Inteligencia corporativa

Un cliente nunca pide que se reclute a un ejecutivo, específicamente, para efectuar robo o espionaj
John Smith

De vez en cuando estalla el escándalo por algún alto empleado acusado de cometer espionaje industrial. Es un crimen que se castiga con una merecida sentencia en la cárcel: el hecho de trabajar en cierta compañía no le permite a un directivo robar información y entregarla por debajo de la mesa a un competidor.

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Pero un momento: ¿explíqueme entonces qué quiere decir un cliente cuando especifica que el reclutado debe ser "conocedor experimentado y experto en su misma industria"? ¿No implica la intención de realizar esta actividad? ¿De verdad piensa el que contrata sus servicios que el nuevo ejecutivo no va a compartir con él mucha sino toda su experiencia ganada en puestos anteriores? ¿Qué dice el candidato? ¿Supone de verdad que obtendrá ese puesto si profesa un voto de silencio acerca de su pasado profesional?

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Imagine la escena: "Pérez, gustosamente platicaré con usted de política, de mujeres, de la guerra y la paz, del estado del tiempo o de la era espacial, pero no de lo que aprendió de la industria en su puesto anterior." ¿Es posible? ¡Nunca! Simplemente la respuesta es no.

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Lo que sí haría Pérez, de seguro, es tratar de emplear los conocimientos adquiridos para demostrar a su director lo bien que hizo en contratarlo y que sí vale su peso en oro. ¿Significa entonces que el empleado es un espía industrial? Difícilmente. Sin embargo, la raya entre lo legal e ilegal puede ser extremadamente delgada. Si éste ofrece a su nuevo jefe copias de los planes para los siguientes cinco años pertenecientes a su empleo anterior, entonces cualquier abogado podría probar que se trata de un delito.

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Ahora bien, si Pérez –simplemente– guarda las copias en su casa no enseñándolas a nadie y, de vez en cuando, extrae algún detalle para recordarlo "espontáneamente y de memoria" en la junta semanal con su flamante patrón ¿qué pasaría entonces? Nada, la verdad, aunque eso sí lo haría lucir.

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Todos estamos metidos en la inteligencia corporativa de un modo u otro: la compañía que pide el reclutamiento, el cazatalentos que busca al ejecutivo ideal y el directivo incorporado quien, siendo conocedor de la industria, intenta mejorar su trayectoria profesional.

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Ningún cliente quiere captar una nulidad. Nadie se va a presentar como tal. Por otro lado, ¿qué tipo de headhunter trataría de colocar a un inepto? Es inevitable que el espionaje corporativo –directo o indirecto, intencional o no intencional, abierto o no abierto– sea un factor intrínseco que impulse el cambio de personal de alto nivel de una compañía a otra; a veces, mediante los buenos oficios de un reclutador profesional.

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–El autor es presidente de Smith Search, firma de cazatalentos.

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