Inseguridad <br>El precio del miedo

Todos los días, México pierde vidas y dinero por la violencia creciente que padecen particulares y

A la hora de hablar de violencia, el silencio -es total. A pesar de que todos se quejan en privado del preocupante clima de -inseguridad que azota al país, son muy pocos los ciudadanos que parecen estar -dispuestos a contradecir públicamente a las autoridades federales o locales -que, según sus estadísticas, dicen tener la situación “bajo control”. Ni -siquiera las aseguradoras o los bancos, grandes víctimas económicas del clima -de violencia, quieren efectuar declaraciones o revelar datos que denuncien de -viva voz la gravedad de la situación.

- ¿La razón de tal actitud? Valorar el -incontrolable clima de inseguridad equivale, de forma implícita o explícita, a -criticar a los gobernantes responsables de las actuales medidas. Cualquier -comentario acerca de la falta de seguridad se vuelve un reproche político. Así -pues, hoy por hoy la sociedad civil mexicana no sólo es rehén de las bandas de -crimen organizado, sino también de sus propias autoridades, quizás por miedo a -las represalias que estas puedan ejercer sobre aquellos que osen contradecirlas.

- Sin embargo, los datos están en la calle. En -la mayoría de las grandes ciudades de la república, abordar un taxi, pasear -por las principales arterias, solazarse en un parque público o simplemente -detener el auto en un semáforo es ya fuente permanente de inseguridad a -cualquier hora del día. No hay zonas de mayor o menor riesgo, los barrios -residenciales o habitados por las clases económicas más favorecidas registran -un índice de delincuencia prácticamente similar al de los habitualmente -considerados como lugares de mayor riesgo.

- Sin ir más lejos, en la Ciudad de México se -registran más de 650 delitos diarios. Pero, según afirman asociaciones como -México Unido Contra la Delincuencia o Fundación Mexicana para la Salud, por -desconfianza hacia las autoridades apenas se denuncia una pequeña parte de los -crímenes realmente acontecidos, por lo que la cifra podría ser de tres a cinco -veces mayor a la oficialmente publicada, según la percepción de los estudios -en la materia.

- “La situación es crítica, tan grave que la -inseguridad puede detener la transición política que vive el país. No nos -está sirviendo llegar a la democracia si, por el aumento de la delincuencia, la -gente se desespera y pide el regreso del orden y de la fuerza”, dice José -Luis Ortega, consejero de México Unido Contra la Delincuencia, la mayor -asociación civil surgida a raíz del preocupante incremento de la violencia.

- Aún así, tampoco estamos en el peor de los -mundos posibles. Los casos de Brasil o Colombia superan con creces los de la -realidad mexicana. Lo preocupante radica en que, según coinciden todos los -entrevistados, de seguir la actual tendencia creciente, en un periodo de cinco a -diez años México podría encontrarse en una situación similar.

- - LAS CAUSAS DE LA VIOLENCIA
-“El primer asalto fue por necesidad económica. El segundo lo hice por gusto.” -Esta declaración pertenece a El Solitario, un conocido asaltante de bancos que -fue finalmente detenido hace dos meses tras perpetrar 43 robos en sucursales -bancarias.

- Su caso ilustraría de forma casi -paradigmática las dos causas que se combinan en el recrudecimiento de la -inseguridad en todo el país: la coyuntural (o económica) y la estructural (o -política). Para muchos, está claro que el aumento en los índices delictivos -tiene mucho que ver con la devaluación de diciembre de 1994 y la posterior -crisis económica.

- Sin embargo, aludir a la necesidad económica -como principal factor del aumento de la inseguridad es un argumento que no -satisface a los estudiosos en este rubro: “Esa es una excusa en la que se -parapetan las autoridades y políticos para deslindarse de sus responsabilidades”, -comenta Lucio Mendoza, presidente del Instituto Mexicano de Estudios de la -Criminalidad Organizada (IMECO). Ex miembro del servicio secreto mexicano, -Mendoza encabeza ahora una asociación que, además de ser responsable del libro -Todo lo que debería saber sobre el crimen organizado en México (Editorial -Océano), publica el boletín Agenda de Seguridad Pública, una publicación -quincenal dedicada íntegramente a criticar a las autoridades federales y -locales por su deficiente actuación.

- Según Mendoza, el argumento de la causa -económica se invalida, puesto que los índices delictivos ya habían aumentado -progresivamente antes de que llegara la devaluación. Si acaso, la crisis habrá -agravado la tendencia pero no la creó.

- Y los datos están ahí para demostrarlo: -según las cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e -Informática (INEGI), el recrudecimiento de la violencia ha sido una constante -desde 1991.

