno, comparado con qué, ¿no? Otros países pobres no han podido convertirse en países de clase media y México sí lo ha logrado. México y Brasil han hecho las cosas mucho mejor que algunos de sus viejos colegas. Ahora uno puede hablar de México, Brasil y Turquía, por ejemplo, integrando un nuevo grupo de países. En ese grupo no están Guatemala y Honduras, y ése es un gran éxito para México. Pero México, por supuesto, tampoco es Suiza. Creo que la educación en México sigue siendo un problema enorme, pero también es un área donde mucho países están encontrando problemas para progresar.

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¿Está de acuerdo con el diagnóstico de que México ha tenido la mala suerte de competir con China en lugar de, como Brasil, ser proveedor de China?
México es lo opuesto de Brasil. Brasil tiene todo lo que China necesita y México tiene poco de lo que China necesita, y a menudo compite con China. Dicho esto, creo que México ha progresado mucho en estos años. La gente no le da el crédito que se merece. Los titulares hablan de los problemas con el narcotráfico, pero lo que yo pienso es que a México le ha ido tan bien que creyó que podía derrotar al narcotráfico. Y eso fue un error. Si México hubiera dejado las cosas como estaban, hoy no tendrían esta guerra.

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Por lo demás, México produce cosas cada vez mejores, de mejor calidad. El PIB per cápita de México, dependiendo de cómo se lo mide, ronda ahora los 12,000 dólares. El de China es 4,000. Es decir que China es un tercio de México. Y la gente tiende a olvidarse de esto.

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¿Cómo se sale de este estancamiento? ¿Ve luz al final del túnel?
Absolutamente. Las revoluciones tecnológicas necesitan mucho tiempo para ofrecer sus recompensas y repagar el esfuerzo invertido en ellas. Una de las revoluciones recientes es la computadora, inventada poco después de la Segunda Guerra Mundial, hace más de 60 años. La computadora no tuvo ningún efecto sobre la productividad de la economía hasta los años 90 y ahora, 20 años después, la conversión de las ganancias en productividad de la PC es cada vez más lenta y más costosa. O miremos el caso del genoma humano, un descubrimiento fantástico, fenomenal. ¿Existe algún producto útil gracias al genoma humano? No todavía. Llevará mucho tiempo. La gente ve los juguetes nuevos y brillantes, pero se olvida del tiempo que se necesita para convertirlos en algo útil.

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Como con internet, que nos ha cambiado la vida pero todavía, según su tesis, no ha tenido un impacto definitivo en la economía.
Exacto.

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En el libro, usted es pesimista sobre el rol del Estado para fomentar la innovación. Sin embargo, hay una nueva corriente de opinión en EU según la cual el Estado puede ayudar a la población a tomar mejores decisiones. Es la teoría del nudge, o ‘empujoncito’. ¿A usted qué le parece?
Bueno, no confío en la capacidad del Estado para dar ‘empujoncitos’. Creo que el Estado está controlado por políticos corruptos y egoístas y que responden a votantes cortoplacistas y mal informados. Por eso pienso que los individuos están mejor preparados para resolver sus propios problemas innovadoramente de lo que el Estado está preparado para darles un ‘empujoncito’ en la dirección correcta. O sea que soy bastante escéptico del gobierno en general. Creo que necesitamos un Estado que haga ciertas cosas, cosas grandes e importantes, pero nunca esperaría demasiado de él.

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Esta última crisis internacional ha sido, según casi todo el mundo, la más grave desde la Gran Depresión, hace 80 años. ¿Por qué cree que, a pesar de todo, hemos visto tan poco malestar social en los países de Occidente?
Por un lado, creo que no hay un movimiento que logre galvanizar gente a su alrededor. En otra época existía el socialismo, pero la gente, correctamente, ya no cree en el socialismo. Otro aspecto importante es que el nivel absoluto de confort es bastante alto. Si uno recorría Estados Unidos en el peor momento de la crisis financiera, no habría visto gente muriéndose de hambre. La obesidad es un problema más importante que el hambre, por eso no hay, no debería haber, un movimiento social. Esto es parte de otra tendencia: mucha gente ha estado pronosticando un gran giro a la izquierda, hacia políticas igualitarias y de redistribución, pero no ha ocurrido y creo que no va a ocurrir. Si de hecho se produce algún giro, será un giro hacia la derecha.

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