Instituto Cabañas. Todo por los niños

Los aportes de algunas empresas y particulares, así como el subsidio del gobierno estatal, no basta
Guadalupe Rico Tavera

Si llevar una familia de cuatro o cinco miembros es en estos días una labor casi imposible, manejar un hogar de 368 niños es una tarea de titanes. Nada más hay que imaginar lo que implica resolver las necesidades de comida, ropa, educación y cuidados especiales de tantos pequeños. Ello, sin considerar la operación de una casa de gran magnitud en donde siempre hay gastos fijos que cubrir e imprevistos por solventar. Esta monumental obra, en la que se hacen muchos malabares para aprovechar al máximo hasta el último centavo, la realiza el Instituto Cabañas.

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Fundada en 1810 por el obispo Juan Ruiz de Cabañas, la entonces Casa de la Misericordia nació para albergar a niños expósitos y huérfanos, a ancianos y a personas de pocos recursos que estaban en tránsito por la ciudad de Guadalajara. A partir de entonces, el después llamado Hospicio Cabañas y desde 1962 Instituto Cabañas, ha conocido en su casi bicentenaria vida lo mismo épocas de gloria que de vacas flacas.

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La actual no es precisamente una etapa de bonanza. En 1980, cuando el gobierno de Jalisco decidió convertir el Cabañas en un espacio cultural, trasladando a sus internos (ya para entonces exclusivamente niños) a nuevas instalaciones, la institución empezó a quedar un tanto en el olvido.

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Es cierto, reconoce la directora del Instituto, Laura Zerón Medina, que, con el cambio, los infantes salieron ganando con unas instalaciones mucho "más funcionales y agradables" que las del viejo hospicio. Pero también es cierto, añade la presidenta del patronato, Eloísa Moreno López, que dejaron de estar a la vista de muchos distinguidos visitantes que, tras admirar la maravilla arquitectónica y pictórica del Cabañas (recuérdese el conjunto mural que en su Capilla Mayor plasmó José Clemente Orozco), hacían jugosos donativos.

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Lo importante es que, con todo y sus grandes carencias económicas -que en 1994 se tradujeron en un déficit de N$1 millón de nuevos pesos- este organismo descentralizado del gobierno estatal "ha progresado mucho, tratando de darles a los niños una mejor calidad de vida y de crearles expectativas diferentes", valora su directora.

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Una gran familia. Cuando se llega por primera vez al Instituto, se espera ver niños de caras largas, vivo retrato de la tristeza y de la marginación social. Lo sorprendente es que, aunque la mayoría tiene motivos de sobra para sentirse así, lo que se encuentra son caritas sonrientes, fiel reflejo de que allí han encontrado lo que afuera jamás hubieran tenido.

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Zerón explica que 40% de los niños que llegan a este albergue son enviados por la Procuraduría de Justicia, ya sea porque fueron víctimas del abandono, de maltrato o porque un miembro de una familia sufrió una situación de este tipo y se quiere proteger a todos sus hermanos por igual. El 60% restante llega por solicitud voluntaria; es decir, son internos que tienen una familia, pero cuya situación económica es tan precaria que, de plano, no los pueden mantener. En cualquiera de los casos, todos reciben asistencia social, médica y, sobre todo, apoyo psicológico.

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Darles una buena educación es otra de las grandes preocupaciones del Cabañas. Para ello, dentro de sus instalaciones cuenta con un jardín de niños, dos escuelas primarias y un centro integrado de atención múltiple para quienes presentan problemas de aprendizaje, conducta o lenguaje. Y para complementar su formación, llevan otro tipo de actividades, como catecismo, deportes (tienen alberca y cancha de fútbol), clases de baile, así como talleres de computación y de literatura.

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En pocas palabras, en la medida de sus posibilidades, el organismo trata que los niños reciban lo necesario para su cabal desarrollo. De cualquier forma, Zerón insiste en que a los internos no se les fomenta una idea comodina de que todo lo tienen que recibir de los demás, sino que se les están dando las herramientas para enfrentar el mundo externo, algo que tarde o temprano debe llegar.

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La estancia de los varones se da hasta que finalizan la educación primaria, tras lo cual pasan a la Ciudad de los Niños, si es que carecen de familia. En cambio, las mujeres permanecen allí hasta estar “preparadas para reintegrarse a su familia o, si no la tienen, hasta que están listas para ser independientes y vivir fuera”. La preparación a la que se refiere Zerón significa que las jovencitas tienen la oportunidad de continuar con sus estudios (la secundaria o una carrera técnica), mientras que se les va entrenando para ser autosuficientes conviviendo en pequeños agrupamientos (de 14 chicas) donde llevan una organización semejante a la de una familia, con todos sus roles y obligaciones.

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El dinero: he ahí el detalle. Creado en 1962 con ocho miembros, y luego ampliado a 16, el patronato es el órgano supremo del Instituto. Sus funciones, en palabras de su presidenta, son: ”Vigilar que los recursos vayan directamente a los niños, observar el buen funcionamiento de la organización, así como estar pensando cómo se puede mejorar la vida de la institución".

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Sin embargo, con el subsidio que el gobierno de Jalisco les otorga (N$1.2 millones de nuevos pesos en 1994), que apenas alcanza para cubrir la nómina (115 empleados) y la alimentación de los niños, poco es lo que se puede mejorar y mucho es lo que se va quedando en la lista de pendientes. "Lo ideal -expresa Moreno- sería que el gobierno asignara un porcentaje del presupuesto que necesita la institución, y no tanto una cantidad, porque es ahí donde se origina el déficit."

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Ante tanta necesidad, el patronato ha emprendido diversas acciones para allegarse de fondos. Primero se empezó organizando eventos, mas al ser "curitas para el problema", se optó por llevar a cabo una rifa, que también implicó meses de intenso trabajo y escasos resultados. De ahí que se haya implantado el Sorteo Cabañas, con el que en 1994 se recaudaron poco más de N$1 millón de nuevos pesos. Se tienen puestas muchas esperanzas en esta forma de allegarse recursos ya que, como afirma Moreno, captar donativos es una tarea muy desgastante, puesto que la gente empieza con mucho entusiasmo a hacer sus aportaciones, pero poco a poco se va olvidando".

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Pero hay donantes que sí responden al llamado, aunque unos sean más constantes que otros. Entre la lista de empresas que hacen algún tipo de aportación se encuentran Operadora de Lácteos de Aguascalientes (firma que aporta N$19,000 nuevos pesos mensuales de leche), Kellogg´s, Kimberly Clark, Caritas, Nestlé, IBM (quien donó 20 computadoras), así como Ferretería Calzada y Farmacias Guadalajara (comercios que hacen descuentos). Tampoco se puede dejar de mencionar a un grupo de constructores locales que realizó la primera "manita de gato" que recibió el Instituto y que significó una inversión de N$1 millón de nuevos pesos.

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Otra forma de dar es la de los voluntarios. Se ha conformado un equipo de 80 personas muy entregadas a sus tareas y que, por lo menos, se comprometen a dar un año de trabajo para que así haya una continuidad en los programas.

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Sin embargo, si se hace un balance de todo lo que ha hecho esta institución por miles y miles de niños en sus 185 años de existencia, es mucho todavía lo que se le debe.

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