- El mismo Rodolfo Debernardi, secretario de -Seguridad Pública del Gobierno del Distrito Federal, parece coincidir con esa -hipótesis y cree que la economía es sólo una variable más entre las que -inciden en el aumento delictivo, pero desde luego no la única.

- La más importante, argumenta la mayoría de -los entrevistados, tiene que ver con el sistema social creado y, por ende, con -la impunidad flagrante en la que se resguardan muchos criminales, amparados por -policías corruptos o leyes que no siempre se aplican con todo rigor. El aumento -del crimen organizado no ha sido respaldado por una mayor sofisticación -policíaca para atacarla. “90% de la policía judicial federal está orientada -a luchar contra el narcotráfico, no contra el crimen organizado”, se lamenta -Mendoza.

- La corrupción de las instancias policiales ya -no sorprende a nadie. Tan sólo baste recordar el reciente nombramiento de -Jesús Ignacio Carrola por parte de Cuauhtémoc Cárdenas al frente de la -Policía Judicial del Distrito Federal. Al mes de su nombramiento Carrola tuvo -que dimitir por ser sospechoso de vínculos con el crimen organizado. Jesús -Miyazawa, ex jefe de la policía judicial de Morelos y el ex procurador de ese -estado, Carlos Peredo, están ahora enjuiciados como responsables de la red de -secuestros que durante años operaba en la entidad... Para qué seguir: todas -las semanas surgen nuevos escándalos acerca de supuestos guardianes de la ley -en realidad dedicados a transgredir todos los límites.

- - La Hermandad Policíaca, -fundada por Arturo Durazo, fue la principal mafia que dominó la policía del -Distrito Federal desde 1976 hasta 1996. El negro Durazo no inventó la -protección policíaca para delincuentes pero, a tenor de todos los datos -presentados, sí lo convirtió en una práctica institucionalizada de pingües -beneficios para él y sus secuaces. En esos años, el mantenimiento de cierta -tranquilidad en la capital del país pasó por una “negociación” -obligatoria entre autoridades y mafias policíacas. Si bien no se hacía -justicia, al menos se conservaba un orden.

- Durante el gobierno de Óscar Espinosa -Villarreal, la llegada de David Garay y Enrique Salgado en la jefatura de la -policía preventiva y la Secretaría de Seguridad Pública, respectivamente, -trastocó el panorama. Según IMECO, las autoridades tuvieron una actitud -contradictoria con la Hermandad que, al sentirse desplazada, declaró -una guerra sin cuartel que transformó de modo radical el precario orden -establecido y desató balaceras callejeras incluso entre los mismos policías.

- “No vamos a pactar con los criminales –dice -tajante el actual secretario de Seguridad Pública del DF–. Al pactar, -aparentemente se tapa un hoyo, pero se destapan más. Y es precisamente esa -acumulación de hoyos la que nos ha saltado a la cara.”

- La escasa dignidad profesional de la que las -autoridades han dotado a los cuerpos policíacos ha agravado aún más el -problema. A pesar de que Debernardi asegure que los policías no están tan mal -pagados como se cree (ver recuadro), lo cierto es que los oficiales -entrevistados para este artículo no parecen corroborar tal aseveración. Según -ellos, sus sueldos reales –entre $1,800 y $2,500 pesos– no les alcanzan para -cubrir sus necesidades mínimas.

- Y luego, más allá de los casos particulares, -está la misma política de prevención de delitos: según la recomendación de -la UNESCO, lo ideal es destinar 4% del PIB a políticas preventivas y de -seguridad. En México el presupuesto total apenas llega a 1%.

- Por último, otra gran causa proviene de las -instancias judiciales. Baste mencionar el caso de Alfonso González Sánchez, -mejor conocido como El -Chucky, jefe de una banda capitalina especializada en robos a turistas que -recibía protección de la policía. Tras asesinar a Peter John Zárate, el 15 -de diciembre de 1997, fue arrestado... e inmediatamente puesto en libertad. La -juez carecía de elementos para proceder en su contra.

- ¿Las leyes son insuficientes? En lo que se -refiere a la legislación penal, si bien es siempre perfectible, los expertos y -empresarios argumentan que no es tan inadecuada. Independientemente de que las -reformas a los artículos 16 y 19 constitucionales prosperasen o no en el -Senado, el verdadero problema reside, más bien, en la forma de aplicar las -leyes y la confiabilidad de los jueces.

- Otro cantar serían los delitos de fraude, -también llamados “de cuello blanco”, los cuales han venido creciendo a -ritmos alarmantes sin que la legislación se haya adecuado para castigarlos con -la suficiente dureza. Los empleados bancarios cuentan casos reales en los que -denuncian a un grupo dedicado a la falsificación de tarjetas de crédito, las -autoridades los arrestan y finalmente son liberados al día siguiente a -consecuencia de una ley anacrónica o simplemente de la corrupción.

- Al final, todos argumentan una única y gran -causa para la situación que ahora padecemos: la pérdida de valores morales en -la sociedad mexicana: “Todos los ciudadanos somos culpables en mayor o menor -grado. Nos despreocupamos y dejamos que esto sucediera”, dice Mendoza.

- - PÉRDIDAS MACROECONÓMICAS
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El pasado 6 de marzo, el diario económico -español 5 Días publicaba un artículo acerca de la creciente violencia -que asola a la república. “Quien invierta en México tiene que tomar en -cuenta un nuevo riesgo: el del secuestro”, comienza el reportaje en el que se -narran los plagios cometidos a empresarios. Como este, muchos otros medios de -comunicación del mundo entero hacen eco todos los días de las nefastas proezas -de Daniel Arizmendi y demás célebres perpetradores de atrocidades que suman -víctimas por todo el país.

- Pero las autoridades creen que se trata de “mala -prensa sin sustento real”, y que no incide realmente en la progresión de las -actividades económicas. Por ejemplo, para Guillermo Ortiz, gobernador del Banco -de México, la violencia es un fenómeno pasajero que no acarrea consecuencias -graves sobre las cifras macroeconómicas. Y lo cierto es que, en los datos -globales, es difícil saber cuánto dinero deja de ingresar el país por la mala -imagen que la inseguridad le está granjeando.

- En términos oficiales, la inversión directa -que llegó a México no parece haber sufrido grandes alteraciones. Si bien es -probable que no se cumplan los pronósticos de igualar los atípicos $12,477.5 -millones de dólares que arribaron al país en 1997, es muy plausible que -México supere la cifra de $8,168 millones de dólares de 1996 y prosiga así la -tendencia creciente iniciada en 1994. Esto tiene que ver con la importancia -geoestratégica regional de la república de cara a la inversión de los grandes -corporativos multinacionales.

- Sin embargo, el caso es otro cuando se -particulariza a la pequeña y mediana empresa. A principios de año Alex -Matitia, un joven empresario español, tenía la idea de comenzar un negocio de -promociones en México. Los artículos aparecidos en la prensa de su país -empezaron a desanimarlo. Aún así, resolvió venir al Distrito Federal para -comprobarlo. Durante su visita a la capital, las continuas advertencias del -personal del hotel en el que se hospedaba le inquietaron. Una madrugada, fue -testigo del asalto a una tienda. Terminó por regresar a España con su dinero. -No le interesaba invertir en un país en el que ponía en riesgo su integridad -física. Por simple lógica, es más que probable que su caso no sea el único.

- Del mismo modo, tampoco es posible calcular por -ahora el número de turistas extranjeros que han dejado de incluir a México -dentro de sus destinos de placer. Los 19 millones de visitantes que ingresaron -al país en 1997 (dos millones más que el año anterior) no lo reflejan. Aunque -es muy fácil imaginar, como ya se quejan muchos empresarios hoteleros, que toda -esa “mala prensa” –fundamentada o no– esté afectando el flujo -turístico del país y, de no contenerse, termine por afectar las cifras a largo -plazo. Ahí están las continuas advertencias que los gobiernos estadounidense y -japonés, a través de sus embajadas, lanzan a sus ciudadanos cuando visitan -México.

- En los dos casos, no se puede hablar de -pérdida real comprobable, pero sí de un costo de oportunidad, es decir, de una -ganancia posible que no será efectiva por culpa de la violencia. Es fácil -asegurar que México deja de ganar dinero y de crear más empleos por la -inseguridad que vive.

- Lo que sí es un hecho comprobable son los -años de vida útil que se pierden a consecuencia de la violencia. La mayoría -de las víctimas de los homicidios o lesiones por actos criminales (más de la -mitad por arma de fuego) tienen entre 15 y 44 años. Según un informe realizado -por la Fundación Mexicana para la Salud a instancias del Banco Interamericano -de Desarrollo, durante 1995 se perdieron 57,673 años de vida por muerte -prematura o discapacidad. En términos económicos, esta cifra representaría -una pérdida productiva para México de $2,032 millones de pesos.

- - EL ENORME COSTO SOCIAL
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El exhaustivo informe de la Fundación -Mexicana para la Salud acerca del costo social de la violencia en la Ciudad de -México arroja unos datos muy reveladores: sólo en la capital del país durante -1995 se perdieron $21,159 millones de pesos por culpa de la violencia.

- Para calcularlo, los investigadores hicieron -una suma de las pérdidas materiales reportadas por las aseguradoras y -autoridades o los gastos médicos incurridos para curar a las víctimas. Incluso -se estimaron costos tan intangibles como el miedo o la pérdida de calidad de -vida, los cuales se calcularon mediante una encuesta que determinó cuánto -estarían dispuestas a pagar las víctimas de esos delitos para recuperar su -estilo de vida anterior. A todo ello se agregó el costo de las campañas de -prevención y seguridad y los gastos de la impartición de justicia.

- Y si eso es en la capital, ¿cuánto se está -perdiendo en todo el país? Si se toman en cuenta las estadísticas de la -Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), cerca de 50% de los -siniestros ocurridos en toda la república ocurren en el DF. Así pues, un -cálculo burdo indicaría que, en 1995, el costo social de esta violencia sería -superior a los $42,000 millones de pesos. Eso sin tener en cuenta el bajo -número de personas aseguradas que existe todavía fuera de las grandes ciudades -del país.

- Para actualizar esa cifra, además de la -inflación acumulada habría que contar con que, de 1995 a 1997, los robos -reportados de vehículos han aumentado en 25%, los robos a casa habitación se -han incrementado en 30% y los asaltos a transportes de mercancías se han casi -duplicado, al pasar de una siniestralidad de $791 a $1,528 millones de pesos. -Con todo, la cantidad total andaría cercana a los $50,000 millones de pesos, el -doble de lo que se devengó en 1997 en gastos de Procuración de Justicia.

- Esta cantidad sería también equivalente a la -mitad del presupuesto nacional de 1997 reservado a educación u 85% del gasto -ejercido en salud o, simplemente, a la facturación de Chrysler de México, la -cuarta empresa del país. Y, una vez más, la estimación sería una cifra -mínima.

- - COSTOS EMPRESARIALES
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A la hora de hablar de pérdidas, el caso de -los asaltos bancarios es quizás el más significativo por ser el que mejor -puede monitorear de forma oficial la evolución de la violencia sin miedo a -errar en las cifras. Es de sobra conocido que al mes de julio de 1998, la Ciudad -de México ya había superado la cifra de atracos registrada durante todo el -año anterior. Tras ella, los crecimientos más alarmantes se registraron en -Morelos, Oaxaca, Chiapas y Guerrero.

- Pero hay un dato mucho más significativo: en -1997 el sistema bancario fue víctima de 570 asaltos con un botín total por -$176 millones de pesos. En los primeros seis meses de 1998 ya hubo 387 asaltos, -pero el monto total de los robos se redujo 34% con respecto al mismo periodo del -año anterior.

- La razón de esto es sencilla: el aumento en el -número de robos se debe al aumento general de la criminalidad, mientras que la -disminución en los montos sustraídos obedece a la mayor efectividad en las -medidas de seguridad implantadas por todo el sistema financiero para las 7,500 -sucursales que posee en todo el país. Los bancos hicieron su chamba, las -autoridades no.

- Además, para mejorar sus instalaciones las -instituciones del sector tuvieron que invertir un total de $750 millones de -pesos. Según Eugenio Zubiría, director general adjunto de Seguridad en el -Grupo Financiero Banamex, 8% del costo promedio para la apertura de una nueva -sucursal es relativo a medidas de seguridad. Esa cantidad no es nada -despreciable, sobre todo si se sabe que en países de menor criminalidad ese -costo se reduce a la mitad. Lo mismo sucede con las primas que pagan los bancos -para asegurarse contra los asaltos: según el directivo, en México se paga un -precio 40% más caro que en otros muchos países. Sobra decir que todos estos -costos repercuten de forma indirecta en el precio del servicio que paga el -usuario final.

- “De todas formas, estoy convencido de que el -crecimiento de asaltos bancarios ha sido mucho menor que el de robos en la calle”, -dice Zubiría Y no sólo en la calle: también se multiplican en la carretera. -Los robos a transporte de mercancías se han duplicado en los últimos dos -años. Esto ha ocasionado que cada vez más empresas aseguradoras se retiren de -lo que ahora ya es, a todas luces, un pésimo negocio. Liberty México, filial -de una de las aseguradoras más importantes de Estados Unidos, canceló -definitivamente todos sus contratos por este concepto. Su caso no es, desde -luego, el único.

- Las compañías mexicanas prefieren ahora -centrarse en ofrecer seguros para autos, vida o gastos médicos, rubros en los -que los riesgos, no obstante ser altos, son mucho más medibles. A pesar de -ello, tan sólo en lo que se refiere a robo de coches, en 1997 el sector -asegurador desembolsó más de $1,350 millones de pesos. Para 1998 se estima que -esta cifra se incremente 33%.

- En el mundo de la empresa, los costos son cada -vez mayores tanto para asegurar sus mercancías como para proteger a sus -empleados. Además de pagar protección para sus principales directivos, las -multinacionales se están acostumbrando a devengar un hardship bond para -los ejecutivos importados del extranjero, una compensación monetaria variable -que se otorga además del salario que trata de compensar la inseguridad de vivir -en México. Ya se ha dado el caso de que filiales de empresas estadounidenses -soliciten la ayuda de ejecutivos a la matriz y estos se nieguen tajantemente a -poner un pie en suelo mexicano por la inseguridad que temen padecer.

- - VIVIR CON PELIGRO
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La vida para el particular se ha tornado -también mucho más difícil y costosa. La inseguridad ha agregado una multitud -de gastos fijos extra a la ya de por sí mermada capacidad de compra del -mexicano. Además de un seguro para el automóvil cuya prima es mínimo 20 o 30% -mayor con respecto a la devengada en los países europeos, el ciudadano habrá -tenido también que acostumbrarse a pagar una multitud de facturas que ya no son -superfluas. Estas van desde el pago de una pensión para el coche ($300 pesos -mensuales) hasta la contratación de un teléfono celular ($240 pesos mensuales) -para no perder el contacto con los familiares. En el ámbito del hogar, muchos -habrán instalado sistemas de alarma (mínimo $400 pesos) e incluso, los más -pudientes habrán contratado servicios de vigilancia (mínimo $4,000 pesos -mensuales por cada guardián). Los ciudadanos construyen sus barricadas con -cerraduras reforzadas, alambradas y bardas para disuadir a la delincuencia.

- Y lo más importante: la calidad de vida ha -quedado muchas veces reducida a un espejismo por los efectos del miedo. ¿Qué -precio se le puede poner a salir intranquilo a la calle? ¿A no poder abordar un -taxi para desplazarse? ¿A la angustia de no saber si se saldrá indemne de un -asalto? “Ese costo es incalculable”, se queja Ortega.

- ¿Cómo se podría revertir la tendencia? En -muchas de las causas previamente enumeradas se encuentran muchas de las -soluciones. Una depuración, profesionalización y dignificación de los cuerpos -policíacos y judiciales, un aumento significativo del presupuesto en seguridad -y una mejor aplicación de las legislaciones vigentes se antojan medidas -urgentes de aplicar. Las autoridades, tanto federales como locales, dicen estar -avanzando en todos esos rubros. Eso al menos fue dicho a Expansión por -los responsables en el Distrito Federal, en contraste con la Secretaría de -Gobernación, la cual se negó a colaborar en la elaboración de este reportaje.

- Pero lo que más irrita a empresarios y -particulares es que las autoridades traten de hacer creer, mediante discursos -oficiales, que la evolución del crimen se está controlando e incluso -reduciendo. “Si reconocieran la gravedad del problema nadie les recriminaría. -Tergiversan la realidad por conservar una imagen política”, comenta un -directivo bancario que pidió no ser identificado. “Falta mayor decisión -política. El costo interno a pagar para depurar va a ser altísimo. Mientras -las autoridades no se decidan a pagarlo, esto irá a peor”, se lamenta Ortega.

- “Este país cambiará cuando tengamos jefes -de seguridad pública que no le deban el puesto al político que ganó las -elecciones”, dice Mendoza, quien piensa que con verdadera voluntad el problema -podría al menos detenerse en un plazo de cinco años.

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- El 29 de noviembre de 1997 y el 28 de marzo de -1998, México Unido contra la Delincuencia convocó a dos marchas para protestar -por el cariz que está tomando la situación. La primera fue respaldada por más -de 100,000 personas que protestaron en el Distrito Federal. La segunda se -resolvió con mucha menor asistencia.

- Lo cierto es que, reconocido por sus propios -representantes, la sociedad civil no está respondiendo con la fuerza que se -esperaría ante el aumento de la delincuencia para forzar a las autoridades a -tomar cartas más drásticas en el asunto. Y aquí volvemos al punto de partida: -a pesar de que la inseguridad es el agrio tema de referencia entre los -ciudadanos en todas sus reuniones y pláticas, de cara a la reivindicación -pública sigue imperando el condenable pasmo. Y eso equivale a dar carta blanca -a la creciente expansión del imperio de la violencia.

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